Si queremos que la mayoría de las personas con VIH sigan dentro del sistema, logren la supresión viral y con ello una salud sostenible en el tiempo, la autoridad sanitaria deberá revisar los procesos para la autorización y retiro de la medicación, incluyendo las situaciones de desabasto. Estos procesos son injustificadamente burocráticos. Falta, además, capacitación a muchos funcionarios en los centros de salud y farmacias para lidiar en forma responsable con estos temas, y por ejemplo, no enviar al paciente a cambiar su receta. Lo mismo ocurre con los trámites en caso de faltantes.

Si aun estando en 2015 la burocracia necesita papeles y se alimenta de ellos, sería deseable que quienes los muevan dentro del sistema sean sus empleados y no las personas con VIH. Personas que, además de vivir con el virus y seguir un tratamiento, tienen que trabajar, ocuparse de sus familias y aspirar a lograr algo parecido a una vida normal.

Perdidos en el sistema

Fuente: Dirección de Sida y ETS

Para poner en contexto los problemas de desabasto, debemos describir primero cómo funciona el sistema de salud argentino, que se compone de tres subsistemas: 1) los servicios de medicina prepaga, que son empresas privadas de seguros de salud, en los que las personas pagan una cuota mensual; 2) las obras sociales sindicales, que proveen los servicios de salud a sus afiliados (en la Argentina la afiliación es obligatoria para empleados bajo contratación legal) y 3) el sistema público de salud, que provee cobertura a todas las personas que no cuentan con ninguno de los otros dos seguros de salud.

La mayoría de las personas con VIH en el país reciben atención en el sistema público de salud. Las prepagas y obras sociales reciben un subsidio de la Administración de Prestaciones Especiales (APE) para cubrir los costos extraordinarios de los antirretrovirales. En este complejo sistema solidario de cobertura, la Dirección Nacional de SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, no tiene injerencia sobre los servicios que no son públicos. Quien controla y supervisa a las obras sociales y empresas de medicina prepaga es la Superintendencia de Servicios de Salud del Ministerio de Salud de la Nación.

Denuncia de desabasto

La Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP), en un comunicado publicado el 30 de abril denunció faltantes de antirretrovirales en las provincias de Catamarca, Santiago del Estero, Misiones, Córdoba, Entre Ríos, San Juan, Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “En los sistemas de salud -tanto públicos como privados, de manera indistinta y aleatoria- nos comunican que no hay stock de medicación en sus farmacias o en su variable habitual escuchamos: “te sustituimos la medicación por el mismo esquema, pero con más comprimidos”, dice la RAJAP en su comunicado. Exige que cese el cambio de esquemas por faltantes y resalta que no son pocos los jóvenes y adolescentes en Argentina que viajan varios kilómetros para retirar la  medicación y que, cuando llegan a la farmacia, se les dice que “está en falta.”

La palabra oficial

Consultamos al Ministerio de Salud de la Nación y nos informaron que efectivamente han llegado personas de los subsistemas privado y de obras sociales con constancias de reclamos por faltante de ritonavir. No tienen información sobre grandes faltantes de otros medicamentos, pero sí por ejemplo de la falta de nevirapina en droguerías. La Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación (DSyETS) envió notas formales a las prepagas, obras sociales y laboratorios solicitando información sobre los faltantes y aún no ha obtenido respuestas.

También, nos han informado que el gobierno nacional tiene como principal política en este tema que las personas con VIH no interrumpan el tratamiento. Por eso, en caso de que sucedan episodios de faltantes en los otros subsistemas, desde el sistema público se cubrirá ese faltante y se entregará la medicación necesaria a las personas afectadas.

Para ello han diseñado un procedimiento simple, que fue notificado a todas las jurisdicciones del país y está en vigencia desde el año 2013. A su vez, dicho procedimiento fue difundido a través del área de Derechos Humanos y Sociedad Civil de la DSyETS a todas las organizaciones y redes de personas con VIH del país. Por lo tanto, afirman que se viene cubriendo la medicación a toda persona que se pone en contacto con la DSyETS.

¿Qué hacer ante un faltante?

Las personas afectadas por algún desabasto deben dirigirse a la Superintendencia de Servicios de Salud para hacer la denuncia del faltante y presentarla en el Ministerio junto con la receta actual (de menos de 30 días). Una vez hecho esto deben ponerse en contacto con la Dirección de Sida y ETS para coordinar el retiro de la medicación.

Cayéndonos de la cascada

Hay dos cosas que parecen claras: que hay desabasto y que existe un compromiso del Estado y un procedimiento en marcha para resolver estos casos.

¿Es suficiente? ¿Qué hace una persona con VIH que viven lejos de la APE y de la DSyETS? ¿Por qué siempre la solución a estos problemas implica que las personas en tratamiento deban hacer más trámites y gestiones?

La realidad es que en cada uno de estos episodios muchas personas abandonan su tratamiento, y si más tarde volvieran a reanudarlo será bajo un nuevo esquema, probablemente más costoso. Hay que vivir con VIH para entender la fatiga que provoca el tratamiento después de uno, cinco o diez años. Un agotamiento que va más allá de tomar un sinnúmero de pastillas todos los días, que se origina y agudiza en la burocracia existente para gestionar mensualmente el tratamiento. Burocracia que se vuelve más compleja frente a un desabasto.

Lo que no se dice es que en el país existen desafíos para ingresar medicamentos debido a las restricciones, trabas y nuevos procesos vinculados con las importaciones. Esto ha originado situaciones de desabasto público y privado en el tratamiento de muchos problemas de salud, como el caso de los medicamentos oncológicos, los psicofármacos e insumos de alta complejidad.

También, la industria farmacéutica produce en menor cantidad lo que ya no le interesa vender, y esta es una tendencia que se agravará. Es el Gobierno quien debe analizar y resolver esto en forma proactiva o enfrentaremos problemas más graves.

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