Por Mar Lucas Gómez.

Ha sido una semana intensa, con un inseparable halo de tristeza debido a las constantes muestras de dolor y rabia por la muerte de tantas personas en el vuelo de Malaysian Airlines derribado en Ucrania. La fotografía y el recuerdo caluroso de Joep Lange en las presentaciones de muchos panelistas, amigos suyos desde hace más de 30 años, ha despertado en plenarias y sesiones aplausos y muchas lágrimas. Nos recordaba, cada vez, hasta dónde puede llegar el odio, la intolerancia y la estupidez humana.

Y es la intolerancia y el odio lo que nos mantiene siempre alejados de cualquiera de las metas más o menos ambiciosas, más o menos atractivas, que nos proponen los organismos internacionales. Desde el 0-0-0 l 90-90-90; de la “HIV free generation” en Washington  al “no one left behind” en Melbourne; y sin embargo, como incansablemente ha sido dicho por los representantes de la comunidad que utilizaron los micrófonos, en estos dos años el mundo ha seguido retrocediendo en la lucha contra la epidemia de VIH, gracias a otras dos epidemias generalizadas.

La primera  es la “epidemia de malas leyes”, como las sancionadas en el último año por Uganda o Rusia, y en el resto de los 46 países que sostienen leyes de entrada o estadía restrictiva para personas con VIH, los 116 países que penalizan el trabajo sexual, los 78 países que persiguen y castigan las relaciones entre personas del mismo sexo, los 61 países que criminalizan la exposición o transmisión de VIH. La cuenta podría continuar respecto a muchas otras situaciones donde la ley favorece la violación de derechos humanos reconocidos internacionalmente, pero negados localmente: esterilización forzada de mujeres con VIH, violaciones “reparatorias” a lesbianas, matrimonios forzados a lesbianas y niñas, negación de la identidad de género elegida, etc.

La segunda epidemia invisibilizada es la “epidemia del odio”. Se ha hablado mucho, a partir del Gap Report de ONUSIDA,  respecto a las poblaciones clave: hombres que tienen sexo con hombres, personas trans, usuarios de drogas, trabajadores y trabajadoras sexuales, migrantes, desplazados,  niños, niñas, adolescentes, personas con VIH, mujeres, personas privadas de la libertad, embarazadas, personas con discapacidades.  Sin embargo, no hay  posibilidad de alcanzar ninguna de las metas propuestas si no se acaba con el odio hacia las diversas poblaciones y las acciones de violencia de las que son objeto. Tampoco se avanzará en detener el VIH si no se involucra activamente a todas estas poblaciones en todas las etapas del proceso de diseño, ejecución, evaluación y publicación de los programas. Con una mirada integradora, un activista tomó el micrófono en una sesión diciendo: “Levante la mano quien sienta que pertenece a alguna de estas poblaciones clave”. Un bosque de manos alzadas apareció como una asombrosa mayoría, nacida de todas esas supuestas minorías.

La conferencia ha tenido, con más o menos acierto, más o menos profundidad, sesiones para hablar de cada una de estas poblaciones. Yo sigo echando de menos la agenda común que atraviez a todas ellas: se trata de efectivizar la agenda de derechos humanos que todos conocemos. El desafío está en encararla juntos. Claramente, la vulnerabilidad al VIH es uno de los ejes transversales ya que, como también escuché en estos días, “el VIH es un virus que ofrece igualdad de oportunidades”, aunque ciertamente algunas poblaciones tienen oportunidades más generosas y frecuentes que otras para encontrarse con él.

Ninguna meta va a lograrse si no están las poblaciones clave involucradas. Lo escuchamos, lo decimos, acordamos, puede ser que hasta lo intentemos. Pero parece más un mantra para calmarnos que una política de hecho. Sino, ¿por qué es tan difícil encontrar a esas poblaciones clave hablando por si mismas en muchas presentaciones de la conferencia? Se sigue hablando en su nombre y, a esta altura del partido, los mecanismos de representatividad de las poblaciones clave parecen tan misteriosos como los reservorios donde se empeña en esconderse el virus.

Mar Lucas es Directora de Programas de la Fundación Huésped.

Fotos: Galería www.Aids2014.org

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