El pasado 18 de marzo se desarrolló el foro Sexo, Poder y Dinero en el auditorio del Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la participación de investigadores internacionales con una visión crítica sobre las leyes antitrata.

El evento es el primero realizado en México y se inscribe en el contexto de la reforma que se hace a la Ley General en Materia de Trata de Personas vigente en nuestro país.

Durante el seminario, las y los investigadores presentaron diferentes casos de estudio desarrollados en Mumbai, San Francisco, Nigeria, Tapachula, Corea del Sur y la Ciudad de México, acompañados con un análisis más general sobre la política evangélica y el neoliberalismo. Mario Luis Fuentes, titular de la Cátedra Extraordinaria de Trata de Personas de la UNAM, acompañó el evento.

La investigadora de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos Shah Sveti ha documentado desde 1996 en Mumbai, India cómo es que la representación social del trabajo sexual afecta directamente las políticas y programas dirigidos al comercio sexual, lo que se traduce en que a pesar de que la intención sea reducir la violencia contra las mujeres, la criminalización hace que haya más violencia y vulnerabilidad en los grupos que ejercen el trabajo sexual porque los agentes del Estado tienen pase libre para la violación de derechos humanos, alejando a las víctimas del acceso a la justicia.

Kerwin Kaye, de la Wesleyan University of Connecticut presentó su investigación desarrollada en San Francisco, Estados Unidos con jóvenes de 16 a 19 años que han escapado de sus casas por ser homosexuales y que se mantienen económicamente ejerciendo el trabajo sexual. El investigador mencionó que el discurso abolicionista de las feministas reproduce el discurso sexista de la mujer inocente en peligro que debe ser salvada, lo que a su vez reproduce las ideas de que el honor sexual debe ser salvaguardado y que las mujeres no son sujetos. De la misma manera, se dejan de lado las necesidades de las poblaciones reales, invisibilizando a los hombres jóvenes y las personas trans.

Sine Plambech, del Danish Institute for Social Studies de Dinamarca tituló su ponencia “Entre víctimas y criminales”, haciendo énfasis en que las mujeres que migran de Nigeria a Europa saben que parte del trabajo será vender sus cuerpos en las calles, pero que tienen que asumir el rol de víctimas para no ser tratadas como criminales al reconocer que son migrantes sin papeles. Ella reconoce que “No hay una línea clara que marque dónde termina la migración y dónde inicia el tráfico; hay muchas dimensiones involucradas, entre ellas la moral, la elección, las deudas económicas y la violencia”.

El investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de México, René Leyva, explicó cómo el modelo que han desarrollado en la región fronteriza sur de México con el objetivo de mejorar el acceso de las trabajadoras sexuales mexicanas y centroamericanas a los servicios de salud y que incluye reformas a la regulación sanitaria se ha paralizado para dar paso a la acción de las fuerzas armadas del estado que ahora responden a la ley antitrata.

Mario Luis Fuentes acotó que el enfoque abolicionista nos impide pensar en la diversidad del mundo laboral, ignorando la precarización y violencia del mundo laboral actual. Las protecciones de derechos que deberían existir por el marco institucional y que no existen son las que realmente se necesitan fortalecer para disminuir la vulnerabilidad. En este caso, específicamente en la población migrante no documentada.

Elizabeth Bernstein del Barnard College de Nueva York presentó el trabajo conjunto de los grupos evangélicos y de las feministas abolicionistas que exportan desde Estados Unidos modelos de intervención reproduciendo el rol del héroe que salva al mundo en desarrollo.

Sealing Cheng, de la Universidad de China en Hong Kong, demostró cómo la legislación de Corea del Sur pasó de proteger la castidad de las mujeres a proteger a las mujeres que el mercado necesita, con toda una economía para hacerlas productivas con la condición de no vender sexo. Es así como se ha establecido una nueva jerarquía sexual neoliberal que es regulada por las leyes antitrata.

Durante el foro se hizo hincapié en que aunque las personas con discursos antitrata sienten que están desarrollando una labor humanitaria, están en realidad contribuyendo a la vulnerabilidad de las personas reales.

Asimismo se señaló la importancia de de-construir lo que entendemos como trata, reconociendo que la explotación comercial y el tráfico de personas son mucho más amplias y que el trabajo sexual se inscribe dentro de la migración, por lo que las políticas públicas deben responder a la complejidad de esta realidad.

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