El 8 de julio, funcionarios del Ministerio Público allanaron varios inmuebles como parte de las pesquisas que inició la Fiscalía de Delitos Administrativos (FDA) luego de recibir una denuncia de ventas de medicamentos provenientes del IGSS en las afueras de dicha institución.

Entre los diversos medicamentos se encontraron antirretrovirales y se supo que las personas involucradas compraban los productos a afiliados que salían de las instalaciones del IGSS y que luego los revendían en distintos puntos de la Ciudad de Guatemala.

Desafortunadamente estas irregulares transacciones responden a una deficiente promoción de la gratuidad de la provisión de los medicamentos, por lo cual muchas personas acuden al mercado negro a adquirir los medicamentos, empujados también por el temor al estigma y la discriminación. Del otro lado,  quien vende dejará de tomar sus medicamentos, debido a la condición de pobreza o su desconocimiento de la enfermedad y el impacto que tiene el tratamiento antirretroviral.  Sobre este último punto nos extenderemos un poco más.

En la clínica del IGSS se entrega los medicamentos y se da a los usuarios y usuarias una ligera explicación de la infección que se les ha detectado. Luego, con lista de medicamentos en mano, la persona recientemente diagnosticada se dirige a la farmacia donde le darán una bolsa llena de medicamentos. Como la receta se entrega en farmacia, no le queda al usuario o la usuaria nada por escrito respecto de como tomar el tratamiento.

Por otro lado, es importante considerar que muchas personas que reciben medicamentos en el IGSS, no saben leer o tienen muy baja educación, lo cual limita también la comprensión del diagnóstico, el pronóstico de la enfermedad y el aspecto crónico de la misma si se cumple rigurosamente con el tratamiento.

El factor cultural también entra a tallar en la falta de adherencia. Todavía son muchos los casos en los que, ante un diagnóstico de “sida”, las personas van con el curandero de su lugar de origen a que les practiquen algún tipo de rezo, vudú o limpia, o también van con el pastor de sus iglesias a contarles sobre el diagnóstico. En todos los casos, la respuesta que reciben es muy parecida; “están curadas”, sea por un milagro o por un ácto mágico.

La falta de adherencia al tratamiento se vincula fuertemente a la sobrevivencia de las personas que viven con VIH. Manuel, un usuario del IGSS, anticipaba el problema en una conversación hace algunas semanas: “yo siempre me he preguntado por qué nadie escribe sobre tanta muerte que hay en personas con VIH y por qué no se lleva ninguna estadística creíble al respecto, además yo he visto que hay personas que se dedican a comprar el medicamento de otras, me surge la duda si no tendrá relación la compra del medicamento con las muertes de las personas”

Otro usuario con el que conversamos comentó sobre la irregularidad de las compras a usuarios: “yo conozco a una persona que se dedica a la compra del medicamento. Lo peor de todo, es que ya no esperan a abordar a las personas fuera de las instalaciones del IGSS, ellos entran a las clínicas y les ofrecen comprarle sus medicamentos, muchas acceden a venderlos, compraban todo tipo de medicamento que las personas quisieran vender, inclusive los antirretrovirales”.

La práctica no es nueva, desde que el IGSS ofrece a sus afiliados medicamentos contra el VIH ha existido este mercado negro. Quizá últimamente se hizo más evidente y motivó una denuncia ante el Ministerio Público.

A partir de esta investigación debemos esperar que el IGSS dé un mayor y mejor seguimiento a los usuarios que reciben tratamiento antirretroviral para asegurar la adherencia y la utilización del mismo.

Es importante señalar que el enfoque debe orientarse a garantizar el acceso de las personas al tratamiento y del derecho a la salud y no perseguir a los usuarios. Se trata de garantizar el acceso a las personas en un ambiente seguro, sin estigma ni discriminación, de manera que se reduzca el índice de muertes.

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