Con Marcos, mi pareja, llegamos tarde. Más o menos una hora más tarde. Caminando, casi corriendo por las calles céntricas de Moreno, llegamos a una casita con un zaguán. En la puerta un payaso hecho con papel maché y una cinta roja nos invitaban a pasar y divertirnos un rato con esos locos bajitos.

En el zaguán, sillones. En los sillones, madres con bebés que charlaban, comían, se preguntaban entre ellas cuántos meses tenían los nenes, compartían experiencias de maternidad.

Pasando el zaguán, había un salón. En el salón, cinco payasos y Marcela Alsina, representante de la Red Bonaerense de personas que viven con VIH-sida, con silbatos tiraban papel picado, regalaban globos, hacían juegos para divertir a los más grandecitos. Los nenes y las nenas pedían regalos y los payasos le daban caramelos, chizitos, leche chocolatada.

Al fondo, en la cocina, mis amigos y amigas, los jóvenes de la RAJAP tomaban mates junto a Fabio Nuñez, director del área de derechos humanos de la Dirección Nacional de Sida.

En una pequeña casita de Moreno, más de tres generaciones que viven con el VIH, se reunían para hacerle un gran festejo a los más chiquitos, para abrazarlos y para decirles que no están solos, que la lucha por sus derechos la hacemos entre todos.

Después de estar adentro de la casita, mis amigos y amigas de la RAJAP llevaron a los más chiquitos a una plaza para hacer una búsqueda del tesoro: con una cinta que resguardaba al grupo, íbamos todos por las calles de Moreno al canto de “Brasil decime qué se siente/ tener en casa a tu papá”.

Cuando llegamos a la plaza, los nenes y las nenas se pusieron a correr por todo el lugar buscando el tesoro. Iban de acá para allá. Las madres se reían de sus hijos y nosotros, los jóvenes, charlábamos -mate de por medio-, nos poníamos al tanto de nuestras cosas, ya que no nos vemos mucho por nuestras actividades cotidianas.

Después de la búsqueda del tesoro en la plaza, volvimos a esa casita e hicimos un mural con las manos de todos los chicos que estaban en el festejo. Así terminó ese día tan especial. Los nenes se sintieron abrazados, nosotros los jóvenes terminamos muy contentos de haber dado una mano en algo tan lindo como ese festejo, y los más grandes estaban felices de vernos a todos tan contentos.

Esta actividad me deja pensando que otro tipo de relación con el VIH es posible: más humana, más sincera, más fraternal. Y como decía alguien por ahí: los niños y las niñas, siempre, tienen que ser los más privilegiados.

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