Por tercer año consecutivo se llevó a cabo en la Ciudad de México un evento peculiar: una marcha del orgullo LGBTI en enero. Sí, en enero. Pero no es el hecho de que haya sido a principios de año lo único que la hace diferente, también en Chile se llevará a cabo una marcha este mes justo antes de la temporada de carnavales. Lo que hace que esta marcha sea particular es su motivación y su fundamento. Más allá de que no tenga el origen de la Marcha del Orgullo LGBTI, que desde 1979, en México lucha por los derechos de una comunidad tan diversa como universal, esta marcha escenifica el sentir de una gran parte de la sociedad, de esa población heteronormada que refleja sus más profundos temores en una doble moral que guía su conducta en cada situación y cada aspecto de la vida.

La cita fue a las tres de la tarde. Poco a poco fueron llegando algunos participantes que se concentraron en el Ángel de la Independencia. Entre quinceañeras y recién casados, lo único que hacía notar el orgullo LGBT eran unas discretas banderas arcoíris que portaban algunos jóvenes ahí reunidos.

Más concurridas estaban las bancas que rodean el monumento sobre Paseo de la Reforma. Muchas personas pertenecientes a la población lésbica y gay observaban tímidamente “desde la barrera”, mientras decidían si se integraban o dejaban su imagen impoluta ante la opinión pública.

Es esa timidez la que contrastó rotundamente con la festividad que conlleva una marcha del orgullo, y es lo que hace evidente la división que se puede generar en el colectivo LGBTI cuando la homofobia interna marca nuestras ideas y nuestro comportamiento.

Alrededor de las 4:20 de la tarde partieron de forma separada dos contingentes. Ambos constituidos por jóvenes y algunos de sus familiares. Alrededor de treinta personas en ese contingente, aunque el organizador contó a ciento treinta, a los que agradeció en su cuenta de Facebook. Convencidas de que su aspecto era muy discreto, algunas personas llegaron a criticar a aquellos espectadores que les parecieron “exhibicionistas”, como fue el caso de unos jóvenes con la cara maquillada.

El otro contingente, con un poco más de integrantes, estaba conformado también por hombres y mujeres jóvenes y liderado por un joven con pantalón rojo y tacones. Eran más festivos y se alejaban un poco de los cánones establecidos por los organizadores de esta marcha.

La convocatoria de la Marcha Movimiento LGBTTTI “Soy Ciudadano como tú”, organizada principalmente por Uriel Juárez, oriundo de Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, indicó que “el objetivo (era) crear conciencia sobre el rechazo y violencia que generan los mismos miembros de la comunidad LGBTTTI al exhibirse durante las marchas del orgullo gay”.

Más aún, en sus pronunciamientos, el organizador habría usado un símil para este “exhibicionismo gay” con la forma de vestir de las mujeres, pues señala que es parecido el caso, pues ellas, al usar minifaldas, están provocando que se les agreda, pues “no se respetan a sí mismas”.

Es en estos discursos y en la conducta de los organizadores donde se demuestra la doble moral o simple homofobia.

Por su parte, el activista y sociólogo Charlie dos veces López, miembro del equipo de difusión de la Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México, señaló que esta marcha cae en un acto discriminatorio y violatorio de los derechos humanos, y propuso en entrevista al blog “El Big Data” que se sensibilice a los organizadores en temas de homofobia y transfobia interiorizada.

Pero más allá de opinar acerca de las personas que organizan este asunto, y que recuerdan irremediablemente a varios personajes de la política, principalmente, pero no exclusivamente, de aquellos de los partidos conservadores, hay otros aspectos los que generan preocupación y sobre lo que se debe reflexionar. Los enunciados que dieron a conocer los organizadores son los mismos que postula una sociedad que poco a poco entiende que es políticamente incorrecto discriminar a la población LGBT, “PERO que no estén exhibiéndose”, “PERO que no los vean los niños”, “PERO que no se metan conmigo”, etc. El discurso homofóbico está impregnado en este grupo de personas que desean que se les reconozca como ciudadanos pero que están dispuestas a ajustarse a las normas que marca la sociedad y, quien no desea o no puede cumplir con esos requisitos, quedará relegado a ser ciudadano de segunda categoría.

Segundo. Todos pasamos por un cambio en nuestra forma de pensar. Si en los medios de comunicación, en la iglesia, la familia, la escuela, el equipo de fútbol, nos dicen que el ser diferente, pero más aún el ser maricón es degradante, y se expresa homofobia hasta en la forma de hablar; las personas LGBTI, al darnos cuenta de que somos diferentes, reproduciremos esa homofobia hacia nuestra propia persona. Los seres humanos queremos encajar en nuestro entorno. Que ese mismo discurso venga de un sector de la comunidad LGBTI puede ser muy dañino para muchas personas.

Hay un proceso desde esa homofobia interna hacia el reconocimiento de nuestro valor como personas y el orgullo de ser uno mismo. Cuando el discurso se centra en querer encajar en el mundo heteronormado y patriarcal, estamos en la fase primitiva de nuestra evolución como personas, y de nuestra evolución como miembros de la población LGBTI.

Tercero. La discriminación entre las mismas personas gays, lesbianas, trans, también persiste, es muy triste y hasta desesperanzador. Somos personas que hemos sufrido discriminación, pero a la vez buscamos eso que los demás tienen para discriminarlos. Si la sociedad nos ha marcado una forma “adecuada” de ser ciudadano, con discursos como los de esta marcha, estaríamos buscando una forma “adecuada” de ser LGBTI. Lo que no se ajustaría a esa norma de ser gay, no concuerda con lo que debería ser un ciudadano.

Entre el colectivo de la diversidad se discrimina a las trans, a los pasivos, a las metreras, a los pobres. Parece que un sector estaría respondiendo a la discriminación de la sociedad con más discriminación, cuando la clave sería la resiliencia, la solidaridad y entonces aprender a convivir y respetar a los demás con sus similitudes y diferencias. Así seríamos realmente ejemplo para el resto de la sociedad.

Más allá de las leyes que se han reformado principalmente en la Ciudad de México, aún no se ha logrado cambiar a fondo las conciencias de la población en general y la homofobia interna que demuestran estas iniciativas son la muestra clara de que el activismo en México aún no ha permeado significativamente la sociedad.

Esta marcha demuestra la polaridad de nuestra sociedad, incluso al interior de la población LGBTI ya que en los dos ámbitos lo que menos prevalece es el respeto y la congruencia. Queda mucho por hacer para que la letra de nuestras leyes de avanzada se traduzca en una mejor convivencia entre todos.

Fotos: Facebook

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