En una ruca (vivienda tradicional mapuche) levantada en la comuna de La Pintana, Región Metropolitana de Santiago de Chile, un centenar de jóvenes indígenas y no indígenas fueron convocados por la asociación indígena Kiñe Pu Liwen, a dos seminarios para la prevención del VIH/SIDA y del embarazo adolescente no planificado.

Juana Cheuquepán, educadora comunitaria, y María Colipe, lawentuchefe, de la asociación indígena Kiñe Pu Liwen.

Las actividades fueron lideradas por Juana Cheuquepan Colipe, educadora comunitaria, que, en alianza con el centro de salud familiar (CESFAM) “Pablo de Rokha” y los departamentos de educación y de salud de la Municipalidad de La Pintana, buscó dar una respuesta al VIH desde el rescate del sistema médico mapuche y sus tradiciones culturales.

En un contacto con Corresponsales Clave, Cheuquepan detalló que en este desafío, iniciado el 2005, trabaja junto a su madre María Colipe, lawentuchefe, que es la denominación mapuche para el médico que sana con las propiedades curativas de plantas y otros recursos de la naturaleza.

El último de estos seminarios fue el 20 de noviembre y buscó que los adolescentes, entre 12 y 15 años, reflexionaran sobre las costumbres mapuche vinculadas a la familia y la vida en pareja que involucran un mensaje para el autocuidado y la recuperación de factores protectores frente al VIH  y que, a juicio de Cheuquepan, se han perdido en la migración a las ciudades.

Desde su perspectiva, en las escuelas de La Pintana, los adolescentes no reciben información para prevenir las infecciones de transmisión sexual; por ello su deseo es comprometer a ese municipio para que estas actividades interculturales se hagan de forma permanente todos los años y con más frecuencia.

Corresponsales Clave: Doña Juana, ¿cuál es el aporte de la cosmovisión mapuche y de su sistema médico en el entendimiento de la problemática del VIH?

Juana Cheuquepan Colipe: En el caso del pueblo mapuche, nuestra visión es totalmente diferente. Por ejemplo, el tema de la sexualidad, antiguamente, era un tabú. Entonces, para nuestros abuelos no era un tema. Cuando se veía que los jóvenes necesitaban tener una polola (enamorada), los padres intervenían en esa parte para buscarle una polola. Hay costumbres que, a la fecha, ya no existen. Estando en la ciudad, el mapuche actúa como cualquier otra persona: el tema de salir, ir a fiestas, estar picando por aquí y por allá, no hay diferencia. Se ha perdido gran parte de la costumbre en relación a la reproducción y la sexualidad. Entonces, ¿qué hacemos las asociaciones indígenas que contamos con espacios?: Estamos haciendo una recuperación de la memoria para ir aportando con este conocimiento a la sociedad no indígena.

Seminario de prevención del VIH en la ruca Kiñe Pu Liwen, en La Pintana, Chile.

CC: En el fondo, ¿estas costumbres mapuches que se han olvidado en las ciudades pueden ser un factor protector frente al VIH tanto para indígenas como no indígenas?

JCC: Claro, porque hay mucho que seguir rescatando y descubriendo de nuestra cultura para ser un aporte de prevención. Porque los pueblos indígenas tenían su propio sistema de prevención, de autocuidado, que hoy día no se puede practicar en las ciudades porque se ha ido perdiendo.

Lo que explica Cheuquepán puede iluminar el hecho que las personas mapuche, en Chile, tienen más riesgo de morir a causa de VIH que las no indígenas, de acuerdo a la información epidemiológica levantada por la antropóloga Malva-marina Pedrero. Por ejemplo, los mapuche williche, cuyo territorio está en las regiones de Los Ríos y de Los Lagos del estado chileno, tienen una tasa de mortalidad por VIH de 1.8 por 100 mil habitantes y los no indígenas de 0.8.

En este contexto, la dirigente critica que en el trabajo de respuesta al VIH, tanto del gobierno como de las agencias internacionales, los pueblos indígenas no existen, no son visibles y, por lo tanto, no se recoge la opinión de sus organizaciones; a pesar de que este año han habido algunos avances como la decisión del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile de elaborar dos informes, uno de la sociedad civil y otro de pueblos indígenas, sobre conversatorios sobre VIH y derechos humanos.

“Por ejemplo, ha pasado esto en los informes que entregan. No aparecen los pueblos indígenas. Solamente dicen: un encuentro entre el estado, las agencias internacionales y la sociedad civil. Entonces, los pueblos indígenas siempre estamos invisibles, como que no participamos en esos eventos, como que no hay interés de los pueblos indígenas en este tema. ¡Mentira!, porque siempre estamos ahí, interviniendo, entregando opiniones. Sin embargo, no las recogen”, aseveró Cheuquepán.

Tasa de mortalidad de VIH por pueblo indígena de Chile. Fuente: Malva-marina Pedrero, 2015.

Para ella, este escenario agrava la vulnerabilidad de los pueblos indígenas frente a la pandemia. “Mientras no se visibilice, nuestros hermanos no van a aceptar esta enfermedad, que está avanzando bastante en nuestros pueblos. (…)Para nosotros es complejo (trabajar en VIH) porque los hermanos que trabajan en interculturalidad dicen que esta es una enfermedad winka (de las personas no indígena), que no es una enfermedad mapuche”, manifestó.

Por lo mismo, el activismo de la asociación indígena Kiñe Pu Liwen debería ser insumo para llevar la reflexión del Día Mundial de Respuesta al VIH al ámbito de las poblaciones clave que permanecen sin voz y que, por lo mismo, son las más vulnerables, tales como los pueblos indígenas en todo Latinoamérica.

Las agencias internacionales deben convocar a los estados a levantar información epidemiológica con perspectiva intercultural para tener una visión exacta del impacto del VIH en estas comunidades y, desde ahí, impulsar un diálogo intercultural entre los indígenas y los servicios de salud que dé sustento a las ambiciosas metas para poner fin a la epidemia el 2030

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