Cuando llegué a las instalaciones del  hospital no imaginé el escenario que encontraría en el área donde se ofrece consejería pre y post prueba para testeo de VIH. Llegué de sorpresa, cerca de las 7:30 de la mañana, sin previo aviso, ya que había escuchado quejas de que en el lugar se viola el derecho a la privacidad de las personas que acuden en busca de dicho servicio.  Al ingresar al lugar, encontré  a la consejera tratando de limpiar el pequeño espacio asignado para la tarea, ya que el personal de limpieza no llega por la “zona de sidosos”.

El pequeño cuarto donde se brinda consejería tiene materiales inservibles.

En un espacio que mide poco menos de un metro cuadrado, las paredes exudaban lo que parecen ser aguas residuales, el hedor era insoportable, no se veía más que partes rotas de una silla, una caja de cartón con signos de humedad en la que se guardaban algunos materiales, casi inservibles. En un espacio donde idealmente debe primar la limpieza, se podían ver heces de palomas y rondaban insectos, comunes de áreas con aguas empozadas y descompuestas.

En estas condiciones hace su trabajo la consejera Mary Mateo, acompañada de una sicóloga, en el Hospital Padre Billini.

No sólo el ambiente físico evidencia la falta de interés por una de las estrategias clave para lograr el éxito de la retención de los y las usuarias en los servicios y la adherencia a los tratamientos; la desatención del servicio también impacta directamente a Mateo quien no recibe asistencia del departamento de salud mental, que a la vez debiera supervisar su trabajo.

Este centro de salud está ubicado en la zona histórica más importante de Santo Domingo, justo en el centro de la ciudad,  rodeado de edificaciones antiguas y tiendas por departamentos que se combinan con la artesanía dominicana, donde a diario concurren cientos de turistas que visitan el país desde diferentes partes del mundo.

La psicóloga que acompaña la labore de consejería trabaja de pie durante todo el día.

Desde el inicio de la epidemia del VIH, el Hospital Padre Billini abrió sus puertas a los afectados y fue por muchos años el único hospital que contaba con camas para hospitalizar a personas que presentaban síntomas asociados al sida; sin embargo, nunca prosperó como centro de servicio, tal vez por falta de voluntad política que se tradujera en inversión, o tal vez porque aún se mantenían –y aún ahora se mantienen- ciertos arraigos religiosos vinculados al VIH como castigo divino. A pesar de ello, el hospital ofrece el servicio de testeo y se logró confirmar que se entregan hasta ocho resultados positivos por mes, aunque el servicio de consejería no pueda ser brindado en un espacio adecuado. “Muchas veces tengo que dar la consejería  en el patio del hospital, a la vista de todos, sin ningún tipo de privacidad, ya que a veces la pestilencia del lugar no me permite permanecer allí ni las personas desean entrar”, me contó Mary.

El libro en el que se registran los nuevos casos de infección yacía sobre una silla a la entrada de aquel cuartucho, a la vista de todos los que esperan para hacerse pruebas de laboratorio, en igual condiciones son llenados los consentimientos informados por la sicóloga, que permanece de pie durante la larga jornada de trabajo.

Existe cierta discrepancia respecto de las instancias responsables de resolver la situación en la que se encuentra el área de consejería. Desde algunas organizaciones se responsabiliza al Consejo Nacional para el VIH y SIDA (CONAVIHSIDA), pero otras señalan que es responsabilidad de la dirección y la gerencia específica del hospital. Esta falta de claridad debilita las acciones de incidencia que podrían intentar las y los usuarios y organizaciones de sociedad civil.

Ramón Acevedo, encargado de movilización social en el CONAVIHSIDA, dijo que se trataba de un tema que compete a la Respuesta Nacional al VIH y sida; “es muy fácil decir que todo es responsabilidad  de CONAVIHSIDA, solo porque es la única institución que lleva en el nombre “sida”, cuando es un tema que involucra a diferentes instancias, sobre todo al Ministerio de Salud Pública. Las funciones de la institución son coordinar y conducir la respuesta al VIH en consonancia con las disposiciones establecidas”, señaló el activista.

El patio del hospital suele ser usado para brindar la consejería.

Hace apenas cuatro años el centro fue remodelado completamente con una inversión de 15 millones de dólares con la promesa de brindar servicio de calidad a sus usuarios. La doctora Isabel Menual al asumir el cargo de directora, hace más de un año,  aseguró que daría respuesta a las demandas del recinto, pero sus ofrecimientos no han llegado al área en cuestión. No tuvieron éxitos los intentos de comunicación para obtener su versión para esta nota.

Por su lado, Ramón Acevedo instó a las instituciones de la sociedad civil a empoderarse sobre este particular e iniciar acciones que involucren a actores clave para buscar una salida a la situación.

Las autoridades del hospital, así como todas las instancias responsables de la respuesta al sida en Santo Domingo deben abocarse a garantizar una atención de calidad en lo que es la puerta de entrada al servicio de salud, la primera oportunidad para garantizar el acceso universal a tratamiento, ampliar las estrategias de prevención y promover la adherencia a los medicamentos.

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