Según datos del Observatorio venezolano de violencia durante el año 2015 se registraron en Venezuela 27.875 muertes violentas, lo que genera una tasa de 90 fallecidos por cada cien mil habitantes. Estas cifras posicionan al país como el más violento de América de Sur y el segundo en América Latina, después de Honduras. En Venezuela el homicidio se ubica como la tercera causa de muerte y, para hacer el panorama más desolador, los crímenes se ejecutan principalmente a mano de adolescentes entre los 15 y 20 años.

Magdymar León, Coordinadora Ejecutiva de AVESA.

Ante la violencia generalizada que se vive en Venezuela, como en cualquier otro fenómeno social, vale la pena poner la lupa sobre las diferencias. El encuentro con la muerte y la violencia no ocurren de manera homogénea en toda la población. Magdymar León, Coordinadora Ejecutiva de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA), alerta sobre la situación de las mujeres. En una entrevista para Corresponsales Clave advierte que “evidentemente la situación de violencia y altísima criminalidad que vivimos en el país afecta a las mujeres en tanto aumenta el número de delitos que contra ellas se comenten, no sólo los vinculados a violencia doméstica o violencia sexual; sino como víctimas directas de otros delitos como hurtos, robos, secuestros, etc, dado que son personas en mayor vulnerabilidad. También hay que destacar la llamada violencia secundaria a la que están expuestas, son ellas las que quedan viudas con la carga de hijos e hijas luego de los homicidios de sus parejas, son las que visitan a sus hijos en las cárceles, son las que atienden a los hijos que quedan en situación de discapacidad física por lesiones de armas de fuego, en fin, son las que soportan las secuelas de esta violencia generalizada, tanto como víctimas directas como indirectas. Es de hacer notar que, así como ha aumentado el número total de muertes violentas de hombres, también ha aumentado el número de feminicidios”.

En este sentido, la psicóloga social, criminóloga y doctora en Estudios del Desarrollo, Magally Huggins Castañeda afirma, por medio de los informes del Observatorio los derechos humanos de las mujeres, que los asesinatos de mujeres por armas de fuego se han duplicado en los últimos años.

Tomando esto en cuenta León afirma que, en lo que respecta a la participación del Estado en esta arista de violencia que involucra a las mujeres, “El trabajo de las instituciones del Estado en el tema de violencia se ha centrado más en sus aspectos legales o jurídicos (creación de tribunales, despachos fiscales, órganos receptores de denuncia) que en acciones de prevención. No existe un Plan Nacional en materia de violencia contra las mujeres que articule la respuesta nacional en sus distintas dimensiones y esfuerzos desde los distintos sectores. Como experiencias en materia de prevención, se conoce que la Defensoría Nacional de la Mujer cuenta con un programa de Defensoras Comunales, pero se desconocen sus actividades o resultados, por lo que es imposible hacer una evaluación de las acciones o dar una valoración de su trabajo. Otras instituciones del Estado de carácter local como dependientes de Gobernaciones y Alcaldías, desarrollan algunas actividades de prevención, pero podemos decir que son de corto alcance, esporádicas y no obedecen a un plan rector”.

Sede de AVESA.

Esta gravísima problemática que involucra a las mujeres, como víctimas directas e indirectas de la violencia, se configura como una de las burbujas en una olla hirviendo dada la actual crisis que enfrenta en país. En esta línea, el Observatorio venezolano de violencia (OVV) afirma que, una vez más, los venezolanos se enfrentan a la ausencia total de información oficial sobre las cifras de homicidios proporcionadas por los organismos competentes del poder ejecutivo y judicial, así como a una situación de destrucción institucional que continúa padeciendo el país y que surge, según este organismo, como el factor explicativo más relevante del incremento sostenido de la violencia y el delito. La institucionalidad de la sociedad, en tanto vida social basada en la confianza y regida por normas y leyes, se diluye cada vez más ante la arbitrariedad del poder y el predominio de las relaciones sociales basados en el uso de la fuerza y las armas que caracteriza al panorama político venezolano hoy.

Este escenario, se complejiza cuando se cruzan con otras situaciones como tener VIH, vivir situaciones de violencia en cualquiera de sus tipos, ser pobre -lo que incrementa las posibilidades de ser víctima secundaria de la violencia- entre otros. Es ampliamente conocido que las mujeres que viven con VIH pueden estar sujetas a mayores situaciones de violencia producto del estigma y la discriminación, que se agrava frente a la impunidad que reina en el país. En este sentido, se puede decir que el silencio institucional que caracteriza a la gestión actual se traduce en una violación a los derechos humanos que afecta a toda nuestra sociedad.

Ante este panorama, instituciones como AVESA apuestan al trabajo de incidencia política sostenido, León afirma que desde hace unos años la organización realiza acciones de incidencia en la Asamblea Nacional, específicamente en la Subcomisión de Mujer que depende de la Comisión de Desarrollo Social Integral, “ahí estamos apostando a la sensibilización de diputados y diputadas en los temas de igualdad de género y derechos de las mujeres, que incluyen el tema de violencia, entre otros y ejercer acciones en instancias internacionales, hemos enviado informes paralelos antes (a) los exámenes que le fueron realizados el año pasado al Estado venezolano por los Comités de Derechos Civiles y Políticos y Derechos económicos y sociales, para dar cuenta de cómo la situación de crisis en el país está afectando el ejercicio de derechos de las venezolanas”.

Huggins comentó en un artículo presentado por Amnistía Venezuela que este drama nacional amerita respuestas urgentes que den apoyo a las mujeres que encabezan la mayoría de estas familias, para ayudarles a superar el duelo por la muerte violenta que, es más traumático por ser súbito e inaceptable. El predominio de mujeres en este grupo de víctimas secundarias sigue pasando desapercibido, a pesar del costo en salud física y mental que implica para ellas.

Ya no podemos seguir ignorando ni el centro, ni las aristas de la problemática de la violencia en nuestro país, no solo debemos tener en cuenta la importancia de mirar el panorama completo que involucra también a las mujeres y dentro de ellas a las que viven con VIH, si no garantizar una reparación a estas víctimas. Definitivamente se hace urgente dar una vuelta de timón para conseguir soluciones que involucren a todos los actores y así pasar de la desolación a la esperanza y remediar el impacto en los derechos de las mujeres.

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