En ocasiones se escuchan frases como “la comunidad LGBT no funciona como comunidad” o “el mundo de ambiente es muy venenoso y destructivo” o “piden respeto a la sociedad pero entre ellos mismos no se respetan” y otras críticas que debieran llevarnos a comprender el “por qué” de estos comportamientos.

La expresión de los estereotipos, que van desde el “serio” que señala al “afeminado”, o la discriminación que se evidencia en el bar gay que cierra sus puertas a la persona trans afectan, desde dentro, el fortalecimiento de la comunidad LGTB.

Aquí en Mérida, Venezuela, una discoteca gay llamada Andrómeda Fiesta Privada, el 9 de abril en su perfil de Facebook publicó: “prohibida la entrada a trans sin excepción alguna”, seguido de un “prohibido entrar en franelilla y short”.

A esta evidente discriminación, que debiera recibir sanción penal y civil, se suman algunas declaraciones recogidas de Facebook que hablan de “los gays de Venezuela” como “locos”, criticando que en el pasado (o presente) personas de la diversidad sexual hayan participado en concursos de belleza, o las críticas a las personas que participan en las marchas del Orgullo LGBT, exigiéndoles recato, situación que se ha visto también en Colombia y México.

La discriminación hacia las personas con VIH dentro de la comunidad de la diversidad sexual también debe ser abordada, muchos habremos escuchado en un local gay cosas como: “aquel tiene la guayaba” (jerga usada en Venezuela para referirse al VIH), dejando de lado cualquier respeto a la confidencialidad del diagnóstico.

En un marco de respeto de los derechos y la dignidad de las personas, no se puede permitir el estigma y la discriminación hacia un determinado grupo, sea que vengan de un funcionario público que hace una declaración discriminatoria y estigmatizante, o de un activista LGBT, ya que frena las transformaciones sociales de fondo. Es más preocupante, sin embargo, si la discriminación viene de activistas con gran convocatoria y liderazgo, ya que valida frente a sus pares este tipo de violencia.

Las publicaciones en Facebook como las citadas líneas arriba reciben gran cantidad de “me gustas” y “me encanta”, la mayoría provenientes de la misma población LGBT. Frente a esto, las organizaciones de base y ONG se vuelven cómplices con su silencio.

Pero es importante que entendamos un poco estas conductas. Debemos empezar por comprender que el ser humano es un “producto circunstancial”, es decir, el resultado de un contexto cultural y político que predetermina nuestros comportamientos y nuestro rol en el sistema, si dentro de este sistema existen formas de violencia, y la discriminación es una de ellas, los directamente afectados pueden reaccionar de distintas maneras.

Que exista en la sociedad prejuicios hacia la población LGBT, que sus necesidades no sean abordadas, que no existan marcos legales que promuevan la igualdad en derechos, definitivamente frenan oportunidades, y los afectados van a responder ante esto. “¿Cómo responden?” es lo pregunta y el manual Y tú ¿Cómo discriminas? de CONAPRED, explica muy bien los 5 posibles efectos de la discriminación:

- La persona afectada puede asumir el papel de víctima e internalizar los prejuicios. Es el caso de las personas que culpan a la sociedad o a quienes les discriminan de su situación actual y no se asumen como sujetos de derechos, como personas capaces de responsabilizarse de su propio desarrollo.

- La persona afectada puede optar por aislarse o esconderse del contexto por miedo a ser agredida. Este podría ser el típico gay, bisexual o lesbiana enclosetada, repitiendo patrones.

- La persona afectada también puede reproducir el comportamiento estereotipado que la sociedad les asigna. Por ello escuchamos a algunos gais usar la palabra “pasiva”, “loca” a fin de burla o insulto; vemos esto en Grindr (una red social de hombres gais), donde algunos perfiles dicen cosas como: “solo serios, nada de locas”; es decir, se repiten las mismas concepciones denigrantes.

- Pueden asumir un rol defensivo y de desprecio hacia el resto de la sociedad.

- Pero la persona también puede reconocer la injusticia que vive y tomar un papel activo y protagónico para reivindicar sus derechos. Este es el comportamiento que asumen los activistas, defensores de los derechos humanos o personas que les importa poco lo que piense la sociedad de ellos y que muchas veces generan transformaciones sociales.

Pero el entendimiento no es sinónimo de justificación. Podemos explicar cualquier conducta humana, pero debemos tener cuidado con justificar la violencia y la discriminación en cualquiera de sus formas, porque se traduce en una barrera para lograr el respeto hacia la diversidad sexual, más grave aún si la discriminación proviene de una persona cuya función radica en educar sobre la inclusión.

El deber ser es que si trabajas por derechos de la población LGBT, por lo menos debieras estar consciente de este universo de comportamientos y no repetir vicios calificativos y menos hacia la población que defiendes, de lo contrario tu papel como “líder” social pierde peso.

Tenemos muchos retos en la región, a lo externo de las poblaciones por las cuales trabajamos, pero también a lo interno, es momento de detener y no repetir errores del pasado y de poner fin a estereotipos y prejuicios que tanto daño nos han hecho.

Si bien puede ser cierto que “lo gay no viene ni con chip de enfoque de género ni con chip de DDHH”, como dijo una compañera activista;  por ahí también va la respuesta, en acercarnos a la población LGBT y sensibilizarla, sensibilizarnos, así como hacemos con el resto de la sociedad.

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