En esta nota hablaré desde la intimidad más íntima, desde lo más cercano a mí. Yo pertenezco a la RAJAP o, para decirlo cómicamente, “la RAJAP soy yo” pero también son un montón de gente más que me acompaña, que hace que yo crea que todo futuro puede ser diferente, más ameno, más amable, más tolerante hacia las personas que vivimos con VIH.

La RAJAP son los sueños, los proyectos, las ansías de más de cien jóvenes y adolescentes que deciden visibilizarse, empoderarse, salir a dar una respuesta clara y certera al VIH: somos humanos y, como humanos, tenemos los mismos derechos que el resto de la sociedad.

Hace cuatro años que Mariana Iacono empezó este recorrido. Hoy somos muchos. Es más, me impresionaba ver tanta gente en este encuentro: caras nuevas, caras de hace mucho, caras de hace un poquito más acá.

Pensaba en la cantidad de deseos de futuro, de dignidad que tiene cada uno de ellos y ellas y vuelvo a escuchar la canción “Fogata de amor”, de Victor Heredia, que dice:  “Para decidir si sigo poniendo /esta sangre en tierra /este corazón que bate su parche /sol y tinieblas /Para continuar caminando al sol /por estos desiertos /para recalcar que estoy vivo /en medio de tantos muertos”

Y tres palabras resuenan en mi mente de esta canción: DECIDIR/ CONTINUAR/ RECALCAR. Pienso que la respuesta al VIH desde nuestro lugar es esa: decidir hacernos agentes del cambio, continuar la respuesta una y otra y otra vez, sin cansancio, recalcar para que las cosas queden bien claras.

Lo que me sorprendió de este encuentro en particular es la alegría, esa alegría de saberse acompañado, de hacer chistes, bromear, reírse, llorar, abrazarse, compartir. Creo que eso fue lo más importante del encuentro.

Diego Caputo, Nadia Tevez y Martin Rosa, coordinadores de RAJAP.

Si quieren que sea formal puedo hablar de la revisión del estatuto de la Red, de las charlas que expresó cada comisión de trabajo y cada provincia. Pero eso lo dejaré por ahora.

Hoy me interesa poner el foco en que la respuesta al VIH podría ser mucho más efectiva si, en vez de un insulto -como expresión del estigma-, nos encontráramos con un abrazo. Animarse a abrazar, a escuchar al otro, es el mejor método para crear una sociedad más justa e igualitaria, y detener el VIH. Eso nosotros, los y las jóvenes con VIH, lo sabemos muy bien, tenemos muy pesada la mochila de insultos y agresiones. Pero, los que están del otro lado, ¿lo saben?

La respuesta al VIH la construimos entre todos, los que vivimos con el virus y los que no. Es hora de que el respeto sea moneda diaria, es hora de que aprendamos a escuchar al otro y su diferencia. Ese es el camino que tenemos que recorrer no sólo como Red, sino también como sociedad.

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