En diciembre de 2015 se concretó el cambio del gobierno nacional y los gobiernos provinciales en la Argentina, resultado del triunfo en las urnas de un frente electoral denominado “Cambiemos”, liderado por el PRO – un partido (autodenominado) liberal o de centro (derecha). Con esta alternancia en el ejecutivo nacional concluyó un periodo de 12 años de gobierno de Néstor Kirchner, primero, seguido de dos mandatos consecutivos de Cristina Fernández de Kirchner. Más de una década de un gobierno nacional y popular que, entre otras cosas que podemos destacar, cristalizó una agenda integral de derechos humanos que incluyó, por ejemplo, la sanción de las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género, iniciativas impulsadas desde la sociedad civil.

Mauricio Macri, el nuevo presidente de Argentina (Foto: El País)

En el ámbito sanitario, el saldo ha sido muy positivo, pues aun cuando ninguno de los presidentes Kirchner haya mencionado nunca la palabra VIH o sida, las políticas nacionales en esta materia fueron progresivamente mejorando hasta alcanzar un buen nivel de calidad y sostenibilidad. Al menos, el tema estuvo siempre considerado como una prioridad presupuestaria y un área técnica preservada de lo político que, salvo algunos episodios que hemos reflejado en Corresponsales Clave, transitó con una cobertura casi universal de tratamientos para el VIH; con algunos déficits -sin duda-, pero comparado con la media regional, un ejemplo a seguir.

Ante la incertidumbre generalizada, en las primeras semanas del nuevo gobierno, varios referentes de la sociedad civil, de las personas con VIH y los profesionales de la salud argentinos manifestaron al nuevo Ministro de Salud,  Dr. Jorge Lemus, un contundente respaldo a todo el equipo de la Dirección Nacional de sida y a su director, el Dr. Carlos Falistocco, que vienen gestionando hace más de una década este sensible programa (con algunos cambios de ministros y transiciones presidenciales). Un equipo, que lejos de bajar la guardia y quedarse en la inacción ante la dudas del cambio, inició, en forma histórica, la distribución del tratamiento para personas con Hepatitis C, un compromiso urgente y pendiente.

Del otro lado del escritorio

Durante las administraciones Kirchner, el Estado argentino tuvo una capacidad sobresaliente de atraer y contratar talentos: profesionales y activistas experimentados que antes revistaban en la academia y la sociedad civil. Esto permitió jerarquizar y profesionalizar áreas sensibles de la gestión pública y desmitificar algunos prejuicios sobre el empleo público. Pero al mismo tiempo, se reclutó un número importante de militantes de todos los partidos políticos cuya labor podía ser retribuida en algún grado con un empleo en oficinas públicas. En cada área y en cada tema, los que trabajamos en esto, hemos podido distinguir la meritocracia del nepotismo y la dedocracia. Parece que el nuevo gobierno no tendría la misma capacidad de discernimiento.

El lado positivo de este fenómeno de cooptación fue que ministerios, programas nacionales, municipales y provinciales, comisiones legislativas y entes de control del Estado se beneficiaron del conocimiento y del compromiso de la gente que realmente sabe. El lado menos positivo fue que muchas ONG, universidades  y otras organizaciones de la sociedad civil sufrieron la sangría de sus cuadros técnicos y políticos. Y esto se dio en todas las temáticas donde las organizaciones del tercer sector son tan necesarias. Muy similar al proceso que vivió, una década antes, el Brasil.

“No es fácil ser ONG cuando el gobierno tiene el corazón en el lugar correcto”, decía un colega, y tiene mucha razón. Si me disculpan la simplificación, el “buen gobierno” plantea un nuevo paradigma en el abordaje que requiere de “trabajar con”, porque es posible, a “trabajar en contra de”. Sin embargo, hasta el mejor gobierno del mundo se equivoca, requiere control y veeduría social y en eso, como sector, flaqueamos. Quizás hubiera sido una mejor gestión con una sociedad civil fuerte y activa. Algunas organizaciones, como las ambientalista, por ejemplo, sufrieron en carne propia el costo de la disidencia, en contextos, en ocasiones cuasi-fanáticos, donde criticar o denunciar fue leído por algunos sectores como actitudes desestabilizadoras.

