“Yo tengo 24 años de edad y desde los 14 sé que soy gay, hace dos años me dieron mi diagnostico de VIH positivo. Fueron momentos difíciles porque nunca fui promiscuo; sin embargo la persona que me dio la consejería así me hizo sentir; nunca volví al centro de salud y eso hizo que mi salud se complicara”, comentó esta semana un joven en área de emergencia de un hospital donde se ofrece atención a personas que tienen VIH.  La persona que lo acompañaba, una mujer trans, también expresó su molestia frente a la discriminación: “Cuando tenemos que acudir  al hospital por cualquier situación de salud somos, víctima de burlas y discriminación, ni siquiera nos quieren llamar por el nombre que corresponde a nuestro género”.

Estos, como muchos otros relatos son apenas una parte de lo que a diario viven las personas en un país donde reina la doble moral y la inequidad; aunque vale aclarar que la no aceptación de este segmento poblacional está más arraigado en la población adulta que en los jóvenes.

La situación que vive la población LGBT no es reciente. En octubre último, ante la Comisión  Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), representantes de la comunidad LGBT contaron en primera persona las experiencias de discriminación prevalente en los medios de comunicación, servicios de salud, escuelas y en el sistema criminal de justicia.

En los centros de atención integral es común escuchar comentarios despectivos hacia los homosexuales y que atribuyen a ellos la causa del VIH.

Ante la CIDH, los activistas reportaron que muchas personas LGBT evitan ir a los centros de salud por causa del prejuicio y de la humillación que sufren cuando buscan cuidados; la discriminación se hace mayor si la atención requerida es para enfermedades de transmisión sexual, lo cual incrementa la tasa de complicaciones por enfermedades curables como la sífilis.

Los representantes de la comunidad LGBT expusieron ante la CIDH que los centros de documentación son otro semillero de discriminación, particularmente para las personas transgénero, quienes son forzadas a desmaquillarse y a quitarse el cabello antes de tomarse la fotografía para su identificación personal.

En la conversación informal que se originó a partir de los comentarios en la sala de emergencia del hospital, se dijo también que las personas transgénero reciben una doble dosis de humillación cuando van a votar, ya que no lo pueden hacer si su apariencia física no es igual a la de su identificación.

Durante la exposición ante la CIDH, Leonardo Sánchez argumentó que la falta de voz y la discriminación hacia la población LGBT define un escenario de dificultades para la búsqueda de empleos, en consecuencia muchas personas recurren al trabajo sexual como modo de supervivencia, lo que aumenta la discriminación.

La comunidad LGBT pidió, y frente a la ausencia de respuesta de los representantes del Estado en la audiencia, continúa exigiendo al gobierno dominicano, que se tomen medidas con relación a esta problemática, así como políticas públicas que incluyan sus necesidades y no vulnere sus derechos.

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