Hace unos meses publicamos en este medio, Provocar es prevenir, que resumía una intervención de la Corporación Kimirina, como parte del programa que se ejecuta en el Ecuador con el financiamiento del Fondo Mundial para el sida, la tuberculosis y la malaria. La plataforma virtual de prevención se denomina ponteonce.org.

Este portal, audaz, creativo, explícito, lanzado y provocador es una herramienta clave para la prevención focalizada, en particular con los HSH, y todos los adjetivos recién listados hacen del sitio un lugar atractivo para conectarse e informarse. Precisamente por esa audacia, era de esperar que pudiese generar algunos cuestionamientos dentro y fuera del país. Hace unos días, preguntando como iba este proyecto me mencionaron que había posibilidades que este pudiera ser levantado o restringido, por ello desde el equipo de Corresponsales Clave salimos a recabar información de primera mano sobre el caso.

Es preciso recordar el contexto en el que surge esta iniciativa; la incapacidad de poder llegar a más personas de la población clave, en este caso en particular en el Ecuador, pero es probable que idéntico desafío enfrentan otros implementadores del Fondo Mundial. Al borde del fracaso en las negociaciones, el Ecuador pidió ayuda y decidió salir de su lugar de comodidad probando nuevas cosas. Nuevas para la región, porque esta metodología, de mensajes gráfica y textualmente explícitos, espacios de chat y otros servicios para la comunidad, se vienen empleando en Canadá, EE.UU. y una serie de países europeos.

Los responsables del proyecto nos informaron que para la implementación del proyecto en lo que respecta a Ponte Once, se lanzó una licitación internacional para contratar un experto o un grupo de expertos que hayan desarrollado con anterioridad, preferiblemente en nuestra región, algún tipo de metodología similar. Que tuvieran experticia en salud pública, VIH y desarrollo de web/internet y redes sociales. Así, un prestigioso colega de Colombia fue el encargado de desarrollar el portal, cuyo trabajo incluyó una investigación de las redes de contacto sexual de HSH más usadas y un mapeo del uso. Entretanto la Coalición de Organizaciones Quebecuás de lucha contra el Sida, del Canadá, cedió mucha de la tecnología y el conocimiento logrado en el uso de una herramienta muy similar.

Un portal en problemas

Fuimos a hablar con Kimirina y León Sierra, director ejecutivo adjunto, nos explicó: “Hemos identificado ya que han surgido resistencias fuertes en los propios servidores públicos de salud en el país, quienes nos han expresado reticencias frente al “lenguaje explícito”; así mismo, en el entorno del Fondo Mundial, hemos recibido algunos cuestionamientos que se enfocan en la preocupación del uso de imágenes explícitas donde mostramos las prácticas, la implicación de ese uso en la legislación internacional con respecto a la promoción de la pornografía, el almacenamiento de un vídeo de utilización del condón en un sitio de distribución de vídeos porno, debido que no nos han permitido alojarlo en otros canales como youtube o vimeo”

PonteOnce ofrece información sobre VIH a través de lenguaje explícito.

Los colegas de la Secretaría del Fondo Mundial, por su parte, nos explicaron tres riesgos que habrían identificado: (1) En el caso de distribución pública de imágenes podrían existir regulaciones locales exigiendo obligaciones de registro, mantenimiento de datos, prevención de acceso infantil, cumplimiento con reglas de propiedad intelectual, etc. Regulaciones que pueden ser alcanzada por normativa de otros países, y a tal efecto han acordado una consultoría especializada. (2) No se puede asociar el Fondo Mundial con compañías activas en pornografía. De momento, un sitio web pornográfico, el Porn Hub, está albergando el video de “correcta postura del condón” del sitio PonteOnce. El FM ha solicitado al Receptor Principal (Kimirina) encontrar otra manera de albergar este video. (3) Otro riesgo identificado por el FM es relativo al CHAT propuesto en el sitio PonteOnce. Esta herramienta es una manera de atraer a las poblaciones a la página y conseguir apoyo y consejería de otros pares de una manera rápida; sin embargo, su uso podría desviarse considerablemente del objetivo de salud pública de alcanzar la población escondida.

Consultamos al Fondo Mundial si es que contaban con una política específica al respecto y nos informaron que no, sin embargo de la interpretación de una decisión del comité de Finanzas y Auditoria (de un tiempo a esta parte), la secretaría entiende que en el punto dos, sobre dónde se aloja el video explícito, si habría una prescripción. Por ello Kimirina está trabajando en relocalizar el video en otra plataforma.

Al parecer, también el Fondo Mundial estaría solicitando mensajes de “advertencia” y de “descargo de responsabilidad” en cada uno de los artículos publicados en PonteOnce. Los responsables consideran que esto será una barrera para los usuarios y cargaría moralmente cada uno de los contenidos. En este sentido, comparto el criterio de Kimirina, en que no podemos comunicarnos con Gays y HSH atravesados por un sin número de “carteles rojos de advertencia y descargo de responsabilidad” pues esto los aleja y tiene añadido un meta-mensaje de que ellos también serían algo peligroso o reñido con la moral.

El portal ya ha introducido una advertencia inicial sobre el contenido sexual explícito.

Por un lado, entiendo la preocupación del Fondo Mundial, que al final del día intermedia entre donantes (con sus “valores y agendas”) y los implementadores. Por ello, creo que proactivamente el Fondo debe encontrar las reglas claras y los mecanismo para favorecer estas metodologías, sin que por ello asuman riesgos desmedidos todos los involucrados.

Lamentablemente, se siguen utilizando recursos del Fondo Mundial en otros países para financiar intervenciones que violan los derechos humanos de las poblaciones clave. Y esto es algo que preocupa a muchos de los trabajan en y con el Fondo, pero pareciera ser insalvable por chocar con la autonomía de los MCP, la apropiación nacional (y su relativismo cultural) y las normativas locales (muchas represivas y criminalizantes). Esta contradicción, la de financiar acciones contrarias a los derechos humanos, existe, y se da en un quizás demasiado extenso debate, y son cosas que -en mi opinión- ponen en más riesgo la reputación y credibilidad del Fondo Mundial (así como la integridad de nuestras comunidades). Debemos todos preocuparnos por el riesgo, que incluye también desperdiciar el dinero y el tiempo en acciones ineficaces, en organizaciones corruptas y estrategias que vulneran los derechos humanos.

Estoy seguro que, de cada lado del tema en cuestión, hay gente profesionalmente comprometida que encontrará una solución para que esta intervención clave no se desvirtúe o sufra cualquier forma de “censura”.

Yo lamento que a 35 años de la epidemia del sida tengamos tan pocas herramientas de prevención que llamen  a las cosas por su nombre, y todavía me sorprenden las reacciones que, en VIH/sida, lo explícito genera en algunas personas. Con o sin el respaldo del Fondo Mundial, esperemos que haya PonteOnce para rato. Sería fantástico que otros países exploren esta línea de acción, pues créanme que ya existen evidencia científicas sobre su eficacia.

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