Entre 2003 y 2009, el Fondo Mundial financió a Chile para apoyar la respuesta al VIH, tanto desde el Estado como desde las organizaciones de la sociedad civil, principalmente en los ámbitos de financiamiento de campañas de prevención, compra de preservativos y del tratamiento antirretroviral para las personas con sida.

Dado que los indicadores macroeconómicos de Chile lo ubicaron entre los países que podían financiar estos programas y debido, por qué no decirlo también, al escándalo medial que hubo por irregularidades denunciadas por organizaciones LGTB chilenas sobre el mal uso de los recursos del Fondo, no hubo más dineros destinados al país.

Es cierto, el Estado chileno hace una década financia el tratamiento universal del VIH-SIDA a través del sistema de garantías explícitas en salud (GES) y su Ministerio de Salud lanza anualmente una campaña nacional de prevención; sin embargo, la pandemia no está en retroceso y hay poblaciones clave que están en las mismas condiciones que los países más pobres de la región.

Una situación alarmante es la que viven los pueblos indígenas que tienen sus territorios dentro de Chile. Los determinantes sociales que los afectan: pobreza, bajo nivel educacional, barreras de acceso culturales a los servicios de salud, pérdida de su territorio, de su lengua y de sus sistemas médicos, han hecho que tengan más riesgo de morir por VIH que el resto de la población chilena.

Así lo indicó un estudio epidemiológico con enfoque sociocultural, de carácter preliminar, realizado el 2015, por la antropóloga Malva Pedrero, con bases de datos financiados por el Ministerio de Salud, y que ha sido validado por la Red Nacional de Pueblos Originarios en Respuesta al VIH, RENPO.

A pesar de esta evidencia, que ha sido presentada por los mismos pueblos indígenas agrupados en torno a RENPO y otras organizaciones tanto al Gobierno y sus autoridades de salud, como a ONUSIDA, la OPS y al PNUD, las primeras naciones no existen en ninguna actividad específica de la respuesta nacional al VIH, ni del Estado ni de las organizaciones de la sociedad civil que lideran el tema.

Lo mismo sucede con la tuberculosis: los pueblos originarios enferman y mueren más por esta causa -hasta dos veces más que el resto de la población- a pesar que el tratamiento es universal y gratuito desde hace décadas.

¿Debe volver el Fondo Mundial a Chile? Sí, porque debe apoyar aquellas comunidades tan marginalizadas que son omitidas de los planes de respuestas nacionales. El Fondo debe tener en cuenta que los indicadores macroeconómicos y epidemiológicos nacionales ocultan la realidad de los pueblos indígenas respecto al VIH y la tuberculosis; y porque sus comunidades requieren de apoyo financiero para realizar estudios epidemiológicos que les permitan sostener un diálogo intercultural con la autoridad de salud y tener el control financiero de la respuesta al VIH y la tuberculosis con pertinencia cultural para cada uno de sus territorios, en especial, del aymara y del mapuche.

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