Creo que tenemos el movimiento que nos merecemos, pero no el que necesitamos para terminar con el sida. Nos hemos vuelto los diplomáticos del sida y, aún en este rol, somos altamente ineficientes. Hemos dejado de ser activistas para ser una cosa amorfa que es ante todo funcional al sistema, una que no está en condiciones técnicas, políticas y financieras de terminar con el sida.  Hemos concluido el proceso de la metamorfosis de los furiosos activistas de antaño a viajeros frecuentes. Estamos en todos lados pero a la vez en ningún lado. Tenemos colegas que reúnen no menos de una media docena de membresías a juntas, comités, plataformas y redes en todos los niveles, estando -o pretendiendo estar- en todos lados al mismo tiempo, pero no estando en ninguno. ¿Cómo podemos representar voces, gente y  necesidades, si ni siquiera podemos participar en esos espacios de tanta superposición? ¿A quiénes representamos y qué mandato tenemos? ¿A quiénes informamos y rendimos cuentas?

Conferencia Living 2016 (Foto: Galería AIDS 2016

Esta pobre pre-conferencia fue un claro reflejo de nuestro estado de debilidad y desarticulación. Pero esto no es sólo un problema del movimiento de personas que viven con VIH (PVV), sino de todo el colectivo muy fragmentado y sectario, llamado sociedad civil. Mientras las PVV se reúnen aquí, del otro lado del pasillo están los gais y HSH; en otros lugares de la ciudad las trabajadoras sexuales; un poco más allá las personas trans; en otra dirección las poblaciones indígenas; y la lista sigue. Así, las granjas, los territorios y los silos se agudizan. ¿Nadie pensó que era una buena idea, además de las reuniones particulares, juntar unas horas a todos estos movimientos para discutir temas estratégicos, políticos y transversales? Porque, por ejemplo, en Living 2016, aun cuando participaron buenos líderes de poblaciones clave, las PVV reunidas hablamos poco y superficialmente sobre temas específicos de poblaciones clave y, “del otro lado del pasillo”, las redes y organizaciones de las determinadas poblaciones hablaron muy poco de salud.

Las calles que corren en paralelo, casi sin intersección son una grave contradicción de nuestras identidades. La mayoría de los hombres PVV en Living 2016 son gais y, seguramente, un número significativo de los participantes del Foro de HSH viven con VIH. Es decir, fragmentamos también nuestras propias identidades y polarizamos artificialmente la respuesta.

Irrelevantemente desfasados

No sólo el movimiento de PVV está en crisis. Aunque algunos brillen más que otros, al rasgar un poro la pintura, el maquillaje, vemos serias deficiencias de representación, de comunicación y legitimidad en todos los movimientos. Con mayor o menor perfil, siguen siendo chapas globales que en el mejor de los casos tienen sucedáneos regionales, liderados por gais de clase media. No pueden considerarse así mismo población clave. Siendo una muestra muy poco representativa, que además poco dialoga con las bases, con el HSH de a pie y el gay pobre y altamente vulnerable. Líderes que ya no caminan las calles en Esmeraldas, Ecuador; en las Villas de Buenos Aires, Argentina; en los barrios de Cali, Colombia o en los márgenes de Kingston, Jamaica, por mencionar algunas comunidades aleatoriamente, seguro que muchos de ustedes conocen mejores ejemplos.

Alrededor de un centenar de personas participaron en Living 2016 (Foto: Galería AIDS 2016)

Lógicamente esta es una generalización que no hace justicia a todas las excepciones, pero refleja un problema de grandes proporciones. Porque no somos otra cosa que sólo PVV y gais metropolitanos, cosmopolitas, burgueses, que poco pisamos el barro. ¿Cómo hacemos para traer los temas urgentes de los que son sistemáticamente dejados de lado? ¿A quiénes creemos que engañamos? Y ¿cuánto podremos sostener esta charada?

Nuestra legitimidad y relevancia para incidir global y regionalmente no tiene que ver sólo con gestionar organizaciones que prestan servicios de pares. Noble tarea que debe continuar y ampliar su cobertura y alcance, pero esta es una dimensión asistencial limitada y poco sostenible; la tarea también debe incluir empoderar a los más vulnerables de entre los vulnerables, para que puedan participar, aprender y darnos información sobre la vida más allá de nuestros escritorios y talleres. Aunque corramos el riesgo de perder nuestros “super poderes”.

Neocolonialismo y diplomacia

Hace no mucho tiempo, las organizaciones y redes, el movimiento, empujaba  y movía la agenda a pura bronca y furia. Hoy nos sentamos en salas de reunión a negociar concesiones. Ya somos parte del sistema, del problema. Participamos en esta junta, en aquella plataforma, en el otro comité o grupo de trabajo para legitimar espirales retóricos, donde  lo más importante ya no son los temas de fondo, sino las palabras.

Y ejerciendo el arte de la diplomacia, coexistimos con los “peces gordos” con la idea de que podemos mimetizarnos  (y ser un poco ellos) –eternamente- en ese mundo de pasillos alfombrados y cocteles.  Caemos sistemáticamente en un comportamiento corporativo donde en lugar de representar a “nuestra gente”, transcurrimos en la fantasía de la eterna pertenencia, repitiendo los mismos discursos, que poco evolucionan y están plagados de palabras huecas dichas en la primera persona del singular. “Yo creo o yo pienso”. ¿Quién nos ha dicho que estamos ahí para decir lo que nosotros pensamos? ¿Y que eso tiene valor alguno? Pertenecemos a estos espacios, pues debiéramos estar representando a alguna constituyente (1).

Varias pre-conferencias tuvieron lugar el fin de semana, pero hizo falta un espacio de diálogo entre todas las comunidades. (Foto: Galería AIDS 2016)

No te metas con las metas

En catorce años vamos a terminar con el sida. ¿En serio? ¿Cómo? Lo único que hemos visto en los últimos meses es el sistemático des-financiamiento de la repuesta del sida, en general, pero en particular en países de renta media con epidemias concentradas. ¿Cuándo vamos a poner el “grito en el cielo”?

Nadie se atreve a enfrentar algunas de las serias limitaciones que ONUSIDA tiene para responder desde el sistema de Naciones Unidas al sida, lo que incluye a todas sus agencias co-sponsors. Lo mismo podríamos decir del la OMS, del Fondo Mundial y de algunos programas bilaterales como PEPFAR.

Abrazamos metas aspiracionales sin haber pensado cuán realistas pueden ser y cuánto se juega con las expectativas de la gente que sigue fuera del sistema. Nos parece genial testear y tratar, cuando a duras penas podemos sostener y retener a las PVV en tratamiento. Poco a poco nos encariñamos con el PrEP, cuando en la mayoría de nuestros países no hay condones ni lubricantes para aquellos que no pueden pagarlos. No importa, hemos dicho que pondremos fin a la epidemia en el 2030, aunque aún no sabemos cómo, más aún frente a la inevitable diáspora de donantes fuera de la respuesta al sida.

¿Cuándo dejaremos de ser tan diplomáticos y condescendientes para volver a confrontar la retórica de ciencia ficción?

De cuando en cuando y a lo lejos

hay que darse un baño de tumba…

… y si lo que sé no les sirve

no he dicho nada, sino todo.

Pablo Neruda

#AIDS2016

(1) N del R: Los corresponsales clave usamos la primera persona del singular y del plural, muchas veces, porque no representamos sino comunicamos sin pretensión de la “objetividad periodística”, y quien suscribe la utiliza a la hora de publicar los editoriales.

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