Los casos de seroconversión durante el embarazo o la lactancia ocurren a pesar de que, desde el año 2013, la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación Argentina ha hecho énfasis en la importancia de involucrar al varón desde las primeras consultas médicas. En este sentido vale preguntarse ¿por qué no se les realiza el test de VIH a estos varones? ¿Cuándo comienza la responsabilidad paterna?

Imagen de Margarita Sikorkaia. Disponible en internet.

Las infecciones de transmisión perinatal o vertical (sífilis, VIH y hepatitis B) son uno de los problemas más importantes de salud pública en la Argentina, por su impacto en la morbimortalidad materno-infantil. Según datos oficiales, en 2015 se reportaron 96 casos de transmisión perinatal y, en lo que llevamos de 2016, el Boletín Integrado de Vigilancia N° 308 del Ministerio de Salud de la Nación menciona que se han reportado seis casos en las mujeres testeadas para VIH durante el embarazo y ocho durante el parto.

Tomando esto en cuenta, diferentes reportes y documentos publicados por el Ministerio de Salud de la Nación desde el año 2013 mencionan la necesidad de realizar un diagnóstico temprano de VIH, sífilis y hepatitis B a las embarazadas y advierten, de manera enfática, la importancia de ofrecerle el test de VIH, en diferentes momentos del embarazo y la lactancia, al padre del/la bebe por nacer o a la pareja de la madre; además de recomendar el uso del preservativo durante todo el embarazo con la finalidad de evitar la transmisión perinatal. Sin embargo, según el Boletín N° 32 sobre el VIH-sida e ITS en la Argentina del año 2015, siete mujeres fueron diagnosticadas con VIH durante la lactancia. De estas, cinco habían sido estudiadas durante el control prenatal; cuatro de ellas con serología negativa y una con serología positiva sin confirmación. Lo que sugiere, según este reporte, que al menos en cuatro de estos casos se pudo haber evitado la transmisión al involucrar a la pareja de la madre.

En este sentido, Silvina Vulcano, médica especialista en tocoginecología (ginecoobstetricia) y responsable del área de Prevención de la Transmisión Perinatal de la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación, comentó en una entrevista para Corresponsales Clave que se está realizando un esfuerzo titánico para que las y los prestadores de servicios de salud dejen de ver el binomio madre-hijo(a) y puedan contemplar el trinomio madre-padre (o pareja de la madre)-hijo(a). Además explicó que están “trabajando en conjunto con otras organizaciones para que en el consultorio de los obstetras repartan preservativos, porque hay un pensamiento generalizado de que las mujeres embarazadas no tienen sexo y esto es una barrera que hay que romper”.

Postal de la campaña Elegí Saber de la Dirección de Sida y ETS.

Mirian Bruno, pediatra infectóloga, integrante también del área de Prevención de la Transmisión Perinatal de la Dirección de Sida y ETS y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría, agregó que no es fácil que el padre acuda a las consultas médicas, por lo que se debe aprovechar cualquier ocasión para realizarle el test rápido. En este sentido comentó que “el momento del testeo puede ser en el nacimiento del niño, en el que puede ir el padre a conocerlo o en las primeras consultas, porque de ser este el caso, no se puede prevenir la transmisión durante el embarazo, (pero) sí se puede hacer durante la lactancia. Porque si una mujer tenía el virus del VIH durante el embarazo, la posibilidad de transmisión durante la lactancia es de un quince por ciento, pero si se infecta en ese momento, aumenta al doble, a un treinta por ciento, con lo cual el riesgo es alto y se puede prevenir, en diferentes momentos”.

