Por Francisco Olivares.

En el periodo 2010-2011, las personas aymara con VIH de la Región de Arica y Parinacota, en Chile, tuvieron una tasa de mortalidad de 9,1 por 100 mil habitantes, mientras que los no indígenas de 2,9. Esto indica que los aymara tienen hasta tres veces más riesgo de fallecer por esta causa, según datos aportados por la antropóloga Malva-marina Pedrero, asesora independiente del Ministerio de Salud (MINSAL) en estudios epidemiológicos con perspectiva sociocultural.

Tasas de mortalidad por VIH en Arica.

La profesional presentó estos antecedentes en un seminario organizado por dicho ministerio, en la ciudad de Arica, en julio pasado, que tuvo como fin generar una estrategia intercultural para enfrentar la situación del VIH y la tuberculosis en los pueblos indígenas de Chile, Perú y Bolivia, con la participación de dirigentes mapuche, rapa nui, quechua y aymara.

Si bien esta es la primera evidencia de una situación largamente supuesta por agencias internacionales respecto a los pueblos originarios, la prensa chilena no ha hecho eco de esta información que está disponible desde diciembre de 2013, en que la Secretaría Regional Ministerial de Salud (SEREMI) de Arica y Parinacota publicó los resultados de un estudio encargado a Pedrero sobre la situación de la salud de la población aymara.

Tanto Pedrero, como la SEREMI de Salud y las organizaciones aymara de la región, coinciden en que este primer dato abre muchas interrogantes para explicar sus causas y plantea la necesidad de organizar una respuesta sanitaria con pertinencia cultural: estudios etnográficos que permitan evidenciar cómo la cultura aymara percibe esta epidemia y cómo su sistema de salud y médicos tradicionales han asimilado esta infección de los “tiempos modernos”, así como estudios de caracterización de las personas aymara con VIH respecto a género, orientación sexual, diagnóstico y adherencia al tratamiento.

Paula Sívori (izq), Hortensia Hidalgo (centro) y Ángel Bolaños (der).

Ángel Bolaños, presidente de la asociación indígena Suma Qamañataki, dedicada especialmente a la prevención de la tuberculosis en personas aymara, conversó con Corresponsales Clave sobre esta situación y dijo que su pueblo no ha tomado conciencia de este problema y que eso se explica por factores culturales como el machismo y la necesidad de aparentar normalidad frente a la sociedad no indígena y así evitar el estigma y la discriminación racial.

“Varios de nuestros familiares están afectados directamente y ellos esconden la enfermedad. No la dan a conocer. No la conversan abiertamente porque piensan que han fallado a los indígenas. Piensan que no es la forma como los educaron nuestros padres”, afirmó Bolaños.

Corresponsales Clave también se entrevistó con Hortensia Hidalgo, coordinadora regional de Arica y Parinacota de la Red Nacional de Pueblos Originarios en Respuesta al VIH (RENPO). Ella recalcó que el trabajo de las organizaciones indígenas ha obligado al gobierno chileno a producir esta información sobre VIH y pueblo aymara y que falta mucho para derribar las barreras que impiden a su pueblo acceder a una atención de salud de calidad y con pertinencia cultural.

Hidalgo insiste en que los aymara con VIH que habitan en zonas lejanas o aisladas del altiplano tienen serias dificultades para acceder a su terapia antirretroviral que necesariamente deben retirar en el hospital de Arica, capital de la Región. A esto suma la baja percepción de riesgo de sus comunidades: “Por ejemplo, el uso del condón. Cuesta hablar del tema porque lo ven como si no les perteneciera y, evidentemente, no pertenece a la cultura, pero son afectados. Es un proceso lento, pero aquí no solo debe haber un trabajo de las organizaciones sociales, tiene que haber un trabajo del gobierno y tener esa perspectiva de identidad”, señaló.

Paula Sívori, encargada del programa de salud intercultural de la SEREMI de Salud de Arica y Parinacota, coincidió con Bolaños e Hidalgo en que la participación indígena en la construcción de estrategias sanitarias con pertinencia cultural es fundamental. No solo en el ámbito del diálogo intercultural sobre los significados subyacentes a esta enfermedad, su prevención y tratamiento, sino, por ejemplo, en la necesidad de transferir recursos a las organizaciones indígenas para que trabajen dentro de sus comunidades en esta temática.

Malva Pedrero recibe distinción de pueblos indígenas.

La profesional recordó que el Servicio de Salud de Arica, organismo descentralizado del MINSAL para coordinar la red asistencial, hace años transfería dineros a la asociación Suma Qamañataki para estrategias comunitarias de prevención de la tuberculosis. Comentó que una solicitud de los indígenas en el seminario de julio fue, precisamente, retomar ese tipo de trabajo conjunto.

La situación del VIH en Arica y Parinacota es preocupante. Es la región de Chile con la más alta tasa de VIH de todo el país, situación que ha determinado una respuesta gubernamental para enfrentar este problema pero que, lamentablemente, ha invisibilizado a las personas indígenas. En el centro comunitario financiado por el Gobierno Regional para la prevención y el testeo de VIH, denominado CRIPAC, no existe un facilitador intercultural para la acogida de las personas aymara, punto que también es reclamado por las organizaciones.

Para poder avanzar en una respuesta adecuada se hace imperativo que el gobierno internalice la necesidad de abrir espacios de participación y toma de decisión conjunta con el pueblo aymara y que, a la espera de los estudios que den más claridad sobre la problemática, se inicie un diálogo intercultural para partir con una respuesta sanitaria que se hace, a todas luces, necesaria en forma inmediata.

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