En el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se realizó un reconocimiento, promovido por el diputado Maximiliano Ferraro (de la Coalición Cívica – ARI), por el que se distinguieron a las personas integrantes de las organizaciones convocantes de la primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico realizada en 1992, que en la actualidad se conoce como Marcha del Orgullo LGTBIQ.

Homenajeados en la Legislatura de Buenos Aires.

En un ambiente colmado de referentes sociales, políticos y del activismo LGTBI, la emoción atravesó el acto con la presencia de Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y de Gabriela Mansilla -la madre de Lulú- (primera niña trans en conseguir su DNI en la Argentina), y con el recuerdo de Diana Sacayán y Lohana Berkins, nombradas varias veces por diferentes participantes del evento.

Se honraba a nombres propios, muchos de ellos lejos de los titulares y las primeras planas, por haber sido determinantes en la organización de aquella marcha que por primera vez salía a las calles a reclamar por los derechos del colectivo LGTBI: Ilse Fuskova (Convocatoria Lesbiana); Karina Urbina por Transexuales por el Derecho a la Vida y a la Identidad (Transdevi); Luis Biglié, César Cigliutti, Marcelo Ferreyra, Ricardo González, Alejandro Modarelli, y quien suscribe esta nota por Gays por los Derechos Civiles (GaysDC); Rafael Freda y Alejandro Soria por Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (SIGLA); Andrés Febrario, Jorge Horacio Raíces Montero, Carlos Alberto Barzani por Grupo de Investigación en Sexualidad e Investigación Social (ISIS), y el Pastor Roberto González y Norberto D´amico por la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM).

Una clara y contundente polifonía de voces, ideologías y creencias que dejó claro que el reclamo político de nuestro colectivo iba a ser también escuchado a través de la Avenida de Mayo, una de las principales de Buenos Aires, que une en sus extremos la Plaza de Mayo y la Plaza de los dos Congresos, ganándola a la lucha política para nuestros derechos. Eso hizo historia.

La misma pluralidad se reflejó en la presencia en el Salón Dorado de legisladores, diputados nacionales y funcionarios de diferentes espacios políticos y partidarios.

La política, que en 1992 estuvo ausente casi en su totalidad, el último martes 28 de junio enmendaba en cierto modo esa ausencia.

Esa relación activismo-política, tanta veces pensada y cuestionada, merece un análisis mucho más profundo que excede ampliamente la creencia -a la que adhiero- de la independencia de las organizaciones de la sociedad civil con el Estado y los partidos políticos. La posibilidad de cierta articulación para avanzar en derechos debe ser tomada con precaución, pero de ninguna manera desechada per se. La historia de los últimos años en la Argentina nos deja enseñanzas –positivas y negativas- al respecto.

La soledad y el desprecio con que esos mismos partidos y ese mismo Estado nos trataron en el pasado, bien vale una reflexión ante la posibilidad de diálogo que años más tarde floreció.

Y es casualmente en el marco de ese diálogo, que ahora incluye otros actores políticos -incluso a algunos mucho menos receptivos sobre las políticas LGTBI-, que se realizó este reconocimiento ante la próxima 25º edición de la -ahora- Marcha del Orgullo LGTBIQ. Otros actores, otras voces, otras articulaciones que deben mirar al pasado – y a ese grupo de personas- para comprender (o al menos para tener en cuenta) las dificultades y los peligros a los que nos expusimos al convocar a una manifestación de este tipo en aquellos tiempos.

No sólo se trata de recordar que este Estado nos reprimía con leyes que los mismos partidos sostenía con su apoyo o con su silencio; también es pensar en los propios gays, o las lesbianas o las personas trans que no tenían intención de acompañarnos en esa quijotada y que nos dieron la espalda, y que durante muchos años no salieron a acompañar estos reclamos.

Es claro que todos y todas sufríamos esa represión; pero también es claro que el colectivo travesti transexual era el principal objeto de ella, y esa fue -casualmente- la razón fundamental para que, ya en la segunda y con más fuerza en la tercera marcha, empezaran a ocupar el lugar que les correspondía como sujetos políticos en la construcción de nuestra comunidad. Eso que Carlos Jáuregui denominaba “las cuatro patas del colectivo”: gais, lesbianas, travestis y transexuales.

Al nombre de Kariba Urbina hay que sumar luego el de Patricia Gauna, Kenny de Michelis, María Belen Correa, Nadia Echazú o Lohana Berkins. Y nombrarlas es simbolizar el potencial activista que impregnaron a estas marchas. Así, junto a gais y lesbianas, escenificaban en la calle esas cuatro patas que tanto anhelaba Jáuregui.

El reconocimiento trajo la memoria, y la memoria no puede contarse con mezquindad o interpretaciones. La memoria debe ser generosa. Sentar en una mesa a quien te simpatiza y a quien más debates te trajo. Creo que esta idea encerró el acto de reconocimiento a las personas integrantes de la primera marcha del orgullo.

Alguien que fue parte unos pocos años después de la construcción del colectivo dijo el día posterior que tanto reencuentro y tanto abrazo con esas personas de ese pasado le habían provocado mirarlas de una manera menos aguerrida: que estaba sanando heridas. Y un poco es así.

Quizás las canas, los kilos de más, los muchos años que llevamos a cuestas hagan que revisemos nuestras espadas de antaño y podamos enarbolar esa pluma engalanada que no esconde las diferencias pero que permite el abrazo. O lo que es lo mismo, que distingue el respeto.

También estuvieron presentes en la ceremonia Esteban Paulón, Subsecretario de Diversidad Sexual del Gobierno de Santa Fe, Vicepresidente de la FALGBT e integrante del Comité Ejecutivo de la Red Gay Latino; Marcela Romero, presidenta de la FALGBT; Martín Canevaro de 100% Diversidad y Derecho; e integrantes de distintas organizaciones del colectivo LGTBIQ. Y se recibieron los saludos de políticos internacionales del diputado brasileño Jean Wyllis, la diputada por Madrid Carla Antonelli, la diputada venezolana Tamara Adrián, el concejal chileno Jaime Parada y los dirigentes Simón Cazal (Paraguay), Luis Larraín (Chile), Beto de Jesús (Brasil), Andrés Scagliola (Uruguay), entre otros.

En todo acto de memoria, no podía faltar el momento de recuerdo de quienes nos acompañaron en ese camino y hoy no están. Un momento muy intenso de emotividad que fue el homenaje póstumo a Alfredo Manes de SIGLA, Claudina Marek de Convocatoria Lesbiana, Eduardo Antonetti de la ICM y Carlos Jáuregui y Ricardo Demonte de GaysDC.

Conducido por el periodista y escritor Osvaldo Bazán y por la referente trans Vida Morant, en el acto participaron las cantantes Karen Bennett y Susy Shock, el cantante Sebastián Rose y el actor transformista Gustavo Liza.

Esa mirada al pasado que significó este acto simboliza la mística del orgullo que se extiende por 25 veces. Otras voces, otras caras, otros escenarios políticos, el mismo orgullo.

Parafraseando esa primer consigna podríamos cantar: “orgullo, orgullo, orgullo, que caminan tortas, travas y putos por las calles de Argentina”.

Puede ver una galería de fotos de lo que fue la ceremonia en este álbum.

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