Leo frases hermosas sobre Fabián Salguero de muchas personas muy importantes que trabajan día a día en la respuesta del VIH-sida en Argentina.

Carlos Falistocco, Director de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación, escribe: “Mis más sinceras condolencias a familiares, amigos y compañeros de lucha de una de las personas con mayor compromiso social que he conocido y a quien he admirado por sus enseñanzas sobre lo que debe ser la militancia desde el respeto y su increíble lucha por los derechos y la vida de sus pares.”

La lucha, el respeto, el compromiso social; palabras que parecen, a veces, salidas de otro mundo cuando nos enfrentamos, los que vivimos con VIH, a la mirada de los otros. “Los que luchan por la vida no pueden llamarse muertos”, se lee en una nota de la Red Argentina de personas con VIH de Mar del Plata.

El ex Coordinador en ONUSIDA en Argentina, Paraguay, Chile y Uruguay, Rubén Mayorga Sagastume,  expresa su pesar y recuerda que “Fabián lograba además (…) hacer pasar sus mensajes dentro del buen humor y el respeto.  Le llegué a tener mucho respeto y lo consideré mi amigo”.

Leo muchas anotaciones  sobre la muerte de Fabián; eso no me basta. Yo, por mi parte, no lo conocía. Miro su muro en el Facebook para conocerlo más y veo una cruel realidad del VIH, su problemática social.

Fabián Salguero escribió hacia fines de abril de este año: “Lloro, lloro y no paro. Sé cómo termina esto (…)”. Veo que días antes estuvo en la basílica de Luján y me lo imagino pidiéndole a la virgencita por comida y  trabajo.  Pienso en los miles que estarán viviendo con VIH y que no tienen un trabajo ni comida y mi angustia e impotencia crece a medida que voy viendo ese muro.

Fabián tenía subida sólo algunas fotos. Fotos de su hija, una nenita de unos dos o tres años. La última residencia que dice que tuvo fue San Antonio de Areco.  Estábamos tan cerca y, sin embargo, tan distantes, teníamos realidades tan diferentes.

A inicios de mayo él ponía en su muro de Facebook una petición al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, por un nuevo atraso en el Programa Alimentario para Inmunodeprimidos. Parece que no obtuvo nunca una respuesta. Esto me deja sin palabras. Pienso ¿Cuántos más tendrán que morir? ¿Cuántos más tienen que estar sin comida, sin trabajo, sin dignidad?

Y ahí reflexiono que el VIH no es sólo una enfermedad, es una problemática social; que hasta que los gobernadores no lean los pedidos que le hacen las personas,  hasta que no haya una última persona con casa, con comida, con trabajo, con dignidad, que hasta que los médicos no sean humanos con sus pacientes y se interesen por sus realidades, el VIH va a seguir siendo una causa por la que luchar.

La difícil situación que vivió en sus últimos meses nos recuerda las brechas que aún faltan cerrar, por las que debemos trabajar.

Pero también vale mucho la pena celebrar su vida, su trabajo incansable, su buen humor y su hospitalidad. Insisto, no lo conocía, pero siento, por todo lo que leí de él, que estábamos en la misma: en tratar de enseñar a los otros a vivir de una manera más humana y hacer funcionar las instituciones del Estado más humanamente.

La huella que Fabián Salguero dejó como activista debe ser multiplicada para dar una mejor respuesta al VIH.

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