La cita era a las ocho en la plaza de los derechos humanos de Luján. Las banderas de las Madres de Plaza de Mayo estaban en las puntas de la plaza y en el medio una bandera con las caras de los desaparecidos en la última dictadura cívico- militar argentina.

Había poca gente. Nos paramos a un costado con Marcos y saludamos a una persona que conocíamos de otras luchas y otros tiempos.  Esta persona nos presentó a un personaje destacado de la cultura lujanense, profesor y maestro en varios colegios, muy reconocido en sus luchas por los derechos humanos en la ciudad. Realmente la charla fue amena y sincera; sin embargo, me dejó en evidencia la total ignorancia con la que, aún, el socialismo del siglo XXI, se maneja en materia de derechos sexuales y derechos de las personas LGTBI.

Cuando se hizo el “Nunca Más”, investigación hecha por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas (CONADEP) que recogió las as graves, reiteradas y planificadas violaciones a los derechos humanos, incluyendo las desapariciones forzadas y torturas de personas en la década del ’80, en ningún caso se incluyó ni a los homosexuales, ni a las lesbianas ni a los transexuales, ni hubo una denuncia hacia los edictos policiales creados en plena dictadura, ni tampoco se denunció a la policía de moralidad que se paseaba por los baños de los trenes buscando a sus presas homosexuales.

Si hablamos de derechos humanos, de memoria, verdad y justicia es necesario tener una mirada amplia sobre estos que incluya también una perspectiva de género y respeto por la diversidad. En este sentido, los principios de Yogyakarta,  fruto de una investigación de especialistas, son fundamentales para entender todo lo que aqueja a la comunidad LGBT y su historia de discriminación, desprecio y sojuzgamiento, no sólo por las ideas conservadoras sino también desde las vertientes socialistas que defienden, de una manera bastante oscurantista, un hombre nuevo.

De esta manera, la reparación a las víctimas de las atrocidades del pasado, como el tan debatido proyecto de ley de reparación para personas trans mayores de 40 años, no sólo se hace necesario sino que implica incluir la perspectiva de género en la mirada de los derechos humanos.  Ya que no sólo es necesaria una reparación por las vejaciones del pasado sino que urgen leyes que respeten el derecho individual a amar y ser como cada uno desee.

También es necesario la protección del derecho al trabajo, a una vivienda y a una vida en condiciones dignas, sin discriminación, a una intimidad y a la búsqueda del deseo en libertad sea de la orientación sexual o género autopercibido que posea la persona.

Generalmente, cuando uno habla de los derechos sexuales y reproductivos, de la diversidad sexual o del enfoque de género, cree que la ignorancia va a venir desde el lado de los sectores más conservadores y enraizados con la tradición “occidental y cristiana”. Y nos sorprenden un socialismo totalmente heteronormativo, que se defiende como defensor de los derechos humanos.

Es lamentable que en Argentina, después de los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos que se dieron en estos últimos diez años, ver que el socialismo aún no se pone a tono con esos derechos adquiridos. Se sigue pensando en una perspectiva de género solamente como las problemáticas de las mujeres y su relación con la fuerza de trabajo y se deja de lado la diversidad sexual y el reconocimiento del deseo en libertad.

Pareciese que hubiéramos quedado estancados en la década del cincuenta, cuando Eva Perón incorporó a las mujeres al juego de la democracia y al de la fuerza de trabajo. Mucha agua corrió bajo el puente desde entonces, cuando se sancionó el voto femenino, hasta el día de hoy.

Es hora de que nos hagamos cargo de esa historia y defendamos el ejercicio pleno de los derechos humanos de todos y todas con respeto a nuestras diferencias de género y orientación sexual.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.