Uno no se da cuenta de la potencia vital que tiene decir “soy una persona que vive con VIH” hasta que lo nombra. Esa pequeña frase revoluciona los lazos sociales.

Hace tres meses aproximadamente expresé en Facebook mi condición serológica, mostrando una foto del nuevo esquema antirretroviral. Alrededor de doscientas personas comentaron la publicación, algunos casi melodramáticamente dándome la despedida final. No los juzgo, desinformación hay en todos lados.

El poder de las redes sociales hace que la realidad se vuelva más dura en el momento de relacionarnos. Decir algo en una red social puede traer consecuencias en la realidad que uno ni siquiera esperaba.

El problema surge en el ámbito laboral: nadie te dice nada, tienen miedo de darte la mano, de decir “sé que tenés VIH” y proponerte una charla libre de prejuicios.  En cambio, empiezan los comentarios del tenor de “por qué en tal colegio había un chico con tuberculosis y nadie hizo nada” y ahí lanzo mi respuesta sólida: “es muy fácil, debían llamar a un médico y hacer una charla sobre profilaxis”. Quizás deslizando lo que me pasa a mí en otros, igual que lo hacen ellos; usando la tercera persona y la referencia a otro espacio intentando que la conversación sea impersonal.

La situación se vuelve tensa: ante el “fantasma del sida” (ya que hay personas que no diferencian VIH de sida) la idea que prima es “apartar la manzana podrida”.  Un directivo de un colegio incluso llegó a decirme que era “una mala persona” sin razón alguna, aunque creo que hay motivos de desinformación, estigma y discriminación detrás de eso.

Entonces, aparecen ciertas personas (sobre todo, de los sindicatos docentes de Argentina) que te sugieren pedir la pensión por discapacidad y no se dan cuenta de que no hay nada más humano que convivir con alguien que vive con VIH, y que no hay nada más digno para una persona que vive con VIH que salir todos los días de su casa a trabajar.

En particular, creo que la pensión por discapacidad es una herramienta económica para aquellos que, por razones sociales y económicas, no pueden sostenerse o trabajan en empleos mal pagos. Pero esta política social invisibiliza el problema de fondo que es: una persona que vive con VIH sobre todo VIVE, es decir, quiere realizarse como persona -un derecho fundamental-, quiere soñar, realizar proyectos, disfrutar, reír, llorar, comer, viajar; hacer todo lo que hace una persona independientemente de su estado serológico. Por algo se dice “persona que vive con VIH”, y se anteponen dos palabras fundamentales al virus: persona y vida.

La pensión no contributiva para personas con VIH es, actualmente, de 1900 pesos argentinos (cerca de 230 dólares), que si bien puede ayudar a solventar algunas necesidades básicas, nadie puede vivir solo con ese ingreso. Además, para tener la pensión, uno no puede tener trabajo registrado,  lo que puede acarrear que muchas personas no quieran trabajar registrados para no perder la pensión, generando que la persona que vive con VIH trabaje en puestos sin buenas condiciones de trabajo o subempleados.

Si alguien decide hacer el trámite de la pensión no contributiva, este puede tardar alrededor de ocho o nueve meses como mínimo, lo que hace que las personas que necesiten el dinero de manera urgente para subsistir tengan que esperar ese lapso para poder cobrar su pensión.

Si bien la pensión es una opción, debe fortalecerse la lucha para que todas las personas que viven con VIH cuenten con las mismas posibilidades de inserción laboral que el resto de los ciudadanos, evitando de esta forma la dependencia de la pensión.

En este sentido, muchas cosas se han hecho desde varias organizaciones sociales y a partir de algunos organismos estatales de la República Argentina. Sin embargo, también es necesario que las autoridades y tomadores de decisiones en los establecimientos públicos y privados estén informados sobre el VIH, el tratamiento y los derechos de las personas que viven con el virus, librándolas de estigmas y prejuicios, para que así tengan una mirada más humana sobre las personas que viven con VIH-sida.

De esta manera, lograremos entre todos vaciar de contenido el estigma, la discriminación y el aislamiento social al cual algunas personas pretenden llevar a las personas que viven con VIH y llenar de sentido el valor por la vida, por el trabajo, por la dignidad de todo ser humano.

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