Desde hace algunos años las evidencias científicas posicionan al tratamiento antirretroviral como método de reducción de nuevas infecciones por VIH, lo que ha dado origen a la frase: “tratamiento como prevención”.

Para entender mejor el contexto, debemos remitirnos obligatoriamente a diversos estudios clínicos, entre ellos el HPTN 052, que demostró que el suministro de tratamiento antirretroviral (TARV) reduce la transmisión de la infección en parejas heterosexuales y que su inicio temprano aporta un beneficio clínico al paciente. El estudio PARTNER complementa los hallazgos, tomando en consideración a parejas del mismo sexo.

Estos hallazgos dieron origen a secciones orientadas a parejas serodiscordantes dentro de las Guías de TARV de los países del norte y poco a poco han ido introduciéndose en la práctica de algunos países de América Latina, así también se ha sustentado la recomendación de iniciar tratamiento cuando el conteo de CD4 se encuentre por debajo de las 500 células por milímetro cúbico de sangre. Estos dos cambios apoyan las recientes metas 90 – 90 – 90.

El estudio HPTN052 concluye que el tratamiento antirretroviral reduce en un 96% las probabilidades de transmisión del VIH, cifras que inciden en las relaciones interpersonales de las personas que viven con el virus y además visibilizan a nuestros gobiernos la necesidad de garantizar acceso oportuno, sostenido y universal al tratamiento.

Por su parte, el estudio PARTNER, publicado recientemente en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas, amplía y completa la afirmación del primero. En este participaron tanto parejas homosexuales como heterosexuales y deduce que la supresión viral se traduciría como mínimo en un 95% de probabilidad de no transmisión de la infección por VIH.

Teniendo en cuenta los prometedores resultados de estos estudios, es importante considerar algunos espacios vacíos que deben ser expuestos. En el primer estudio solo participaron parejas serodiscordantes heterosexuales, y es necesario considerar que es mayor el riesgo de infección por sexo anal que por sexo vaginal; además las parejas fueron educadas sobre métodos de prevención frente al VIH, sólo fue reportado un 3% de relaciones vaginales sin protección y no discriminó entre sexo anal y vaginal.

Este estudio tampoco determinó la frecuencia de las relaciones sexuales ni el tipo de práctica sexual, ni consideró las posibles infecciones de transmisión sexual. En las pocas relaciones sexuales sin condón determinadas, mayormente era la mujer la que vivía con VIH, y es conocido que el riesgo de infección es mayor para las personas que son penetradas y menor para las personas que penetran.

En el segundo estudio, algunas parejas adquirieron infecciones de transmisión sexual, entre ellas sífilis y gonorrea, por no hacer uso del preservativo; no sólo se trataría entonces de la protección de la transmisión del VIH, sino de protegerse durante el acto sexual para evitar la reinfección y coinfección, o prevenir un embarazo no deseado.

También es importante señalar que durante ambos estudios, las y los participantes positivos se encontraban bajo un estricto seguimiento clínico que confirmaba una muy buena supresión viral, situación que no sucede en la vida real.

Si bien ambos estudios aportan un gran beneficio a la respuesta al VIH, es importante señalar que se trata de estudios clínicos, rigurosamente controlados, por lo que sus resultados deben ser tomados con cierta moderación. En ocasiones, los resultados de los estudios pueden ser malinterpretados por las personas que se encuentran con los resultados e incluso por las mismas personas con VIH en tratamiento, quienes podrían considerarse seguras de dejar de usar el preservativo, siempre en la consideración que la protección es una responsabilidad compartida.

La política preventiva debemos seguir recomendándola con el uso consistente del preservativo, ya que nadie puede asegurar que las cargas virales sean permanentemente indetectables ni que el tratamiento como prevención alcance a toda la población , entiendo que son políticas que no se contraponen ni excluyen y todos los países debieran buscar estrategias para poder fortalecer ambas”, comentó a Corresponsales Clave Carlos Falistocco, Director Nacional de VIH de la República de Argentina y Presidente del GCTH.

Aún cuando Falistocco es claro en que tanto el uso del condón como el tratamiento antirretroviral son complementarios, el discurso que se oye en algunos activistas muestran que los hallazgos de estos estudios han sido malinterpretados y se ha asumido que el simple hecho de que una persona con VIH se encuentre en tratamiento, “elimina” el riesgo de la transmisión.

Hace poco discutí sobre este tema con un joven activista que vive con VIH y me manifestó lo siguiente: “Yo pregunto ¿Usamos condón? muchos me responden que no, y yo hago caso a su respuesta (…), no debo sentir culpa por algo que no me hace ni peor ni mejor persona. (…) además mi adherencia es excelente, más tiene riesgo una persona de infectarse en una transfusión de sangre que acostarse conmigo.”

Esta respuesta sorprende y evidencia la distorsión que hubo de la información. Cabe destacar que este comentario no debiera traducirse tampoco en una intencionalidad de transmitir la infección, que es el argumento usado por algunos para crear leyes nefastas que criminalizan la transmisión del VIH.

Tal vez una gran parte de personas con VIH ignoran que la carga viral no es estable durante el tratamiento antirretroviral, y que es importante utilizar preservativo en las relaciones sexuales para reducir el riesgo de la transmisión.

Cabe cuestionarnos cómo transmitimos de forma adecuada la información para evitar malos entendidos.

Las personas con VIH pueden reservarse su estado serológico si así lo desean, es su derecho, pero la responsabilidad del uso del condón es compartida, y en ella deben tomar parte todos los involucrados en una relación sexual -sin pensar quien tiene más o menos responsabilidad-, y tanto personas seropositivas como seronegativas debieran pensar y reflexionar sobre ello.

En resumen, ni la adherencia al tratamiento ni una carga viral indetectable eliminan el riesgo de transmisión del virus, y tampoco previenen la reinfección o coinfección. Las evidencias científicas deben ser evaluadas desde una mirada integral, considerando todos los factores que entran en juego.

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