Las demandas  por disminuir el estigma de enfermedad asociado a las identidades trans se aceleraron después de iniciada la campaña Stop Trans Pathologization -STP- en 2009, y han continuado al acercarse la versión 11 de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), versión que ha propuesto dos categorías para clasificar la identidad trans y que aún falta sean aprobadas: incongruencia de género en la infancia e incongruencia de género en la adolescencia y adultez.

En “Hablemos del * (asterisco)”, el pasado 2 de marzo, Mauro Cabral compartió que quienes trabajan el tema de despatologización ven al diagnóstico como riesgoso para el desarrollo de las personas trans, aún más cuando se da en la infancia. Según el experto, se piensa que el diagnóstico en la infancia va a facilitar los bloqueadores hormonales, lo cual es erróneo, ya que son aplicados solamente en la pubertad; por otro lado, se cree que un “diagnóstico” temprano contribuye a resolver la ansiedad materno-paternal, cuando en realidad para ello se requiere de estrategias de acompañamiento y no de un diagnóstico que etiquete a niños o niñas como trans; o se piensa que el financiamiento para la investigación trans dependerá de la existencia de un diagnóstico en este grupo, pero no es así, y el mejor ejemplo es el continuum de investigaciones en torno a la homosexualidad.

Una mirada patológica implica ver a las personas trans como enfermas y prestar menos atención a la experiencia de vida de este grupo. En sus distintas ediciones, la campaña STP ha explicado que la visión patológica educa desde el rechazo del cuerpo y coloca a la cirugía de reasignación sexual  como fin último de la transexualidad. Así que patologizar a las identidades trans no nos beneficia.

Pero, ¿Por qué la transexualidad no ha logrado salir de los manuales psiquiátricos? Una explicación la ofrece Mauro Cabral al decirnos que el uso de los manuales psiquiátricos prevalece en los países que solicitan un diagnóstico a las personas trans para acceder a programas de administración de hormonas o de reconocimiento legal. Las leyes que no lo solicitan reducen el estigma asociado a esta población.

Pensar en la ley  de identidad de género de Argentina o las reformas al Código Civil de la ciudad de México son ejemplo del reconocimiento de derechos sin la necesidad de un diagnóstico. Al respecto Mauro Cabral, activista trans e intersex, explicó que tiene que prevalecer la utilización de los derechos humanos y éstos deben ser la justificación del acceso a tratamientos. “La propuesta de quienes trabajamos despatologización es que (…) para todo aquello que pareciera necesitarse el diagnóstico en las cuestiones trans, uno puede utilizar el marco de los derechos humanos”, destacó.

Las campañas por la despatologización retoman fuerza con cierta regularidad, generalmente con el acercamiento a la revisión de los manuales de psiquiatría y psicología, pero es importante discutir permanentemente sobre ella; instalar el debate y basar la defensa de los derechos humanos de las personas trans en la dignidad humana y no en una categoría de enfermedad. Parece que hay un largo trabajo que queda por hacer.

Todo el contenido de la charla organizada por el Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, en conjunto con el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir; el 17 Instituto de Estudios críticos; y la UAM Xochimilco, puede ser consultado en el siguiente enlace. (https://www.youtube.com/watch?v=Y4s2DSTExoU)

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