Por Sergio Guzmán.
Para quien vive con VIH en el siglo XXI, la vida transcurre con normalidad entre las rutinas del trabajo, las atenciones en los centros de salud y los tratamientos para controlar -lo que debiera ser ahora- una infección crónica, en una región donde muchos países hoy día cuentan con amplio acceso a medicamentos.

Sin embargo, las limitaciones de las políticas públicas para la atención a comunidades específicas y el escaso financiamiento para la respuesta efectiva al VIH en Venezuela, en contra de todos los compromisos adquiridos por el país a nivel internacional y local, ha permitido que el VIH llegue a los pueblos originarios de las zonas más remotas del territorio nacional y se afiance entre estos como una amenaza a su supervivencia.

Foto: William Urdaneta (Correo del Caroní)

El Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela dio a conocer en diciembre de 2015 una alarma de salud en la etnia Warao de la Guayana venezolana. “Ha habido varios fallecidos de las comunidades Yek´wana y Sanema, y se teme que el número (…) sea aún más grande porque el origen de la incursión del VIH en las comunidades sigue estando presente y creciendo”, se lee en las declaraciones que diera a fines del año pasado Alejandro Lanz al Correo del Caroní, un diario local.

“Nuestros pacientes provenientes del Alto Orinoco y otras zonas remotas de la capital del estado Amazonas, encuentran serias dificultades para venir a la consulta, tratamos en lo posible de hacer llegar los tratamientos por medio de los médicos generales que hacen su año rural en las comunidades selváticas, pero cuando presentan complicaciones asociadas al sida no tenemos nada que hacer. (…) En lo que va del año, 4 o 6 usuarios han muerto”, indicó a Corresponsales Clave vía telefónica Alazne Gil, funcionaria del Programa Regional de VIH/sida del estado Amazonas, el 15 de mayo.

El VIH se transmite principalmente por medio de relaciones sexuales sin protección, y es precisamente este mecanismo de transmisión el que está dando cuenta de los pueblos originarios en las selvas venezolanas, cuando entran en contacto con turistas, mineros ilegales o pobladores de centros urbanos.

En Venezuela, el acceso a tratamiento y servicios de atención médica son universales y gratuitos. Aunque en ocasiones el país ha enfrentado grandes desafíos para garantizar la provisión oportuna de medicamentos; la gratuidad y la universalidad no se pone en duda. Pero el acceso universal no solo significa que esté disponible, que sea para todos, sino que sea accesible, continuo y constante. Para ello, si de verdad se quiere detener la epidemia, es necesario cambiar el paradigma que quien vive con el VIH debe “llegar” y “acceder” a los servicios y el tratamiento, más bien éste (el servicio), debe estar disponible para todos, de forma igualitaria, debe llegar al usuario, y el Gobierno Venezolano, a través de sus entes públicos, debe facilitarlo, poniendo la consulta y los medicamentos en puntos cada vez más cercanos a la población afectada.

Los centros de atención y las farmacias que dispensas antirretrovirales (ARV) en Venezuela se ubican principalmente en las capitales de los estados (departamentos). Si analizamos los estados del sur del país, que coinciden con las zonas de mayor presencia de etnias amazónicas originarias, encontraremos comunidades a días de camino a pie o por vía fluvial de los servicios, ello imposibilita el acceso a la salud a miles de personas.

Además, existen otras realidades que favorecen la propagación del VIH entre los pueblos indígenas venezolanos; el estado no ha puesto en marcha campañas de prevención adecuadas culturalmente para estos pueblos. Ahí donde hay 44 etnias indígenas que hablan 31 diferentes lenguas distintas, el idioma es una importante barrera para acceder a información básica; solo se cuenta con ediciones promovidas desde la sociedad civil en tres lenguas indígenas.

En términos generales, Venezuela afronta una crisis económica y social que ha empezado a tocar a las personas con VIH, se evidencia desabastecimiento de algunos ARV, reactivos para pruebas de seguimiento entre otros insumos que no llegan a las farmacias del sistema público de salud. En este contexto, los pueblos más alejados y entre ellos, los pueblos originarios, se ven especialmente afectados y, en tanto, requieren acciones específicas y urgentes.

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