Hace un mes se reunieron en la Ciudad de Quito, Ecuador, los directores de todas las organizaciones de enlace del mundo del movimiento de la Alianza Internacional para el VIH/SIDA. Una reunión cuyo objetivo principal fue discutir y planear cómo este grupo de organizaciones podía responder mejor a las prioridades en un contexto muy desafiante, por ejemplo frente a la falta de los recursos. La organización anfitriona fue Corporación Kimirina, organización de enlace de la Alianza en Ecuador.

El día miércoles se realizó la ya tradicional visita a las OBC y ONG que trabajan sobre todo en la Ciudad de Quito y otros lugares del país que se acercaron a reunirse con nosotros. Para quién empezó trabajando con el Ecuador con la Alianza en el 2003, entonces en un programa de la Fundación Gates, cuyo fin principal fue movilizar y fortalecer organizaciones de población clave; más de una década de trabajo rindió frutos, pues son impresionantes los avances que este país ha logrado en términos de la respuesta de la sociedad civil.

Pero en este artículo y en el día de la fecha, quería reflexionar y honrar a una mujer que conocimos, la madre de una líder trans de la organización Alfil de Quito. Durante la visita, surgió la historia, casi contada como una anécdota, que esta madre (su nombre no viene al caso) decidió hace una década apoyar a su hija, una mujer trans, y participar en la organización. Esto tuvo entonces un alto precio, ya que su esposo la abandonó y unos meses después inició una demanda legal por la tenencia de sus otros hijos. Terrible y traumática como esta experiencia puede ser para cualquier persona, lejos de asustarla o amilanarla, la fortaleció, y hoy, además de una muy activa voluntaria de Alfil, es una persona que ha brindado testimonio público sobre la importancia que Madres y Padres, apoyen y acompañen a sus hijos con otra orientación sexual o identidad de género.

Creo que lo que hace a una gran líder es, entre otras cosas, quiénes están detrás apoyando, así como la resiliencia de haber sufrido la falta de apoyo y en algunos casos abuso de los familiares. La mayoría de las mujeres trabajadoras sexuales, personas trans, gais y HSH, como mujeres y hombres que viven con VIH tienen historias de amor y desamor, de apoyo y discriminación. Lo que no te mata te endurece. Pero, es bueno, de vez en cuando encontrar historias lindas que han sido los cimientos de un o una líder. Esta madre lo es y su poder y potencia de inspirar a otras tantas madres y padres.

Muchos hemos tenido la suerte y el privilegio que alguien en nuestra familia cercana, en lugar de reprimirnos nos acompañó y apoyó. Yo me animo a ensayar una teoría práctica, que en su mayoría han sido mujeres, madres. Quizás por vivir en una región donde el machismo y el patriarcado aún hace tanto daño. Por venir de y trabajar en una región donde las Mujeres en general, pero en particular aquellas que viven con VIH, ejercen el trabajo sexual o son personas trans, siguen siendo víctimas de la violencia basada en el género. Los altos niveles de feminicidios, muertes por abortos mal practicados y otras formas de violencia sexual y física contra las mujeres siguen siendo una de las cosas que duelen y nos avergüenzan, y vemos mas retórica que acciones concretas. Muchas políticas y declaraciones y pocos recursos que se traducen en programas efectivos.

Detrás de cada persona que hoy contribuye por hacer de este mundo un mejor lugar, hay personas que nos marcan la vida, que nos acompañan, insisto en mi sospecha que muchas de ellas son mujeres. Y con la breve historia de la madre de esta mujer trans de Quito, quería rendir honor a tantas mujeres que están haciendo historia y de todas aquellas que están detrás de las primeras. No se si estamos para celebrar o conmemorar, en cualquier caso permitámonos ambos.

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