Argentina bipolar

El resultado del balotaje, muy ajustado, con una diferencia de 3 puntos entre ambos candidatos, es la más clara evidencia que el país estuvo polarizado, fuertemente dividido. Como otros países de la región, hemos visto en todos los “bandos” actitudes intolerantes. Para polarizar, como para pelearse, hacen falta dos.

Como la alternancia entre demócratas y republicanos, o laboristas y conservadores, volvió al mapa político argentino un gobierno en las antípodas del saliente, pendulando más a la derecha que al centro (si estas categorías aún sirven para describir algo).

Una administración que entra y necesita mostrar “gobernabilidad”(poder para gobernar), quizás la que no obtuvo en un resultado ajustado en las urnas; que carece de suficiente respaldo parlamentario y que inauguró su primer mes de gestión con una andanada de decretos presidenciales y ministeriales, muchos de los cuales cuestionan y contradicen leyes y estructuras existentes.

En las primeras semanas, el gobierno ha puesto en la calle a decenas de miles de empleados de oficinas públicas en los ámbitos nacionales, provinciales y municipales, una práctica muy habitual en las transiciones presidenciales en nuestra región, pero a una escala nunca antes vista. Es un gran “ajuste” y una “caza de brujas” y, sin querer minimizar el impacto que estos despidos tendrán en miles de familias, debemos mencionar que han despedido funcionarios a mansalva, sin criterio, sin distinguir los “talentosos” de los “acomodados”. Y esto en sí mismo, además de vulnerar una serie de derechos laborales, en lo inmediato, afecta la calidad del servicio que el Estado brinda a sus ciudadanos.

En el vertiginoso frenesí diario de restructuraciones, recortes, decretos y despidos es difícil saber qué quedó, qué sigue y qué se perderá. En poco más de un mes hemos registrado denuncias sobre el cierre de programas y dependencias clave para nuestro trabajo, por decisión u omisión (en los nuevos organigramas). Por citar uno de los ejemplos que disparó este artículo, el día de ayer, las organizaciones de mujeres alertaron sobre el eventual desmantelamiento del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, como resultado de un cambio en la estructura del Ministerio de Salud por un decreto firmado por el presidente el 12 de enero y publicado el 13 en el Boletín Oficial.  Esto fue desmentido el mismo día, pero al momento de publicar este editorial no se ha confirmado el lugar donde funcionará el programa. Para mas información leer el artículo del diario local Página 12.

Rompiendo la espiral del silencio

Esto recién empieza y se puede complejizar. Todas las acciones y tácticas son válidas para vigilar, controlar y denunciar, tanto en las redes sociales como en las calles, estos son ámbitos propicios y necesarios. Pero también, necesitamos pensar estrategias de veeduría más proactivas y sistemáticas que nos permitan entender mejor el contexto, los cambios y sus consecuencias, que nos ayuden a fortalecer una relación con los medios de comunicación tradicionales para superar el silencio reinante.

La construcción empieza por casa; para ello necesitamos reconstruir nuestras redes de  colaboración y asocio, sin subestimar los efectos de la polarización. Hay mucha gente que ha quedado dolida pero silenciosa; pero hay muchos más puntos en común sobre los derechos a defender que las cosas que nos dividen. Entre los exponentes más extremos y fanáticos a favor o en contra de ambos gobiernos, hay de seguro un degradé muy rico de gente que comparte los principios básicos y valores necesarios para defender a todos y todas las ciudadanas y no dar un paso atrás en todos los derechos realizados, ni perder ninguna de las vidas salvadas.

Tengamos en cuenta que a cualquier gobierno le favorece una sociedad civil débil, dividida y deprimida. Mejores estrategias y más colaboración van a ser necesarias, sin que debamos pasar exámenes de confesión religiosa (e ideológica). No se trata de lavar lo que creemos y defendemos, sino buscar los puntos de encuentro tejiendo nuevas redes.

En el 2009 empezamos con Corresponsales Clave, compartiendo historias, noticias y opiniones de lo que pasa en la respuesta al VIH y otros temas relacionados, tratando siempre de incidir políticamente sin hacer política partidaria, un gran esfuerzo editorial. Espero que este artículo haya logrado el mismo efecto. En cualquier caso es una posición personal.

Además, en el equipo de Corresponsales Clave nos gusta el arco iris, no nos interesa lo que nuestros colegas votan o donde militan, sino buscar y encontrar aquellos ejes comunes, compartidos, para la promoción y defensa de los derechos humanos, entre ellos el derecho a la salud.

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