Sabemos que el reciente Foro Latinoamericano y del Caribe sobre el continuo de la atención en VIH trajo consigo estrategias para mejorar los servicios de salud para “todas” las personas que viven con VIH, sin embargo, puede que las necesidades específicas de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes quedaran desmoronadas y dispersas a lo largo de los tres días de intenso trabajo.

Es sabido que alrededor de la mitad de los nuevos casos por VIH suceden en adolescentes y jóvenes y recientemente la OMS emitió un informe que señala al Sida como la segunda causa de muerte en adolescentes, estas cifras por si solas reflejan la necesidad de abordar a la población joven para alcanzar las metas propuestas al 2020.

De las aproximadas 140 personas que estuvieron presentes en el Foro, sólo tres éramos jóvenes de la sociedad civil. Personalmente sentía el gran peso de llevar la voz de los jóvenes en un evento donde la mayoría de los presentes se conocían, pues tienen muchos años en los procesos que giran en torno a la respuesta del VIH, y para las nuevas generaciones entrar en esa dinámica es todo un reto. Pero no por eso debemos ser subestimados ni tampoco creernos especiales, los espacios se ganan, se conquistan y eso lo tenemos muy claro.

Pero no basta con el deber, es por ello que traté en lo posible de visibilizar los temas relacionados a juventud durante las sesiones, reuniones de la sociedad civil y negociaciones, entre ellos: la importancia de retomar los acuerdos olvidados de la Declaración Ministerial: Prevenir con Educación, la necesidad de remover las barreras legislativas para el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos en los jóvenes, la atención de los servicios en salud sexual y reproductiva diferenciados de acuerdo a cada población y el imprescindible enfoque multisectorial e interinstitucional.

Barreras legislativas para el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos

Aún en la región existen leyes y políticas públicas que limitan el acceso a servicios de salud, como por ejemplo, que los adolescentes requieran de la presencia de un adulto para realizarse la prueba de VIH, lo cual frena el acceso a un diagnóstico oportuno y temprano, a pesar de que muchos adolescentes inician su actividad a los 12 o 14 años y no tienen un adulto al lado cuando sucede.

La Declaración Ministerial: Prevenir con Educación

Que busca romper los imaginarios en torno al VIH/Sida a través de la educación, lo cual se traduciría a la disminución del estigma y la discriminación, que a su vez, facilitaría que el adolescente y joven se anime a hacer uso de los servicios de salud.

La declaración plantea estrategias educativas a través de los medios de comunicación, del mismo modo, la actualización de los planes de estudios en todos los niveles, pues son los mismos profesores quienes ofrecen en las aulas de clases información desactualizada y estigmatizante, no sólo sobre VIH, también sobre sexualidad y diversidad sexual, reforzando los prejuicios en las futuras generaciones.

Retención en  los Servicios de Salud

La gente joven es la que más se pierde del control médico. Deben ser evaluadas nuevas estrategias de seguimiento a esas personas, con hincapié al seguimiento durante la etapa inicial del tratamiento. Asegurar la retención de jóvenes en los servicios de salud, es asegurar que las personas con VIH logren una carga viral indetectable. Los grupos de autoayuda y los consultorios amigables constituyen buenas prácticas que responden a este tema en particular.

Transmisión Vertical

Una de las submetas de la cascada, discutida a lo largo del Foro, plantea la erradicación de la transmisión vertical. En torno a esto algunos gobiernos de la región han optado por la obligatoriedad de la prueba diagnóstico de VIH a todas las mujeres embarazadas que acudan a una consulta prenatal pública o privada; sin embargo, algunas personas que viven con VIH de la región en su discurso, señalaron la violación de la “voluntariedad de la prueba” y la colisión de esto con la libertad de las mujeres. Probablemente se requiere mayor discusión respecto de como lograr la universalización del acceso a la prueba de VIH en mujeres embarazadas sin llegar a la coerción y la obligatoriedad, a través de una consejería que muestre a las mujeres las ventajas para ellas y sus hijos de conocer si viven o no con VIH, informándola de los resultados y manteniendo la confidencialidad de los mismos en todo momento.

¿Y qué hay de esas otras poblaciones?

Existen otras poblaciones de las cuales se ha discutido poco, sea porque se conoce poco de sus dinámicas o porque la epidemia aún ha sido difícil abordarlas.

La mayoría de leyes en nuestros países le otorgan a las comunidades indígenas cierta independencia del estado hasta al punto de concederles autonomía a fin de preservar su valor ancestral. Pero frente a prácticas que violan los derechos más fundamentales de las personas que viven con VIH y de las mujeres en general cabe preguntarse ¿Hasta cuándo el valor ancestral será considerado por encima de los derechos sexuales y reproductivos? Sabemos que las niñas, adolescentes y jóvenes son las más afectadas.

Si nos referimos específicamente a la prevención y control de VIH, podemos señalar que  son escasos los controles epidemiológicos en las tribus, así como la disponibilidad de servicios en salud sexual y reproductiva y testeo,  aun cuando  muchas zonas indígenas están cercanas a lugares turísticos y asentamientos urbanos.

Por otro lado, muy poca información se maneja respecto de la dinámica de la transmisión en las personas privadas de libertad, si estas personas tienen acceso a métodos de protección de ITS o si reciben adecuada atención en VIH. Un dato que compartían hace algunas semanas algunos especialistas en Perú, señala que alrededor de los 40% de los casos de VIH en la cárcel más poblada del país, seroconvirtieron en prisión. Y en toda esta discusión, los centros de detención específicos para menores de edad parecen desaparecer.

En cuanto a los consumidores de drogas, la mirada se dirige a los usuarios de drogas inyectables y se pierde de vista el impacto del consumo de otras drogas, como el alcohol y otras sustancias psicotrópicas que pueden llevar a que los jóvenes con VIH no logren la supresión viral. Las políticas de drogas –lo he propuesto en otras oportunidades– deben orientarse a educar en el consumo responsable y la reducción de daños.

Los jóvenes en zonas de difícil acceso, donde el transporte y la centralización de servicios constituyen una enorme barrera y los jóvenes en situación de calle, quienes son apartados de los centros de salud y demás servicios, también deben entrar en el foco de la respuesta al VIH, para lograr detener y revertir el impacto de la epidemia.

Si bien los temas de juventud, adolescencia e infancia no se tocaron directamente en el documento final del foro, se rescatan algunas acciones que se plantean a nivel general y que a manera de rompecabezas, en partes, pedazo a pedazo, pueden ayudar a construir la respuesta que requieren los jóvenes.

La nueva generación de jóvenes cada vez más nos adentramos a las agendas nacionales e internacionales, procurando la atención a nuestras demandas, a nuestra realidad particular.

¡Es nuestro momento!

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