Perder la libertad (de tránsito) conlleva varios cambios en la vida de una persona, la escasa o nula comunicación con la familia, el estigma social, el modo de vida diferente, las condiciones de hacinamiento y precariedad de los recintos penitenciarios, son algunas de las situaciones a los que muchos se enfrentan. Si a estas le añadimos que la persona  vive con el VIH o forma parte de la población LGTB, o ambos, la situación se hace más difícil.

“Miradas Libres” es el estudio realizado en el 2015 por la “Asociación con Alas Propias” (ASCAP) en alianza con la “Asociación un Nuevo Camino” (ASUCAMI) y el apoyo de la Fundación Construir. El estudio refleja la realidad de estas poblaciones vulnerables privadas de libertad en el área andina del país. José Luis Maldonado Manzaneda coordinador del proyecto señala que se cuenta con registros de que existen aproximadamente 41 personas con VIH en los recintos penitenciarios de los tres departamentos: “con respecto a la población LGTB, se nos presentó una situación muy interesante y llamativa  a la vez, cada centro penitenciario tiene un concepto un tanto sesgado y hasta propio con respecto a diversidad sexual, también vimos que los funcionarios de los recintos poco conocen de la temática y en algunos casos, con una homofobia muy evidente, niegan su existencia”, señaló Maldonado.

VIH en las prisiones

El estigma social es uno de los problemas a los que muchas personas que viven con VIH (PVV) se enfrentan a diario, en los recintos penitenciarios la situación no es distinta, los privados de libertad pasan por situaciones discriminatorias de parte de otros reclusos y personas que los rodean, principalmente por la falta de información que se tiene sobre el VIH.

El estudio refleja que Bolivia cuenta con muy pocas políticas que respondan a la realidad de estas personas, el único instrumento jurídico es la Ley 3729; respecto al tema de salud Maldonado comenta que “sí existe la medicación  respectiva para los PVV privados de libertad, la cual es gratuita en nuestro país incluyendo también todo lo que significa la prueba de detección del virus. Sin embargo no existe un programa de prevención del VIH de forma interna en los recintos penitenciarios ni a nivel público, como los de la cooperación internacional que trabajan con las poblaciones -ya sean de HSH, gais y bisexuales-, o de salud sexual u otros similares. Y si en algún momento se dan, son en fechas esporádicas. También otro punto que nos llamó la atención es que si bien existe la medicación no hay un seguimiento a la adherencia de las PVV privadas de libertad, como en particular el caso de Qalahuma, donde existen población PVV pero la lejanía del recinto dificulta el trabajo. También se sabe que el hacinamiento penitenciario es una realidad de nuestro país y vemos con preocupación la confección TB-VIH que está presente en estos lugares”.

Maldonado también señala que a nivel jurídico se debe realizar una sensibilización en lo que concierne a la defensa pública sobre estas temáticas que aún están cargadas de prejuicios

Población LGTB

A pesar de los grandes avances sociales, hay temas “sensibles” que siguen siendo un tabú en nuestra sociedad y forman parte de la lucha de muchas personas que buscan sus reivindicaciones, el colectivo LGTB es uno de ellos, pero su lucha no se hace sencilla y muchas veces deben vivir bajo el anonimato pues la sociedad es discriminadora hasta dentro de una prisión, uno de los testimonios que recoge el estudio nos da un ejemplo de ello: “Disimularlo… o sea tratar de disimular con todos y con los que saben de tu orientación sexual, tratar de que se borre eso. Eres masculino, pero tienes que portarte tal cual y no puedes portarte afeminado porque en ese momento ya empiezan a surgir problemas con los reos, con los guardias…”

La violencia está muy marcada dentro de los recintos penitenciarios, esta se manifiesta como violencia psicológica, física, sexual e institucional. Tan pronto se evidencia la orientación sexual de una persona, se genera desconfianza en el resto de la población carcelaria, independientemente si están en módulos femeninos o masculinos, dándose lugar a actos violentos hacia ellos y ellas.

Respecto al trabajo sexual por parte de algunas personas en estos recintos, Maldonado señala, que es necesario que se aborde el tema ya que en principio se niega su existencia.

Son muchas las historias que se podrían contar al respecto de la vulneración de derechos y otras tantas que se desconocen debido a que están invisibilizadas porque la persona con distinta orientación sexual vive bajo el anonimato, no muestra su identidad tal cual es por temor.

Como menciona Roberto Condori Carita del movimiento “MARICAS BOLIVIA” respecto de esta investigación: “las cárceles son el espejo de nuestra realidad, si aquí nosotros como LGTB y PVV aún no hemos podido conquistar derechos, imagínate ahí adentro”.

¿Qué hacer?

El estudio, entre otros aspectos, propone generar protocolos de ingreso a los recintos carcelarios para las poblaciones LGTB y PVV; protocolos de atención en salud en el marco de la garantía de sus derechos; se recomienda también formar promotores de salud de entre los internos para generar conciencia sobre prácticas sexuales de riesgo y de ese modo prevenir nuevas infecciones.

El coordinador menciona que el estudio es “un punto de partida, minúsculo pero decisivo, y una gran llamada de atención y autocrítica para aquellos que pregonamos los DDHH de la población LGTB y PVV, muy indistintamente de nuestras líneas de trabajo. Creemos que hay un gran campo, casi virgen, que no ha sido explorado porque somos punitivos y todavía tenemos prejuicios muy enraizados”.

La asociación espera poder extender el trabajo al eje troncal del país donde se concentra más población privada de libertad, así como socializar y sensibilizar con el estudio a todas las estructuras involucradas, universidades, agencias de cooperación, estado y población en general.

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