Al menos dos hospitales públicos de Chile están trabajando activamente para dar pertinencia de género a la atención de personas con VIH. Se trata de los hospitales Dr. Juan Noé en Arica, ciudad en el extremo norte del país, y San Juan de Dios en la capital, Santiago, que han implementado policlínicos de atención exclusiva para las mujeres que viven con esta enfermedad.

Equipo del policlínico de VIH del Hospital San Juan de Dios en Santiago de Chile.

En el Hospital San Juan de Dios, Patricia Vásquez, cuya especialidad es la infectología, fue la pionera con esta idea, el año 2010, con el objetivo principal de ofrecer en un solo punto todas las atenciones que requieren las mujeres, no solo en VIH, sino en salud sexual y reproductiva, y en la prevención de cánceres ginecológicos.

Por su parte, Ana Miles, médico al servicio del Hospital Regional de Arica Dr. Juan Noé, recogió esta iniciativa y la empezó a replicar hace cuatro meses, citando solo a mujeres en el policlínico VIH una vez a la semana. Con esto pretende ofrecer un espacio más cómodo a las usuarias y motivar al equipo de salud a asumir una perspectiva de género en su trabajo.

Para ambas profesionales avanzar en esta línea era necesario en la medida que, en Chile, las mujeres heterosexuales con pareja única están entre los grupos vulnerables a la pandemia, así mismo responden a la cultura machista del país que pone trabas para un diagnóstico oportuno y para mantener la enfermedad en control médico y con terapia.

Patricia Vásquez, miembro de la Sociedad Chilena de Infectología, comentó a Corresponsales Clave que su experiencia piloto surgió para mejorar la adherencia al tratamiento y para dar una atención integral a la mujer. Lo último, dijo, implicó concentrar en el hospital prestaciones de la atención primaria de salud, como exámenes de Papanicolau (PAP) y mamografía, métodos anticonceptivos, y apoyo en la menopausia y en la nutrición.

Equipo de la UNACESS del Hospital Regional de Arica Dr. Juan Noé, en el extremo norte de Chile.

“Tratamos de derivar lo menos posible, es decir, hacerles la vida más fácil. Porque habitualmente las mujeres tenemos que ocuparnos de todo: ir a comprar, cuidar a los niños y al marido, somos multifuncionales”, enfatizó.

Ana Miles, médico de familia y dirigente de SIDA Chile, declaró a Corresponsales Clave que tener un policlínico para mujeres ha respondido al hecho que postergan sus tratamientos frente a sus responsabilidades como jefas de hogar o amas de casa, a lo que agrega el alto impacto emocional del diagnóstico, que tiene que ver con la infidelidad o bisexualidad de su pareja heterosexual, como con el estigma social vinculado a la supuesta promiscuidad o la vinculación del VIH en mujeres dedicadas al trabajo sexual.

Junto a esta contención, la médico afirmó que la citación diferenciada por género permite que las mujeres se sientan más cómodas por cuanto temen que los hombres heterosexuales, en la sala de espera, las identifiquen y discriminen. Asimismo, dijo que las mujeres trans invitadas a este policlínico se sienten reconocidas y valoradas en su identidad de género.

“Cuando les he preguntado a las mujeres de qué les sirve el policlínico, me han dicho que con los hombres gay hay confianza, porque sienten que ellos no van a hablar afuera, pero con el hombre hetero sí sienten otra cosa: desconfianza y pudor. Además, no quieren cruzarse con sus ex parejas que están en control”, aseguró Miles.

Sandra Bravo, activista en derechos humanos y género.

Sandra Bravo, activista en derechos humanos y dirigente de la Casa de Encuentro de la Mujer (CEDEMU) en Arica, tiene una visión crítica respecto a estas iniciativas, en la medida que, a su entender, una respuesta al VIH con perspectiva de género debe hacerse cargo de los prejuicios que aún existen en los equipos de salud frente a las féminas.

En conversación con Corresponsales Clave, dijo que persiste la violencia de género, la violencia obstétrica y la desinformación. Detalló que se mantiene la imagen de la mujer con VIH como promiscua o trabajadora sexual; lo que se suma a que no se asume que el inicio de las relaciones sexuales, en todos los géneros, es entre los 11 y 13 años.

Bravo acotó que aún falta mucho por avanzar en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con VIH, en especial en lo que respecta a elegir libremente el embarazo, y en el hecho que las personas heterosexuales con pareja única aún no se perciben como población en riesgo.

“Respecto a la calidad de atención, no es la solución agruparlas para dar la imagen de facilitar las cosas. Esto pasa por tomar en cuenta la historia de vida de cada mujer. Cada una de nosotras es un mundo. Da lo mismo si es más confortable el lugar si el profesional de la salud no asume una mirada de género en su trabajo”, recalcó Bravo.

Si bien las guías clínicas del Ministerio de Salud de Chile incluyen recomendaciones específicas para la atención de mujeres con VIH, llama la atención que los hospitales públicos, que son 186, no asuman, todos, el desafío de la mirada de género con una población que se autoposterga por el rol histórico en los hogares y por la subordinación frente a lo masculino.

La citación diferenciada por género en las unidades de atención y control en salud sexual (UNACESS) de estos establecimientos puede ser un primer paso que debe sumarse a una intervención en los equipos de salud, en todos los ámbitos: urgencias, pacientes críticos, maternidad, que respondan a las diferencias que hay entre mujeres y hombres.

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