Tal como menciona la especialista, es difícil el involucramiento del varón, tanto en las consultas prenatales como en otras actividades preventivas. Esto puede tener que ver con los estereotipos de género que, por un lado, colocan en el centro de la ecuación a la madre y a las mujeres en general, en lo referente al embarazo y la familia, y al varón en la periferia. Y por otro lado, la doble moral sexual y la falta de información, que da permiso a los varones de tener múltiples parejas sexuales sin ninguna protección, poniendo así en riesgo su salud, la de su pareja y la de sus hijos e hijas.  Adicionalmente, Vulcano mencionó que “los hombres van a la consulta médica cuando son diabéticos, tienen un accidente, se rompen una pierna jugando al fútbol o andan alcoholizados. Los varones no tiene la cultura de ir a la consulta.”

Estos patrones culturales no escapan de los lugares de toma de decisiones ya que, si bien la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación Argentina hace énfasis en el involucramiento de la pareja de la madre, algunas de las imágenes en sus boletines, enfoca la atención de manera exclusiva en el vínculo materno-infantil, promoviendo de manera indirecta la perpetuación de estos estereotipos de género que ponen en riesgo la vida de las personas involucradas en el nacimiento de los niños y niñas.

La prueba de VIH debe ser ofrecida también a las parejas de las gestantes para evitar la transmisión durante el embarazo, el parto o la lactancia

De esta misma manera ocurre con otras instancias como UNICEF, ONUSIDA y la OPS, entre otras, que si bien visibilizan la importancia de involucrar al varón en las consultas prenatales y hacen un llamado a que las y los profesionales de la salud les ofrezcan hacerse el testeo, no reportan ningún dato que sugiera qué se está haciendo de manera concreta y que permita hacer un seguimiento a esta importante forma de prevención. Más bien, en sus reportes e imágenes también permanece la visión que centra a las mujeres tanto en la transmisión del virus como en la responsabilidad total del embarazo y la crianza.

Tomando en cuenta este contexto, tanto Bruno como Vulcano afirmaron que ampliar el foco de atención representa un esfuerzo enorme que se está realizando en la Argentina: “En estos momentos se está haciendo un curso de capacitación para mejorar la calidad de la atención y tratar de que en cada lugar de atención se pueda realizar el testeo a la población general, así como a las mujeres embarazadas y a sus parejas, en cualquier momento”, mencionó Miriam Bruno.

La especialista explicó además que “el año pasado se estuvo trabajando en distintas provincias tratando de crear mesas de gestión con las diferentes disciplinas, como son maternidad e infancia, infectología, salud sexual y reproductiva, los programas de VIH-sida y atención primaria, para mejorar la captación a la embarazada, diagnosticarla a ella y a su pareja, hacerles el seguimiento a ambos, y realizar un diagnóstico temprano de los chicos, tanto de los infectados como los no infectados, para completar su diagnóstico antes de los cuatro meses de vida y poder así definir su situación y tener la oportunidad de un tratamiento temprano. Esto favorecería mucho la meta 90-90-90, para poder tener el diagnóstico, el tratamiento y que estos tratamientos sean efectivos”.

Igualmente, Silvina Vulcano recordó una experiencia que tuvo en Mendoza donde una organización de la sociedad civil empoderaba a los varones para que exigieran, como padres, el acceso a la prueba de VIH: “Hay experiencias muy hermosas de trabajo para que sea el mismo varón quien pregunte ‘¿por qué no me mandan a hacer la prueba a mí?’”. Adicionalmente, mencionó que “en la Argentina se está promoviendo el testeo a toda la población, lo que representa un esfuerzo adicional para llegar al varón”.

Se sabe que la transmisión perinatal está disminuyendo gracias al gran esfuerzo que realizan las instancias tanto gubernamentales como de la sociedad civil comprometidas con la respuesta al VIH. Desde nuestros espacios podemos colaborar cuestionando y visibilizando la participación responsable del padre en la atención perinatal de sus hijos e hijas, en las tareas de cuidado y en el cuidado de su propia salud, para así progresivamente acabar con los patrones culturales que ponen en riesgo la vida de mujeres, niños, niñas, adolescentes y hombres dentro de nuestra sociedad. Es importante que empecemos a preguntarnos en serio cuándo comienza la responsabilidad paterna.

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