El 30 de junio de 2016, con una votación ajustada, se aprobó una nueva resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas titulada “Protección contra la violencia y la discriminación  basada en la orientación sexual y la identidad de género” -(SOGI, por sus siglas en inglés)-  cuya principal razón de ser fue el nombramiento de un experto independiente sobre el tema.

Por iniciativa de un grupo de países latinoamericanas –Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay– y avanzando sobre otras dos resoluciones previas (2011 y 2014), se presentó hoy esta nueva propuesta. La iniciativa, que se aprobó con 23 votos a favor, 18 en contra y 6 abstenciones, debió superar en los meses previos y en el día de hoy serios obstáculos de los países más conservadores y fundamentalistas, liderados por Pakistán, quienes casi logran su empresa con una moción de no innovar o no-acción que, de haber prosperado, hubiera sacado de la agenda dicha resolución.

La resolución sufrió 11 enmiendas, en particular la inclusión de un lenguaje que permite relativizar su impacto en los países más violentos y discriminadores por la introducción de la cláusula de respetar los sistemas de valores culturales y religiosos de cada país.

La resolución SOGI no sólo dividió a los Estados miembros, sino al movimiento LGTBI; algunas organizaciones y redes se oponían al contenido de la resolución por considerarla muy limitada y reducida al nombramiento de un experto sólo en temas de violencia y discriminación por orientación sexual e identidad de género. En todas las regiones hubo organizaciones y redes que expresaron sus reservas como Akahatá (vea el documento), pero un número mayor de organizaciones se alinearon y apoyaron la postura promovida por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), cuya postura se puede leer en este vínculo. La postura a favor de la resolución llegó con el respaldo de 628 organizaciones LGTBI y de temas de derechos y salud relacionados, que fue presentada hoy en el recinto (ver video).

Se espera que el experto tenga entre sus funciones evaluar la aplicación de las normas internacionales vigentes sobre derechos humanos, identificando las violaciones a los mismos, las brechas en su pleno disfrute y las buenas prácticas. Así también, cumplirá un rol de generar una mayor concientización en torno al tema, en un diálogo con los Estados.

Cada vez que el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprueba una resolución de esta naturaleza es un gran éxito y representa un gran avance en la lenta y burocrática maquinaria del sistema. Siempre son puntos de inflexión, cambios en el juego; esta en particular tradujo declaraciones anteriores en una acción concreta, la creación del rol del experto.

Comparto, en algún grado, las reservas de muchos colegas que encuentran esta decisión como miope, que no ve con claridad las cuestiones de la interdependencia de los derechos humanos y los derechos sexuales. Pero si vemos en detalle el proceso en el Consejo, y el resultado de la votación, veremos que cada paso hacia delante es una obra de ingeniería diplomática que siempre puede resultar en un efecto paradójico, y en muchas ocasiones, hay que seguir apalancándose en cada pequeño y gran logro para ir por más.

Hace unas semanas, las Naciones Unidas, durante la Reunión de Alto Nivel sobre el sida, demostró su incapacidad de reconocer adecuadamente a las poblaciones clave de la epidemia, entre las que se encuentran las personas trans, los gais y otros hombres que tienen sexo con hombres, de forma de reconocer y proteger su aporte clave para “poner fin al SIDA” en los próximos 15 años.

Este 30 de junio, en Ginebra, las Naciones Unidas dio un “gigantesco paso de bebé” en dirección a construir mecanismos para obligar a los Estados a cumplir con los acuerdos internacionales sobre derechos humanos, que incluyan la promoción, protección y realización de los derechos, en particular para las poblaciones más vulnerables a la violencia, el estigma y la discriminación.  Esto, no esta de más decirlo, tendrá en el largo plazo una influencia positiva en la epidemia del VIH y el sida.

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