Salieron de su país por la violencia y la discriminación. Cruzaron la frontera y al llegar a México, personal identificado como del Instituto Nacional de Migración en México las golpeó, violó y robó.

Naomi es la primera en hablar. Toma aire y comienza: “fui víctima del delito por el INM, yo iba a Estados Unidos, soy de El Salvador, huí de mi país por distintas razones de transfobia y ser activista de LGTB y derechos humanos. Aquí en México fui víctima de robo y abuso sexual”.

Un poco recuperadas de las agresiones, estas mujeres trans esperan conseguir una visa humanitaria.

Ella, Kendra y Daniela viajaban acompañadas de un coyote (persona que traslada a personas de manera ilegal) hacia Estados Unidos, pero a mitad del camino, el día 26 de diciembre de 2014, las bajó de la camioneta. “Nos dejó abandonadas en ese momento al ver que no traíamos papeles, nos quitaron el dinero que traíamos, 1000 dólares que traía  cada una. Nosotros le dijimos que traíamos dinero porque pensábamos que nos iba a proteger y ayudar, nunca pensamos que íbamos a ser víctimas de violación y robo”.

Kendra salió del El Salvador después de recibir amenazas de muerte y golpes por su identidad de género. Ella y su amiga decidieron migrar juntas como juntas vivieron esa noche en la que fueron agredidas.

“A mí no me violaron porque les dije que yo era una persona VIH positiva, ya en muchas ocasiones lo habían intentado hacer en El Salvador para que no lo hicieran”, dico Kendra, quien recuerda que al decir eso sólo recibió golpes y humillaciones.  Los agresores les impidieron que los miraran, “nos apuntaron y no dejaban que los miráramos a la cara”.

Después de la agresión por personal que identificaron con uniformes del Instituto Nacional de Migración (INM) caminaron hacia la carretera. Daniela recuerda que un taxista decidió ayudarlas cuando las vio golpeadas y  le contaron su historia. Él las llevó a la Fiscalía contra delitos cometidos contra personas migrantes, presentaron su denuncia y así fue como llegaron al Albergue “Jesús, El Buen Pastor” donde acuden migrantes amputados por accidentes en el tren cuyo nombre describe lo que ocurre a su alrededor y lo que se vive sobre su lomo: “La Bestia”.

El Albergue fue fundado por Doña Olga, una mujer que comenzó a sanar las heridas de los migrantes amputados por el tren en Tapachula, una de las últimas ciudades de México ubicada en la Frontera con Guatemala.

Desde el 2014, el Gobierno Federal del Presidente Enrique Peña Nieto anunció el programa “ Frontera Sur”. Las organizaciones civiles  y activistas han denunciado que a partir de este programa se ha recrudecido la violencia y las agresiones contra migrantes como una forma de frenar el flujo migratorio.

Un caso más de agresiones

No sólo coincidieron en las razones por las que dejaron su país, coincidieron también en las agresiones recibidas del personal del INM.

Daniela, Kendra y Naomi encontraron en el Albergue “ Jesús, el buen pastor” un sitio para dormir y comer mientras el gobierno Mexicano resuelve si les entrega una visa humanitaria. Ahí coincidieron con otras tres personas que migraron de El Salvador por las mismas razones: homofobia y  transfobia.

“En el país hay homofobia para  los que expresamos una orientación sexual diferente”, -dice una de las chicas de El Salvador que solía trabajar en una estética- Nos amenazó de muerte la policía nacional civil y tomamos la decisión de irnos a Estados Unidos”. Así comienza contar cómo vendieron todo lo que tenían para cruzar la frontera con miras hacia el norte.

Al lado de ella estaba Johany Palacio que cuenta lo que les ocurrió en México hace unos días: “la misma migración nos detuvo, fuimos violentadas, nos golpearon”. Les pasó casi igual que a las chicas que se encontraron en el albergue. El “coyote” las  obligó a bajarse “a punta de pistola” y en medio del camino llegó la patrulla del INM. Al verlos pensaron que recibirían ayuda, se equivocaron. El personal identificado les insultó, golpeó y robó el dinero que llevaban para su trayecto por México hacia Estados Unidos.

Aunque ambos grupos no se conocían entre sí, vivieron casi lo mismo.

Ahora, las heridas van sanando, los primeros días que llegaron al albergue tenían lesiones en la cara porque los policías las arrastraron mientras las insultaban por su identidad de género.  Este segundo grupo también puso su denuncia ante la Fiscalía contra delitos cometidos contra personas migrantes.

“Venimos huyendo del problema de la seguridad de nuestro país, donde nos acosaban, violentaban y perseguían, donde fuimos perseguidas tres veces por la policía y hasta amenazadas de muerte; entramos a México y pasamos lo mismo”, dice una de ellas.

Después de su denuncia ante la Fiscalía fueron trasladas al albergue, y reconocen que han recibido atención por parte de la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, no tienen noticias del Consulado de El Salvador, donde fueron atendidas al inicio de su denuncia.

Piden Visa Humanitaria

Hasta la publicación de esta nota, según informaron, han mantenido comunicación con personal de la Secretaría de Gobernación en México y el Consulado de El Salvador  para tramitar visas humanitarias.

Las mujeres agredidas solicitan visa humanitaria para continuar con su viaje.

Sin familia en México, sin el dinero que les robaron. La petición de todas es la misma:  “Nosotras pedimos un documento que nos identifique, que no estamos indocumentadas, que nos permita transitar libremente”. También tienen claro que no podrían regresar a su país donde sus vidas corren peligro.

“Nos aflige que ya tenemos que salir del albergue pero no tenemos documentos, nos da temor salir a las calles y ser re-victimizadas”, dice una, mientras reconoce que se les está cediendo un espacio en un albergue dedicado a la atención a migrantes enfermos.

La población trans “es la más vulnerada, la más discriminada, la más invisibilizada en derechos, por eso varias compañeras han emigrado por amenazas de muerte y a algunas las han matado por ser activistas”, dicen, y cuentan el caso de Naomi que trabajaba como voluntaria en la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano de Personas Trans de El Salvador.

“Huímos por violencia en nuestro país y jamás pensamos que nos fuera a pasar en México”, dice Naomi.

Las chicas trans saben que el albergue donde están nació con la vocación de curar al herido, de sanar las lesiones de los hombres que pierden sus piernas o manos porque cayeron a las vías del tren  al quedarse dormidos o ser aventados por las bandas criminales.

Agradecen que Doña Olga las recibió, que los migrantes las han recibido sin señalarlas y con respeto. “No hemos sido discriminadas, hemos sido incluidas, no hemos sido aisladas”.

Los y las migrantes como ellas son diferentes, pero coinciden en la ruta. Otros, sin un brazo o una pierna, esperan su prótesis para continuar su camino, como ellas, que también esperan que después de lo ocurrido, al menos reciban la visa humanitaria para viajar sin riesgos y llegar a ese destino que tienen en la mira desde que salieron de sus países.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.