Lejos parecen haber quedado esos días de mayo de 2011 cuando la ciudad de Chapadmalal (en la provincia de Buenos Aires) reunió a decenas de jóvenes de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) en un primer encuentro nacional. Allí empezaron a charlar y definir sus autoridades y establecieron prioridades para la comunidad de jóvenes con VIH.

Mariana Iacono, la joven y consecuente activista de la respuesta al VIH, fue clave en la fundación de la Red. Pero las otras personas claves que confluyeron en aquel encuentro concluyeron en que los jóvenes con VIH de Argentina quieren ser escuchados, terminar con la discriminación y estar capacitados para poder lograrlo.

Y así fue.

Las exigencias se hicieron grito de lucha y activismo en estos casi 5 años de existencia de la RAJAP, como se conoce a la Red, creada en 2010. La conforman jóvenes de entre 14 y 30 años de distintas ciudades de la Argentina, incluyendo también a jóvenes y adolescentes extranjeros que viven en el país.

Hace dos semanas, con apoyo de la Dirección de Sida y ETS y de la Dirección Nacional de Juventud, casi 50 jóvenes positivos de todo el país se reunieron en la ciudad de Buenos Aires para participar de la semana del orgullo LGTBI.

Nadia Tevez y Martín Rosa, junto a Diego Caputo, flamantes Coordinadores Nacionales de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos iniciaron una larga jornada en la que charlaron sobre activismo, historia de la diversidad sexual y su relación con la respuesta al VIH, derechos humanos y las acciones necesarias para su exigencia.

Carlos Falistocco, de la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación, la histórica militante travesti Lohana Berkins presidenta de ALIT, Pedro Paradiso Sottile del Área legal de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), y otros invitados -entre los que tuve el placer de ser parte-, tuvimos el privilegio de intercambiar experiencias generacionales con este valioso, nuevo y esperanzador grupo militante que tiene muy claro que la visibilidad de las personas viviendo con VIH es tan importante como las estrategias políticas para enfrentar la pandemia.

Como bien resume Carlos Fiorentino, uno de los representantes de San Juan “ser activista de la RAJAP es para estar atento y sensible a las necesidades propias y ajenas en un hacerse cargo de la “carencia” para hacer de ella una oportunidad, para mí, para nosotros y nosotras y quienes vendrán”.

Voces que se hacen escuchar

Juan Bustos, también de San Juan, contó a Corresponsales Clave: “Existe en la actualidad un rechazo a las personas que vivimos con VIH, no tan marcado como en años anteriores, pero real aún. Este rechazo, estigmatizador, devenido de la carga social que la enfermedad sostiene, lleva a que personas de todas las edades, sexo, condiciones sociales, sexuales, económicas, de los diferentes credos, regiones geográficas, y demás, tengan miedo a enfrentar el “día a día” de discriminación, e incluso no se empoderen de sus derechos permitiendo que sean vulnerados. Muchas veces porque simplemente no encuentran las vías para hacer escuchar su voz, otras porque no han encontrado la fortaleza para llevar a cabo actos que puedan ser señalados como impropios, siguiendo con aquellos estigmas, y un sinfín de obstáculos que encontramos en nuestro camino; es ahí cuando nace en el corazón de muchos y muchas la necesidad de representar a quienes no pueden alzarse contra un sistema social de este tipo. Así es como siento que el “ser” activista por los derechos de las personas con VIH se forma en mí, adquiere su forma y gana espacio. Representar, acompañar, ser la voz de quienes no pueden o no quieren hablar, pero en su interior gritan los deseos de hacerlo”.

Pablo Jesús Perez, de la ciudad de Rosario, decidió ser visible “justamente para poder luchar por los derechos de las personas que tenemos que vivir con el virus y poder romper con el estigma social que tanto daño nos hace. Ser activista o meterme en este camino me ayudó a plantarme frente a un público (escuelas, universidad, grupo de amigo, etcétera) para llevar información y romper con las ideas erróneas con las que vienen, que lamentablemente en algunos casos es grave”.

Y en ese mismo sentido, Pablo Preiti, de la provincia de Buenos Aires reafirmó que “ser activista es tener en cuenta a lo que nos enfrentamos, a informar a las personas desinformadas e informarnos y capacitarnos nosotros también, a luchar siempre por lo que nos corresponde como personas viviendo con VIH, a buscar respuestas, a seguir en la lucha siempre, sabiendo que habrá piedras en el camino, pero que las podremos esquivar, empoderándonos como corresponde, sabiendo que nunca debemos bajar los brazos, porque siempre vamos a seguir al pie del cañón para los que nos necesiten”.

