Mi primer evento del Día Mundial fue hace 25 años, en el Parque Lezama en la Ciudad de Buenos Aires, un evento que realizamos junto a una docena de ONG de entonces, pocas de ellas siguen existiendo.

Uno muchas veces se pregunta ¿Para quésirven las jornadas mundiales de una enfermedad o de un tema? La respuesta más obvia es: para sensibilizar y concientizar a la ciudadanía sobre nuestro tema en cuestión. Un desafío importante con esta y cualquier cuestión de salud, más aún si lleva en la palestra más de tres décadas. Mañana se conmemorará el día de otra patología, de alguna comunidad o grupo o el de una batalla sangrienta, y los organizadores de dichos días clave tendrán -como nosotros- idéntico desafío: llamar la atención.

El mundo del VIH y el sida está lleno de mitos, y creo que el Día Mundial también, hoy me permito, en la humilde perspectiva de alguien que vivio muchas de estas conmemoraciones, proponer algunas reflexiones:

El eslogan de la campaña

Este año es “Cerrar la brecha”, pero este eslogan viene acompañado de un llamado mundial a invertir en los próximos 15 años más que en los anteriores para lograr un impacto profundo y duradero. Los eslóganes son herramientas de comunicación, nada más que eso, son la forma de decir las cosas en forma entendible y digerible para la mayoría del mundo que no comparte nuestro “culto” de trabajar en el mundo del sida. Cada organización siempre se tienta de desarrollar un eslogan propio, pero piensen que detrás del que propone, por ejemplo ONUSIDA, hay un trabajo de comunicación importante para lograr un “anzuelo” y “un elemento motor”. Evitemos transformar nuestro eslogan en una larga proclama de baja noticiabilidad, pues recuerden: hoy es el día que podemos gozar de alguna atención de la tan mentada opinión pública.

Con metas o sin metas

Hoy mismo han salido algunos eruditos del sida a cuestionar las metas propuestas por Naciones Unidas y muchas de nuestras organizaciones, como por ejemplo 90-90-90, cero muerte y cero discriminación entre otras. La idea conspirativa detrás es que promover un último gran esfuerzo para terminar con la epidemia podría desalentar hoy la inversión de los donantes. Quizás desde una mirada paternalista y subestimadora de aquella especie conocida como donantes. En todo caso, si un país debe ser convencido de seguir invirtiendo, más aún en un futuro y breve lapso de tiempo -hasta el 2030-, es mejor saber cuál será el retorno de dicha inversión.

Sobre todas las cosas, las metas nos sirven a los activistas para presionar a nuestros gobiernos, monitorearlos y pedirles rendiciones de cuenta. Si la meta está sustentada en un poco de buena ciencia, es un meta real, usarla bien o mal -que es un paso previo a cumplirla-, está en nuestras manos.

La sociedad civil en vías de extinción

Nadie duda que la sociedad civil está atravesando una profunda crisis, que quizás se expresa en un perfil más bajo en las grandes discusiones del momento, una movilización más lenta ante las crisis nacionales y una estado general de hibernación.

Hay menos recursos financieros, sin duda, y esto influye, hay más tratamientos antirretrovirales, y esto impacta, o ¿es que una persona no tiene derecho a hacer de sus vida otra cosa ahora que parece que no se va a morir? Por suerte, hay una combinación interesante de liderazgos emergentes, como los jóvenes y sus organizaciones y nuevas tácticas, y un liderazgo resistente, constituido sobre todo por las poblaciones clave, cuya lucha va más allá de un medicamento. Hay materia prima de sobra, solo falta un poco mas de coordinación. Visiten la página de Corresponsales Clave y verán que esta afirmación es totalmente errónea; no estamos en extinción.

El financiamiento se ha terminando

Este es una frase muy repetida en nuestra región. Ahora, si uno ve la asignación de recursos que el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria ha hecho el año pasado en América Latina y el Caribe, considerablemente más alta de la que esperábamos, podríamos interpelar esta afirmación.

Si vivimos en un país de renta media, ya hace tiempo vemos evaporarse la inversión de la cooperación internacional. ¿Qué hacemos al respeto? Algunos se quejan inútilmente y otros se han embarcado en un trabajo fino y de bajo perfil tendiente a lograr que nuestros países paguen la cuenta de la respuesta con fondos domésticos. La buena noticia es que la mayoría de nuestros países tienen esos recursos locales, que los inviertan en la respuesta es otra cuestión. Si hemos hecho incidencia sobre gobiernos de países desarrollados para que inviertan en nosotros, ¿cuán difícil puede ser hacerlo en casa? No hay mucho tiempo que perder.

Celebrar o conmemorar

Durante muchos años, la secretaria  de mi médico, que nunca estuvo muy bien de la cabeza pero eficiente como un robot, todos los primeros de diciembre dejaba un mensaje en mi contestador, muy lindo, muy correcto y con un dejo de ternura que concluía invariablemente con un: ¡Feliz día del sida! Siempre se lo agradecí, aunque reconozco que me parecía un  poco fuerte, para alguien como yo que venía de la escuela de la “conmemoración” más que del festejo.

Hoy me dejo llevar por esa impronta celebratoria, porque muchos estamos vivos y produciendo, porque aquellos que no lo lograron, al menos los que yo tuve el placer de conocer, nos hubieran querido de fiesta y no de velorio y porque hoy en el mundo habrá cientos de miles de colegas dando la lucha contra el olvido. ¡Todo esto es digno de ser celebrado!

Celebrar algunas pequeñas batallas ganadas -o empatadas-, no es olvidarnos de la gran misión por delante, las últimas millas del recorrido, como en una maratón, quizás las más difíciles. Vamos a necesitar mucha creatividad, compromiso, indignación y activismo para llegar donde sea que querramos llegar.

Organizaciones regionales han publicado el día de hoy el siguiente posicionamiento vínculo, favor de circular.

Los invitamos a sumarse a la campaña de ONUSIDA en redes sociales por el Día Mundial de Lucha contra el SIDA en http://www.unaids.org/en/WAD2014socialmedia

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