La riqueza del encuentro que se lleva a cabo en el mARTadero (un exmatadero) del 7 al 10 de mayo de 2015 es la gran diversidad de mujeres que reúne: mujeres con VIH, activistas, feministas, trabajadoras sexuales, lesbianas, indígenas, artesanas, mujeres trans y artistas, lo que lo hace innovador y dinámico.

ELLA 2015 dio inicio con una gran bienvenida y una marcha hasta la plaza pública, donde se realizaron diversas actividades reivindicando el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en todas sus formas.

Uno de los principales objetivos del evento es que las mujeres articulen esfuerzos desde sus diversas problemáticas, derribando las diferencias y uniendo sus voces hacia metas comunes, generando un espacio distinto de debates y posiciones alrededor de temas como el VIH-sida, la diversidad sexual, la despenalización del aborto, la violencia, los derechos sexuales y reproductivos, la trata de personas, el trabajo sexual, el estigma y la discriminación, la autonomía y el territorio del cuerpo.

La agenda se desarrolla en forma participativa y dinámica por medio del arte y la cultura, con preguntas provocadoras sobre distintos temas, bailes, cantos, expresión del cuerpo, debates, entre otros.

Las exposiciones son discutidas en diversas mesas y se considera un gran logro de ELLAS 2015 la inclusión de “mujer y VIH” como uno de los ejes temáticos a debatir. La pregunta provocadora en torno a este tema ha sido: hablar de sexualidad, ¿pero con qué cuerpo?

Mujeres con VIH de varios países presentaron sus experiencias y coincidieron en que es muy difícil hablar de sexualidad porque está vinculada al estigma y la discriminación, al temor a revelar el diagnóstico a la pareja, el temor a la transmisión, el miedo a la soledad.

Como manifestó una activista, “es importante tener indetectable el VIH porque es una forma de no transmitir el virus. Pero además, en algunos países como Bolivia la transmisión del VIH está penalizada.”

Hay necesidades específicas para una mujer con VIH, que atraviesan su cuerpo cambiante: es un cuerpo cansado, medicalizado, con lipodistrofia. Muchas mujeres, luego del diagnóstico, se han negado a formar una nueva pareja o vivir su sexualidad libremente por el temor a ser rechazadas o discriminadas.

Algunos de los temas que generan más ansiedad son el uso del condón, el sexo oral, la decisión de tener o no tener hijos. “Ya no quiero usar condón, eso aburre, pero lo uso por mi salud y por proteger a mi pareja”, expresaba una de las participantes. Otra relataba que, estando embarazada, los mismos médicos que decían estar en contra del aborto “me pedían que abortara por tener VIH”.

La revictimización y la violencia psicológica son constantes en la vida de las mujeres, como si con el diagnóstico de VIH se ocultara el derecho al disfrute de la sexualidad. Son vistas como culpables, como quienes contaminan, juzgadas por el “que habrán hecho” para adquirir el virus. “Qué soledad… ¿alguien quiere a una mujer con VIH? Socialmente somos vistas como contaminadoras, las pecadoras… existe una maldita contaminación moral y eso es más fuerte que el virus”, reflexionó una mujer.

Quienes nacieron con el virus enfrentaron situaciones de rechazo desde su iniciación sexual. “Yo nací con VIH y crecí con pastillas, hospitales y médicos, y siendo joven, al revelarle mi diagnóstico a una pareja me ha llevado a violencias psicológicas y a hacerme sentir que debía agradecerle por estar conmigo.”

La conclusión de la mesa es que hay que abordar la sexualidad desde la adherencia a la vida, trabajar para fortalecer la autoestima de las mujeres, el amarse y valorarse. A pesar de lo difícil que es hablar de sexualidad, hay que saber que el amor es más fuerte que el VIH y que podemos ser felices.

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