El V Coloquio Internacional de Estudios sobre Varones y Masculinidades tuvo lugar del 14 al 16 de Enero en la Universidad de Chile, y se convirtió en un espacio que revivió el tema en  Latinoamérica, insistiendo en que la masculinidad es una construcción que genera diversas identidades o representaciones de ser hombre. Las varias discusiones del coloquio, que se resumieron en el artículo “Masculinidades o cómo hacerse hombre en tiempos de feminismo”, nos acercan claramente a la posibilidad de nuevas masculinidades. Sin embargo, hay un tema escaso en esos estudios y se remite a historias de vida de hombres que den noticia de cómo han resuelto sus aprendizajes de hombre natural y se han permitido construir una nueva masculinidad.

Las historias de vida de hombres con VIH han permitido un aumento en la compresión de la sexualidad de hombres gays, por ejemplo. A través de esas historias hemos conocido la experiencia de hombres que han afrontado las dificultades de un diagnóstico y se han permitido hablar de él a otras personas. Este ejercicio de abordaje de la sexualidad desde los hombres muestra que hablar de la sexualidad lleva por delante no negar qué pasa en nuestros cuerpos. No quiere decir esto que el diagnóstico de VIH sea necesariamente el camino para desarrollar nuevas masculinidades; pero sí deja en claro que los hombres en particular deben hablar de su sexualidad, y hacerse preguntas como por qué siento esto o aquello, o por qué me cuesta llorar.

En el terreno de comprender la masculinidad y la relación con los recursos que utiliza para el cuidado de su salud, el autor Javier Sáez, en su obra Las políticas del SIDA y la cultura bear desde una perspectiva –interseccional, aporta distintas reflexiones de la masculinidad y  las conecta desde la percepción de naturalidad dada a ambos espacios. Sáez señala que la masculinidad tradicional está caracterizada por un silencio de sus prácticas dando como resultado un efecto de naturalidad o esencia. E insiste que la noción de naturalidad en la masculinidad ha tenido un impacto desfavorable en las prácticas de prevención de VIH.

Una estrategia de prevención de VIH en las masculinidades, sugerida por Sáez, es facilitar que las personas desarrollen recursos personales que se distancien de ideas de naturalidad, atendiendo más al desarrollo de emociones que les permitan negociar su sexualidad y hablar de esta. Ambos ejercicios requieren necesariamente de un cuestionamiento a las prácticas de masculinidad tradicional, como es el no llorar, callar las emociones, y estar en una constante competencia. Sáez insiste que los recursos emocionales son importantes para el ejercicio de la sexualidad; por ejemplo, hablar de la sexualidad que vivimos y con ello derribar la frontera del silencio.

Considero que hay una necesidad en disminuir la violencia producida por las masculinidades tradicionales, que llegan al extremo del no cuidado de la salud materializado en las prácticas de riesgo de VIH. Prácticas de riesgo que son  motivadas por la falta de recursos que mantienen en silencio las emociones propias de la sexualidad y dificultan la negociación de sexo más seguro.

El cruce entre masculinidad y VIH insiste en que el éxito de la prevención del VIH  está en no solo proveer a las personas insumos para mejorar sus prácticas sexuales como el condón u otros insumos de prevención, también radica en los recursos emocionales que se brinden a las personas como son el aumento de la percepción del cuidado de su salud o el aumento de su autoestima.

Es necesario que exista un aumento en el desarrollo  de los afectos en los hombres; y no tengan duda de que su cuerpo tiene que ser cuidado.

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