En el Hospital Infantil Manuel de Jesús Rivera, más conocido como “La Mascota”, ubicado en la capital de Nicaragua, atienden alrededor de 100 niños y niñas con VIH, cuya mayoría han quedado en la orfandad según datos proporcionados por el mismo centro hospitalario, una situación que el Estado se niega a aceptar.

“Alrededor del 70% de los pacientes ya han perdido a uno o a dos de sus padres. En algunos casos, otro familiar se hace cargo y los traen a consulta, pero por miedo a que los asocien con la enfermedad, y que los rechacen en su comunidad, algunos no vienen”, dijo Indira Flores, responsable de trabajo social de “La Mascota”, en entrevista a Corresponsales Clave.

La tutela de los menores cuando sus padres fallecen es el principal problema para las familias de estos niños y niñas, ya que en muchas ocasiones no quiere ser asumida debido el estigma que representa el VIH.

“Muchas veces quienes asumen la tutela del menor son abuelitos (…), o son tías o hermanos mayores que tienen su propia vida”, explicó Flores. “La mayoría de los casos se caracterizan por ser familias pobres, que no tienen un ingreso fijo… entonces cuando hay que asumir la tutela de otro niño la economía familiar se ve afectada”, agregó la experta.

“La Mascota” fue el primer hospital en Nicaragua que atendió a la niñez con VIH. Los médicos de este centro proporcionan a los pacientes atención integral, logrando que sean examinados en cada una de las especialidades que ofrecen, como cardiología, nutrición, psicología y trabajo social.

“Hacemos un trabajo en conjunto, analizamos la situación familiar, porque para que haya una buena adherencia al tratamiento se requiere que la familia sea lo más funcional posible”, relató la trabajadora social. De acuerdo a su experiencia, los niños que no tienen una alta adherencia mueren de manera prematura, y esto es responsabilidad de los familiares o adultos que han asumido su tutela. Para una buena adherencia se requiere asistir a las consultas y realizarse exámenes, lo que deriva en un crecimiento normal “igual que cualquier otro niño que no tenga VIH”, puntualizó Flores.

Aunque el VIH en Nicaragua afecta principalmente a personas entre 20 y 35 años, un importante número de niños y adolescentes viven con el virus de acuerdo al informe “Situación Epidemiológica del VIH y TARV, publicado en 2013 por el gobierno nicaragüense en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

En lo referido al acceso a la terapia en la población infantil, el informe señala que se registra un total de 112 niños y niñas que se encuentran recibiendo terapia antiretroviral (TARV), representando un 5% del total de personas con VIH en tratamiento en el país.

Un tema completamente nuevo

La sociedad civil percibe al Estado, y principalmente al Ministerio de Salud (MINSA), como inexpertos en el abordaje integral del VIH en la niñez y en la adolescencia. Para algunos organismos no se están haciendo los esfuerzos necesarios para la educación, prevención y atención en la niñez. Algunas instituciones del Estado no concebían el VIH como un problema que afectaba a la niñez.

“El VIH es un tema nuevo en el país, no solo para las autoridades sino en las organizaciones especializadas que trabajan el tema; hasta ahorita están agendando el tema del VIH en niños”, sostuvo en una entrevista con Corresponsales Clave Mario Chamorro, miembro de la junta directiva de la Federación Coordinadora Nicaragüense de Organizaciones No Gubernamentales que trabajan con la Niñez y Adolescencia (CODENI).

El funcionario de CODENI consideró que además de ser un tópico reciente en la agenda del país, las instituciones del Estado no realizan la mejor tarea en educación sexual y reproductiva.

“El Ministerio de Educación no brinda información científica adecuada alrededor de los derechos sexuales y reproductivos, no hay un programa del MINSA sobre salud sexual y reproductiva y eso es grave”, añadió el activista.

Otro factor que incide en el tratamiento del VIH en Nicaragua es que a lo largo de los años los gobiernos de turno se han guiado por valores religiosos que inciden en un enfoque equivocado, indicó Chamorro. “Es un tema fundamental y desde el Ministerio de Salud no hemos avanzando mucho”, acotó.

Poco presupuesto

El presupuesto administrado por el MINSA destinado al VIH proviene del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. La organización destina 50,5 millones de dólares al país incluyendo los tratamientos antirretrovirales. Sin embargo, el Estado mantiene una política muy ajena a la problemática y que carece de un presupuesto destinado para ello.

“El Fondo Mundial ya dejó claro que el Estado de Nicaragua debe asumir mayor responsabilidad sobre los recursos destinados a los programas de prevención y acceso de medicamentos”, manifestó Chamorro.

Para las organizaciones de la sociedad civil no es una tarea fácil dar asistencia a niños, niñas y adolescentes cuando no poseen los recursos suficientes. “Demandamos mayor apoyo, el Estado debe asumir que es un tema que nos compete a todos. Deben y debemos crear mayor conciencia y conocimiento de que la niñez no está aislada de este problema, y que debemos tener iniciativas para atenderla”, alertó Mario Chamorro.

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