Cuando hablamos de VIH y drogas, generalmente la mirada va dirigida a usuarios de drogas intravenosas o inyectables como la heroína, las anfetaminas y meta-anfetaminas, pues una de las formas más conocidas de adquirir la infección por VIH es el uso compartido de jeringas o inyectadoras.

Sin embargo, el campo de las drogas y su relación con el VIH es mucho más amplio. De hecho, cuando hablamos de drogas y VIH, no sólo debemos hablar de aquellas intravenosas, sino abordar también el uso de otras sustancias ilegales, y sobre todo, tenemos que tener en cuenta al alcohol, sin importar si su consumo esté permitido por la mayoría de los gobiernos del mundo.

El abuso del alcohol y el uso de drogas está estrechamente vinculado a prácticas sexuales sin protección, que exponen a las personas a la infección por VIH e ITS; las personas bajo los efectos de estas sustancias tienden a ser más despreocupadas a la hora de iniciar una relación sexual y se produce una disminución en el uso de preservativo, según señalan algunos estudios.

Es preciso señalar que el abuso de estas sustancias también puede interferir con la adherencia a la terapia antirretroviral en las personas que viven con VIH.

En este contexto, las políticas públicas en drogas debieran tener como pilar la reducción de daños. Algunos países de Europa proveen de forma gratuita equipos estériles a los usuarios de drogas inyectables a través de sus centros de salud para reducir los casos de infección por VIH y Hepatitis; más cerca, en Uruguay, se ha  legalizado el consumo y la venta de marihuana con una serie de políticas orientadas al fomento del consumo responsable. Sin embargo, aún son pocos los países que han dejado a un lado el desconocimiento y las “moralidades” en torno a este tema.

Pero en general existe un gran desconocimiento sobre las drogas en la sociedad, y las leyes y normas criminalizan la comercialización de las drogas y hasta su uso, hasta el punto de estigmatizar su consumo y a su consumidor, catalogándolo como “delincuente” o “desadaptado social”; situación sumamente dañina para la respuesta al Sida, que expulsa a las poblaciones por fuera del sistema y de los servicios de salud, sin dejar de que estas políticas de represión contribuyen al incremento del narcotráfico y, con él, la corrupción dentro de los gobiernos.

Como ha sido mencionado por Graciela Touzé, Directora Ejecutiva de Intercambios, Argentina, y recogido por Corresponsales Clave, “El paradigma prohibicionista sostiene un triángulo poco real cuyos vértices son la abstinencia como ideal normativo, la desintoxicación y la erradicación de las drogas del mundo como horizonte político. El último punto es especialmente irrisorio por el poder político y económico ejercido por el narcotráfico. La guerra contra las drogas que damos por fallida suma consecuencias para el conjunto de la sociedad. Un cambio de paradigma se hace inminente, presentando así la necesidad de dejar de hablar de “guerra contra las drogas” para pasar a un “vivir con las drogas”.

Frente a esto, desde las organizaciones con trabajo en Sida se han iniciado varias campañas para eliminar el estigma y la discriminación hacia los usuarios de drogas, buscando influenciar en la percepción que se tiene de las personas usuarias de drogas.

¿Consumo responsable como prevención?

Considero que los riesgos de infección por VIH, asociados al consumo de drogas –incluyendo el alcohol- podrían ser reducidos si empezáramos a hablar sobre consumo responsable.

Los gobiernos, profesores, los medios de comunicación y nuestros padres nos enseñan que las drogas son dañinas; pero, curiosamente, al ver la realidad, el consumo de drogas es eminente en escuelas, en nuestras familias y en toda la sociedad. Y son los adolescentes y jóvenes los que están en mayor de riesgo de abusar de esas sustancias debido a su inexperiencia, y porque no reciben información o asesoría sobre el consumo moderado y responsable de alcohol y otras drogas. Con este abuso se exponen a infecciones de transmisión sexual, a embarazos no deseados, además de daños a su salud.

Que a los adolescentes y jóvenes se nos siga diciendo que no debemos consumir drogas, sin mayores acciones al respecto, es querer nadar contra corriente, y en ello se malgasta tiempo, esfuerzos y recursos.

Es momento de diferenciar el consumo excesivo del consumo responsable, y en ambos casos, pensar en políticas basadas en derechos humanos y alineadas a la reducción de daños. Mientras el consumo excesivo repercute negativamente en el usuario y en su contexto, el consumo responsable fomenta la reducción de daños, y eso se traduce en prevención primaria y secundaria del VIH.

No fomentar el consumo responsable, es condenar a esas personas a daños futuros asociados al consumo excesivo.

Políticas de Drogas, un tema pendiente en la respuesta al VIH

A pesar de toda la evidencia que existe respecto del fracaso de las políticas que buscan enfrentar las drogas que tienen actualmente la mayoría de los países de América Latina, que han causado la muerte de miles de personas, se continúa insistiendo en la prohibición y la criminalización.

En cuanto a la respuesta al VIH, la mayoría de los actores involucrados no abordan sustancialmente las políticas de drogas y no se discute a profundidad, el daño que estas hacen a la respuesta.

Aún está pendiente la discusión profunda y basada en evidencias de cómo alinear las políticas de drogas a la respuesta al VIH y orientarla a la protección de los derechos humanos.

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