“Laura” es una mujer de 42 años a quien conocí en la marcha por el Día Internacional contra la violencia hacia la mujer que se realizó en Cochabamba el pasado 25 de noviembre; ella vive con el virus del VIH desde hace 10 años, se infectó con su ex pareja.

“Cuándo te dan un diagnóstico positivo pareciera que el suelo se te moviera y que todos tus sueños,  lo que siempre quisiste hacer se queda ahí, todo se acaba y en lo último que piensas es en que se puede continuar”, comentó.

En Bolivia de acuerdo al Informe Nacional de progresos de la Respuesta al VIH, por cada 17 hombres con VIH existen 10 mujeres con el mismo diagnóstico. La principal vía de transmisión es la sexual que corresponde a más del 90% de los casos, encontrándose un 3% en transmisión vertical y alrededor de 1% en cuanto a transmisión sanguínea. Cuándo se descubrió el VIH y el sida, era una  enfermedad netamente masculina; con el paso de los años cada vez más mujeres viven con VIH.

Existe una relación cercana entre VIH y violencia de género, cuando una mujer vive con VIH, en general se encuentra en una situación de violencia, por parte de su pareja, su familia, la sociedad y lleva consigo esa carga moral. “Al casarme con mi ex pareja él no vivía con VIH, me engañó, hay parejas que salen a flote a pesar de la infidelidad, comúnmente del marido y pueden llevar una vida aparentemente normal o para que nadie se entere y les miren feo, siguen juntos,  a pesar de un diagnóstico positivo, nosotros no pudimos”, dijo Laura.

Para la socióloga Irina Mendes un matrimonio no inmuniza a la mujer, “seguimos teniendo la idea errada de que una mujer casada está libre de todo mal, pues al casarse tendría protección económica, un respaldo social, lo que la mantiene aparentemente “segura” o protegida pero en la práctica no es así, caso contrario no estaríamos con alarmantes índices de feminicidio cometidos en la mayoría de los casos por la propia pareja y el incremento de casos de VIH en amas de casa”. De acuerdo a datos del Programa Departamental de ITS/VIH y Sida de Cochabamba los casos positivos en mujeres casadas o en concubinato, han ido en aumento estos dos últimos años, durante las gestiones 2013 y 2014 un total de 160 “amas de casa” que fueron sometidas a la prueba resultaron con diagnóstico positivo.

La lógica patriarcal que favorece más a hombres que a mujeres, estableciendo un mayor valor y poder de los hombres en las esferas política y productiva, dejando para las mujeres la esfera doméstica y reproductiva, persiste en nuestras sociedades, teniendo como resultado mujeres con menor acceso al trabajo asalariado, con estudios no concluidos, con menor acceso a la información y al cuidado de su salud.

“El machismo,  contribuye  a que se propague el VIH,  una mujer con escasa información, tendrá escasas posibilidades de protegerse del virus, no hará la negociación del sexo y prácticas seguras con su pareja o esposo por temor a cuestionamientos o violencia física, muchas mujeres saben que sus esposos les han sido infieles y a pesar de ello no se atreven a negociar el uso del condón en las relaciones sexuales”, mencionó Mendes.

Si la situación es a la inversa, la mujer sufre de igual manera violencia y lleva consigo la mencionada “carga social” que la culpabiliza: “la sociedad cuestiona a la mujer que vive con VIH considerándola libertina, se tiene aún la idea de que si la mujer contrajo el virus es por la desenfrenada vida sexual que lleva, por ello se cree que todas las trabajadoras sexuales tienen VIH o alguna ITS; si una mujer tiene el virus recibirá de igual manera la reacción violenta de su esposo, pareja, la familia y la sociedad”, comentó Mendes.

“Asumí que el VIH está en mi vida y aprendo a vivir con él, formé parte de organizaciones dónde conocí a otras mujeres en situación similar a la mía hoy en día estoy un tanto alejada de eso y retomé mis estudios; quiero concluir mi licenciatura en pedagogía porque considero que se puede y debe seguir viviendo”, concluyó Laura.

Son numerosas las campañas, es grande el trabajo que se ha realizado hasta ahora para hacerle frente al VIH y el sida en el mundo, pero siempre falta más, en muchas acciones las ideas se basan únicamente en la conceptualización del VIH y la prevención, enseñando a las personas el uso correcto del condón masculino, pero no se va más allá. En países predominantemente machistas como los nuestros, nos falta aún mucho por hacer al momento de analizar y trabajar el VIH desde una perspectiva de género, viendo las desigualdades económicas entre hombres y mujeres, la violencia que viven las mujeres y la vulnerabilidad de estas frente al VIH.

Muchas mujeres en el mundo al igual que Laura, después de conmemorar un 25 de noviembre lleno de pedidos por la equidad de género y una vida sin violencia, esperamos un 1º de diciembre con similar agenda y con la esperanza de que todas y todos podamos comprender que nuestros cuerpos son nuestros territorios, que deben estar libres de cualquier tipo de violencia y que debemos poder trabajar con nuevas miradas ante la desigualdad de género y su vinculación al VIH.

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