Se estima que Venezuela brinda tratamiento antirretroviral a alrededor de 50 mil personas con VIH que lo requieren. Desafortunadamente, esa es la única información oficial que respecto a medicación antirretroviral se puede acceder en el país.

Las organizaciones de la sociedad civil no tienen mayor acceso a información sobre la distribución de los tratamientos brindados, número de personas por esquema de tratamiento, o estimación de necesidades de medicamentos. Una reciente ley otorga la potestad a las autoridades de negar esta información a los ciudadanos que la solicitan si la consideran “reservada” o “confidencial” para el Estado. En un país profundamente polarizado y enfrentado entre sí, cualquier información puede caer en estas categorías.

Utilizando como insumo las denuncias directas de las personas que reciben tratamiento, organizaciones de sociedad civil y la Red Venezolana de Gente Positiva (RVG+) señalaron que los episodios de desabastecimiento fueron recurrentes y graves en el país en los últimos meses. Los desabastecimientos de medicamentos han sido casi constantes desde el año 2009.

Aunque se desconoce las raíces del problema, ya que en ocasiones los episodios de desabastecimiento son resueltos rápidamente; algunos activistas consideran que se debe a rupturas en la cadena de suministro, principalmente la distribución (transporte), afectada por las revueltas sociales y no descartan situaciones de corrupción.

Carlos Araque, joven activista venezolano, señaló también la escasez de divisas como una de las causas de los desabastecimiento de medicamentos, reactivos para pruebas de laboratorio (Elisa, Western Blot, CD4 y Carga Viral), fármacos para infecciones oportunistas y, ahora también, condones. “El sistema cambiario frena la adquisición, cuando los productos llegan (a Venezuela), los venden sumamente caros por la inflación, por el peso del mercado negro. (…) es una crisis política, económica y social”, explica Araque.

Ciertamente, la crisis venezolana tiene distintas aristas que deben ser tomadas en cuenta para poder dimensionar el apoyo que se puede enviar. Hace poco, el país solicitó su retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se ha negado a seguir las recomendaciones de liberación de presos políticos que ha hecho la ONU, desconociendo estas instancias internacionales. Los países de la OEA y Mercosur han ejercido poca presión hacia este país, ya que depende medianamente de su producción petrolera. Un contexto que deja a Venezuela aislada de la cooperación internacional y de los mecanismos que ejercen presión política.

¿Cómo ayudar a resolver la situación de desabastecimientos?

Aunque algunas personas consideran que el trabajo se tiene que hacer desde adentro, desde las organizaciones de la sociedad civil venezolana; Alberto Nieves, Director ejecutivo de ACCSI, señala que los países de América Latina pueden apoyar haciendo presión al gobierno para resolver esta crisis, y sería de especial ayuda si esta presión viene de países “amigos”.

Las donaciones son también una posibilidad, pero éstas deben ser canalizadas -de manera obligatoria- a través de las instancias de gobierno, ya que los envíos de medicamentos a través de empresas de currier o ingresados al país por terceros, ambas estrategias utilizadas por AID FOR AIDS, por ejemplo, son limitados en término de cantidad de medicamentos que pueden ingresar y número de usuarios que pueden beneficiar.

Los organismos de cooperación tienen un importante rol que jugar: contribuir a transparentar tanto hacia el interior de Venezuela, como hacia el resto de la región, toda la información correspondiente a la situación de la provisión de medicamentos antirretrovirales e insumos, de tal manera que las organizaciones de sociedad civil tengan claridad respecto de las estrategias a seguir frente a estas situaciones de desabastecimiento.

Siguiendo las sugerencias de los activistas locales,  desde los países vecinos, tenemos la responsabilidad de ejercer presión al gobierno venezolano a través de todos los medios que tengamos disponibles.

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