La marcha convocó a miles de personas  de  diversas culturas y  edades de todo el mundo para demandar a los gobiernos, a las industrias farmacéuticas y a los financiadores, acceso a tratamiento integral para todas las personas, prevención, derechos sexuales y derechos reproductivos, medicamentos para niños, financiamiento para la sostenibilidad del tratamiento, igualdad de género, eliminación de las patentes, entre otros.

Miles de activistas marcharon por las calles de Durban.

Una de las características más resaltantes de esta marcha fue la cantidad de activistas y representantes de la sociedad civil, así como la energía de los activistas sudafricanos, quienes con cántico y danzas típicas reclamaron el acceso a tratamiento para las 20 millones de personas con VIH que aún no lo reciben.

Recuerdo que en el 2003, se realizó una marcha similar también en Sudáfrica, en Ciudad del Cabo, muchísimos activistas africanos y de alrededor de todo el mundo, con demandas muy parecidas. Trece años después, las demandas continúan, a pesar de la gran inversión de recursos.

Según la recientemente publicada hoja informativa de ONUSIDA, De los 36,7 millones de personas que viven con VIH, solo 17 reciben tratamiento. Y, aunque las nuevas infecciones se han reducido en los últimos diez años, todavía superan los dos millones. Estos datos nos muestran que aún falta una buena parte del camino para alcanzar las demandas de nuestra marcha.

Alrededor de 1.1 millones de personas murieron el último año por causas relacionadas al sida, motivo de indignación de miles de activistas que colmaron las calles de Durban para recordar que el sida todavía mata.

Las personas con VIH y activistas en general seguirán reclamando tratamientos para todos, y no solo se trata de recursos para la compra de medicamentos; el acceso universal solo será posible cuando las mujeres trans puedan acceder a su derecho a la identidad, cuando se elimine el estigma y la discriminación hacia los gais y otros hombres que tienen sexo con hombres, cuando el trabajo sexual sea regulado y no sea visto como un delito, cuando los pueblos indígenas sean parte de la respuesta y cuando los países dejen la hipocresía en relación a las drogas y hablen en serio de la reducción de daño.

La tarea parece simple: que se garantice el ejercicio pleno de derechos para todas las poblaciones, pero aparentemente no lo es, o no estaríamos marchando en Durban.

Puede acceder a una galería fotográfica de lo que fue la marcha en este vínculo.

#AIDS2016

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.