El Centro de Mujeres de Masaya consiguió algo impensable: que desde los púlpitos de las iglesias evangélicas comenzaran a sensibilizar a los feligreses sobre el VIH. “Relacionar a la Iglesia con esta pandemia mundial era poco común, pues durante siglos la institución religiosa se ha opuesto a la utilización del condón, al considerar que las relaciones sexuales deben de darse para la procreación”, dijo Nora Barahona, directora del Centro de Mujeres de Masaya.

Sin embargo, tras varias sesiones con los líderes de las iglesias evangélicas, conocidos popularmente en Nicaragua como pastores, el nivel de sensibilización logrado resultó llamativo. “Acá en Masaya hicimos el contacto con la iglesia evangélica más grande, la Bautista. Otras iglesias participaron en reuniones previas en las que explicamos cuál era la intención del Centro, y que ellos como parte de la sociedad se involucraran en la respuesta nacional al VIH”, relató Barahona.

Esta peculiar idea nació en el contexto del Congreso Centroamericano de ITS/VIH/sida (Concasida), llevado a cabo en Nicaragua en 2007. Barahona explicó que como parte de los congresos previos a Concasida, se realizaron encuentros de organizaciones basadas en la fe.

El proyecto se extiende

El proyecto tuvo una duración de tres años y se capacitó a 120 pastores. Pero el trabajo continuó luego a través de talleres con mujeres lideresas evangélicas. La didáctica del Centro de Mujeres se centró en las formas de adquirir la infección, enfatizando que no basta con mantener un discurso relativo a la abstinencia y fidelidad, que inicialmente en las iglesias consideraban suficiente.

“El trabajo no sólo se dio para educar a los pastores y los integrantes de las iglesias; se le hacía un llamado a personas de la diversidad sexual, a trabajadoras sexuales que en muchas ocasiones pertenecían a las iglesias. La idea era dar a entender a la congregación que esta gente existe y no deben ser discriminados”, explicó la directora del centro.

Barahona contó que los pastores expresaron que tenían el deber de denunciar y dar una respuesta a las causas primarias de la pandemia: “El hecho de que los pastores hablaran en sus cultos sobre el uso del preservativo fue el resultado más importante”, dijo la activista.

Nicaragua presenta una tendencia hacia el incremento sostenido de la epidemia, según el informe “Situación Epidemiológica del VIH y TARV”, publicado en el año 2013 por el gobierno nacional y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Los datos indican que en 2013 se registraron 938 nuevas infecciones por VIH: el 59% son varones (554 personas) y el 34% son mujeres (317), siendo la relación hombre-mujer de 1,74, es decir 1,74 hombres por cada mujer.

De acuerdo con el documento, “la principal vía de trasmisión del VIH es sexual en un 98%, el 92% es de tipo heterosexual, 2% bisexuales, un 3% hombres que tienen sexo con otros hombres, 2% transmisión vertical y 1% trans, lo que evidencia que las prácticas sexuales sin protección predisponen el riesgo a adquirir el VIH principalmente a través de relaciones sexuales anales y receptivas, sin embargo los datos indican que la epidemia en Nicaragua es predominantemente heterosexual” (p. 8).

Las iglesias están compuestas por hombres y mujeres, niños y niñas que se interrelacionan en un contexto social y están expuestos/as a situaciones adversas, como cualquier persona que vive en la sociedad. Por esta razón, los líderes religiosos deben aprovechar los espacios comunicativos con que cuentan para incidir en la sensibilización ante el VIH.

Las comunidades religiosas necesitan desarrollar pastorales[i] que alimenten la reflexión, corriendo del centro de su prédica la doctrina y la tradición eclesiástica para hacer eje en el desenvolvimiento pleno de la vida de las personas.


[i] “Pastoral” es la acción de la Iglesia católica en el mundo o el conjunto de actividades por las cuales la Iglesia realiza su misión, que consiste primariamente en continuar la acción de Jesucristo.

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