La homo-lesbo-transfobia se manifiesta de manera diversa y en diferentes ámbitos de la vida cotidiana. El odio basado en la orientación sexual o la identidad de género es responsable de diversas vulneraciones de los derechos cuyas consecuencias más devastadoras son los asesinatos y crímenes de odio cometidos hacia las personas del colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI). Estos atroces actos son impulsados por fundamentalismos, creencias y prejuicios religiosos, sociales y culturales.

Actividad de reflexión sobre la homofobia internalizada. Foto de Carlos López

En ese sentido, la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), reflejó en su Informe anual de crímenes de odio que durante el 2014 los medios de comunicación reportaron el asesinato de dos personas gais y cinco personas trans en ese país. Esta realidad es aún más compleja cuando se toma en cuenta que esos pensamientos, sentimientos y conductas negativas hacia las personas LGBTI pueden estar presentes dentro de esta misma población. Este fenómeno recibe el nombre de “homofobia internalizada” y constituye uno de los factores que dificulta que las personas LGBTI se acepten como miembros de un colectivo.

Durante una reunión de reflexión sobre este tema, organizada por SIGLA el pasado 14 de mayo, Rafael Freda señaló que “la socialización heterocentrada en la que todas las personas estamos inmersas ve al homosexual como lo dañado, y eso va constituyendo la vergüenza del homosexual.” Y recordó: “(…) ’Tú que eres así’, me decían mi mamá y mi papá, quienes murieron sin poder decir la palabra ´homosexual´”.

La homofobia internalizada constituye un obstáculo para el reconocimiento personal dentro de la comunidad LGBTI, que suele ocurrir incluso luego de haber aceptado tanto la orientación sexual como la propia identidad de género, y tiene un impacto al interior de los colectivos, puesto que las personas rechazan al resto de la comunidad (y con esto a sí mismas), al tiempo que no aceptan la pertenencia a estos grupos. En este sentido, Freda comentó que “cada uno de nosotros tiene que buscar dentro sí; tenemos emociones negativas acerca de las personas que se vinculan con otras del mismo sexo, hacia las relaciones íntimas con el mismo sexo o a llamarse lesbiana, gay y homosexual”. A modo de ejemplo mencionó que es común escuchar “Yo no soy gay, a mí me gustan los hombres, pero yo no soy gay”, “¿Yo homosexual? no, a mí me gusta un macho bien macho”. Estos comentarios reflejan la homofobia internalizada.

Entre las consecuencias de internalizar la homofobia se encuentran la desconfianza y la soledad que experimentan muchas personas dentro de la comunidad LGBTI, desórdenes de alimentación, dificultad para establecer relaciones de intimidad y, en los casos más extremos, abuso de sustancias, conductas sexuales de alto riesgo, alcoholismo y hasta el suicidio.

Homofobia internalizada. Foto de Carlos López

Para contrarrestar este fenómeno, Freda sugirió afianzar grupos de pares de personas del colectivo LGBTI que puedan trabajar desde el establecimiento de vínculos familiares, en los que se pueda reflexionar sobre estos temas y encontrar aceptación de sí mismos. Estos grupos también pueden contribuir a realizar trabajos de prevención del VIH y a consolidar un sentido de comunidad que permita, a mediano plazo, que las personas puedan acudir a diferentes espacios y tener lugares de consejería especializados. Es decir, encontrar un sitio donde los códigos LGBTI sean la norma.

“Igual no le voy a echar la culpa a ella”

En el transcurso del taller, una asistente pidió la palabra para relatar una anécdota personal. Contó que, cuando su madre la vio por primera vez con una mujer intentó agredirla, corriendo detrás de ella por el Parque Chacabuco y gritando ofensas en su contra. Como consecuencia de esta persecución ella tuvo un accidente. Esta situación tan dura muestra una arista muy interesante, que podría pasar desapercibida: la mujer comentó al final que ‘igual no le voy a echar la culpa a ella’. Frente a esta intervención Rafael le preguntó de manera muy directa “¿por qué no le vas a echar la culpa a ella, si tuviste un accidente porque te persiguió?” La mujer se quedó callada, por lo que él siguió comentando: “Yo diría que no echarle la culpa a ella es decir ‘bueno, yo la entiendo, yo soy lesbiana’. Esto es una muestra de la hilacha homofóbica que todos tenemos dentro. Tú en algún momento aprendiste que a tu mamá no le gustaban las lesbianas y que no tenías que revelárselo y entonces, cuando pasó y entraste en el conflicto, actuaste como lo que yo creo que es homofobia internalizada”.

Situaciones como estas nos hacen preguntarnos si es posible tener una vida plena sin aceptarnos a nosotras y nosotros mismos. ¿Qué debemos hacer como sociedad para que las personas se puedan sentir libres de expresar su amor o lo que son? Hoy, en el día internacional de la lucha contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, te invitamos a que te lo preguntes tú también.

#IDAHOT2016

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