El pasado mes de junio, Colombia Diversa, organización dedicada a la defensa de los derechos de la población LGBT, presentó el informe “Cuando la guerra se va, la vida toma su lugar, en el que se compilan las violaciones de los derechos humanos contra gays, lesbianas y trans cometidos en Colombia entre los años 2013 y el 2014.

Activistas elaboraron el mural que da título al informe de Colombia Diversa

El informe evidencia un aumento en las agresiones contra las personas de la comunidad LGBT; mientras en el 2013 se registraron 194 casos, en el 2014 la cifra se elevó a 246 casos, para un total de 440 agresiones entre los dos años.

De esas 440 agresiones, 222 correspondieron a violencia policial, 164 a homicidios y 54 a amenazas y panfletos. Lo que convierte a la Policía en el principal agresor.

Se estima que de los 164 homicidios al menos 30 podrían deberse a prejuicios contra la orientación sexual o la identidad de género de la víctima, pero debido al pobre sistema de información que apenas hasta ahora empieza a sistematizar la variable de género, se presume que la cifra podría ser más alta.

Sin embargo, lo más preocupante es que una autoridad como la Policía, llamada a proteger a los ciudadanos, sea por el contrario, el principal agresor.

El estudio demuestra una tendencia al alza en lo referente a la violencia policial, ya que mientras en el 2013 se registraron 79 casos de este tipo y en el 2014 la cifra se elevó a 143, lo que indica unos niveles muy altos de intolerancia y de violación de los derechos humanos desde el propio Estado.

La violencia policial se concentra especialmente contra la población trans (110 casos que representan el 50% del total de las agresiones), y los hombres gay (41 casos que corresponden a un 18%).

La impunidad es la regla en todos los casos. Según Colombia diversa: “De los 222 casos de violencia policial reportados, solamente tres casos fueron denunciados, dos se encuentran en indagación y uno en sentencia condenatoria; en el resto de casos no se comenzó investigación penal”.

Los casos se concentren en las zonas económicamente más importantes de Colombia (Valle del Cauca, Bogotá y Antioquia), donde se supone que hay niveles educativos más altos y una mayor sensibilización frente a los derechos LGBT. Para los activistas es de especial atención el caso del Valle del Cauca; según Miguel Ángel Barriga, activista y político gay: “Desde hace décadas los crímenes por prejuicio y odio se concentran en el Valle de Cauca y con el paso del tiempo la situación empeora”.

Goles contra la intolerancia

Ante esta situación es claro que uno de los focos de intervención deben ser las propias autoridades y en especial la Policía Nacional. De ahí que el pasado 3 de julio varias organizaciones y activistas hayan organizado un partido de fútbol entre policías y población de los sectores LGBT. El encuentro se denominó Un Gol por la Diversidad y tuvo lugar en Manizales, una ciudad donde la violencia policial no es tan severa y que puede servir de ejemplo de convivencia para el resto de Colombia.

Para combatir la violencia se requieren acciones desde el gobierno y la sociedad civil, y sobre todo mucha educación en convivencia, como Un Gol por la Diversidad pretende ser. Iniciativas similares han sido aplicadas en otros países con relativo éxito. Esperamos que estas iniciativas pronto den frutos.

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