Escucharlos y verlos, tan dispuestos, tan seguros marchando orgullosamente tras la bandera de la Red, hace necesaria una reflexión. ¿Estamos ante la posibilidad de que estos jóvenes hayan nacido como sujetos políticos aprendiendo de los horrores del activismo relacionado al VIH? ¿Sabrán cómo evitar no caer en las oscuras cuestiones administrativas y financieras que provocan el desprestigio de un sector de ese activismo? ¿Están alertas a estas cuestiones?

Eddy García, también de la provincia de Buenos Aires parece contestar estas preguntas: “Encuentro en mis compañeros y compañeras el camino, mi propio camino. Porque creo que nuestros referentes no son esos quienes mediatizan banalmente nuestras vidas y nuestras problemáticas desde el odio y la conspiración. Nuestros referentes son otros jóvenes y adolescentes que viven con VIH, enfrentándose día a día a la indiferencia, a la discriminación, a la violencia, al desprecio, a la inferioridad y a la ignorancia. Las jornadas del 15 y 16 de Noviembre han demostrado, para nosotros mismos y para la comunidad, que hablamos desde el amor, el entusiasmo y la fuerza, para unirnos, para organizarnos, para expandirnos en todo el país. Una tarea ardua pero no imposible. Y si utópico fuese, trascendamos entonces lo imposible porque entre lo visible y lo invisible hay pibes esperando nuestro abrazo, nuestro va a estar todo bien”

Hacia un futuro feliz

La RAJAP parece ir por el camino correcto de las organizaciones de la sociedad civil que discuten proyectos pensando en el futuro pero sin olvidar las experiencias del pasado.

Eddy lo simboliza: “20 años atrás, por junio de 1994 se convocaba la tercera Marcha del Orgullo bajo la consigna “Ser visibles para ser iguales y libres”; ese día frente a la catedral metropolitana lo que se leían no eran nuevas palabras de aliento sino una larga lista de jóvenes -como nosotros- muertos a causa del sida. 20 años después la memoria de ellos y ellas también nos alienta”.

“Estoy aprendiendo a darle lucha a esta causa”, cuenta desde el conurbano bonaerense, Paulo Vargas, “hoy mostramos la otra cara del VIH que la gente no ve o no quiere ver: la cara de la gente feliz, de los que ríen, de los que luchan por adherencia, de los que ayudamos para salir adelante. La RAJAP fue mi primera contención, fuente de información y visión de la realidad q no veía. Es mi pilar primordial. Gracias a este grupo de pares de amor y compañerismo, hoy puedo ser feliz”.

La palabra felicidad atraviesa todas las entrevistas, y esa felicidad se ve en sus caras, se siente en sus cuerpos, se demuestra en sus ideas. Ideas que seguramente necesitarán de debate colectivo, de las interacciones con otras ONG, con los distintos canales oficiales de políticas sanitarias y con más y más jóvenes viviendo con VIH.

Perez reitera su creencia en empoderarse como nuevos activistas con nuevas formas de activismo: “escuchar y compartir experiencias con personas que ya llevan años del tema para poder corregir errores míos y llevar un mensaje más claro a los terceros, modificando y entendiendo un poco más de la visibilidad y ser más precavido a la hora del activismos”.

Para Preiti estas jornadas despertaron al activista que se levanta en él y que “cada vez va a pisar más fuerte y más seguro por este camino”.

Fiorentino reconoce que en las Jornadas de Capacitación “sintió la responsabilidad de completar la historia que comenzaron Carlos Jauregui, Pia Braudacco y tantas y tantos compas. El derecho debe legitimarse en la espontaneidad de nuestro día a día, ojalá el activismo en diferentes campos sea la praxis necesaria del “ser” ciudadano argentino”.

“Integro la RAJAP porque me hace feliz”, expresa Martin Rosa, uno de los nuevos Coordinadores Nacionales. Y esa felicidad transforma el futuro en esperanzador no sólo por las posibilidades de avanzar a nuevas generaciones libres de VIH, sino también a nuevas generaciones que piensen en lo colectivo y no es sus intereses personales.

“Orgullo, eso significa visibilizarme, visibilizar y pertenecer a la RAJAP”, concluye Rosa, y es el mejor mensaje que puede ofrecer alguien que tendrá en sus manos responsabilidades que deberán pensarse con un gran sentido de altruismo.

Si desea contactarse con la RAJAP:

Email: jovenespositivos@gmail.com

Twitter: @rajap_

Facebook: Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos

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