Por Andrea Correa.

En Colombia, la ONG PARCES y la red comunitaria trans realiza el acompañamiento a las mujeres trans víctimas del conflicto armado que, después de muchos años de ausencia de su territorio, buscan reencontrarse con su lugar de origen y parte de su historia

El proceso de pacificación ha motivado manifestaciones como esta en Buenaventura.

El trabajo de acompañamiento a mujeres trans inició en setiembre de 2015. En las últimas semanas, un equipo de acompañamiento psicosocial, junto a representantes de la Defensoría del Pueblo y del Ministerio del Interior que contribuyen a generar confianza y seguridad con el retorno a los lugares de origen asistió a Juliana y Camila, dos mujeres transgénero de distintos departamentos de Colombia, dos mujeres que se llenaron de mucha valentía y amor por los suyos. Finalmente llegó el momento que habían deseado por muchos años, luego de haber sido forzadas al desplazamiento, haber vivido el estigma y la exclusión dentro de sus núcleos familiares y de sus comunidades.

Con cruces en el piso recuerdan a desaparecidos.

La discriminación y la transfobia hicieron que estas mujeres abandonaran sus sueños de una vida digna y en paz. Debieron huir de un territorio lleno de  machismo  que no toma en cuenta la diversidad en la sociedad. Fueron sacadas de sus viviendas, no se les permitió siquiera llevar consigo sus documentos de identidad, lo cual las expuso a más problemas, ya que llegaron a Bogotá, la capital del país, sin identificación; una ciudad donde la policía exige los documentos de identidad para cualquier trámite. Sin identificación debieron sortear barreras para acceder a salud, trabajo o cualquier programa social; incluso para beneficiarse de los programas de reparación para víctimas del conflicto armado.

AMY Ritterbusch, profesora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, quien hace parte de la comisión de derechos humanos, acompañó a ambas mujeres y pudo ver de cerca la violencia que se vive por ser trans en ciudades como Buena Ventura, Yotoco y la Virginia, lugares de origen de las mujeres. “Yo, como mujer, también sufrí la exclusión en América. Y es por esto que estoy en la lucha de reivindicar los derechos de las mismas. Mi expectativa es que estas mujeres hagan parte de la academia para poder visibilizar la realidad que vive esta población. (…) Me genera una gran frustración el proceso de paz, ya que no incluye a las mujeres transgénero”, comentó Ritterbusch a propósito de la iniciativa de acompañamiento.

Camila, una de las mujeres trans que volvió a su lugar de origen.

Shopia  Sadinsky de la Harvard Kennedy School of Government, con una mirada internacional, pero con todo el conocimiento del problema de desmovilización y desplazamiento de las mujeres transgénero, dio su visión de la problemática y dijo que le conmueve mucho el coraje de juliana y Camila al enfrentar esta complejidad emocional y vivirla; para Sadinsky es una valentía y una experiencia que va a servir como primer paso en una trayectoria de reconciliación y reconstrucción de la paz. Asimismo, señaló que estos actos simbólicos que se llevan a cabo van a integrarse o complementar otros procesos, por ejemplo las reparaciones del Estado y así tenga relevancia para otras víctimas del conflicto armado.

En lo personal, para mí, como mujer trans, también es duro ver la valentía de estas dos compañeras, Camila y Juliana, mujeres que con todo el dolor ya sufrido una vez, desean retornar; un sueño para ellas volver siquiera por unas horas y abrazar sus seres más queridos. Fue una experiencia muy fuerte por el reencuentro.

Al final, queda la satisfacción de ver nuevamente que se puede luchar y contribuir en la sensibilización y promover el respeto a la diversidad y a las trans de manera particular, haciendo posible el verdadero proceso de paz en Colombia.

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