Los pueblos aymara, en el norte de Chile; warao, en el delta del Orinoco de Venezuela; guna en la costa caribe de Panamá; y shuar en la Amazonía de Ecuador, fueron identificados como “focos rojos” de vulnerabilidad frente al VIH, en el estudio “Estado del arte sobre VIH y pueblos indígenas en América Latina” que fue realizado por el Secretariado Internacional de Pueblos Indígenas frente al VIH (SIPIA), con apoyo de ONUSIDA.

Amaranta Gómez y José Yac y en un ritual maya a los puntos cardinales en la presentación del estudio en Guatemala.

El texto fue compartido con Corresponsales Clave por José Martín Yac, dirigente de la Asociación de Investigación, Desarrollo y Educación Integral (IDEI) de Guatemala, luego de ser presentado, en agosto pasado, en ciudad de Guatemala, por él mismo y Amaranta Gómez Regalado, antropóloga y activista muxe de México, entre otros panelistas.

Luego de una revisión bibliográfica de 304 documentos, de 16 países del continente, SIPIA constató que prácticamente no existe información epidemiológica sobre VIH y sida diferenciada por pertenencia a pueblos indígenas, pero que la escasa evidencia disponible da cuenta de situaciones alarmantes en cuatro primeras naciones.

Tal como lo ha evidenciado Corresponsales Clave en artículos anteriores, el informe de SIPIA da cuenta que los aymara del norte chileno tienen hasta tres veces más riesgo de morir por VIH que el resto de la población no indígena, de acuerdo antecedentes aportados por antropóloga Malva-marina Pedrero y por Willy Morales de la Red Nacional de Pueblos Originarios en Respuesta al VIH, RENPO-Chile, sobre la base de datos oficiales del Ministerio de Salud.

En el caso de la nación warao, denunciado en 2015 por la periodista Minerva Vitti, el documento afirma que “el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (2011) y el Instituto de Biomédica de la Universidad Central de Venezuela (2013) realizaron investigaciones en 26 comunidades warao del delta del Orinoco, encontrando la presencia del virus en el 9.55% de los habitantes de 8 comunidades, lo cual representa una prevalencia altísima tomando en cuenta que en el país es del 0.56% y en el África subsahariana es del 5%”.

Mapa de los focos rojos de VIH y pueblos indígenas en América Latina, según datos aportados por SIPIA.

Respecto a los guna de Pamaná, SIPIA asegura que datos del 2009 (Fundación Triángulo, Fundación amfAR y ONUSIDA) indicaron que tenían una “prevalencia dos veces mayor que la estimada para población en general”. El mismo año, agrega, el gobierno publicó que la comarca indígena de Guna Yala tenía una tasa acumulada de VIH (con año base 2004) de 234.9 por 100 mil habitantes mientras que la del país era de 138.8. El 2016, acota, el Ministerio de Salud reportó que “la tasa de seropositividad para el país es de 0.3% y en Guna Yala es de 0.4%, siendo la región sanitaria con mayor tasa”.

El informe, por último, dice que, en la región selvática ecuatoriana de Morona Santiago, con un 50 por ciento de población indígena, Family Care International (FCI) detectó que hubo un incremento del 680% en los casos de VIH entre 2002 y 2013. De estos casos registrados, la mitad correspondía a indígenas shuar.

Para SIPIA las causas de esta situación, en estos cuatro pueblos originarios, están vinculadas a la violencia estructural que se expresa en racismo, discriminación, pobreza, falta de oportunidades y un pobre acceso a los servicios de salud.

En lo concreto, también nombra como causa a los fenómenos migratorios, generados en ese contexto de desigualdad, como el tránsito del campo a las urbes o el desplazamiento forzado por explotación de recursos naturales, guerrilla o narcotráfico en territorios indígenas; el trabajo sexual forzado como consecuencia de la migración; y el abuso de alcohol y drogas.

“El panorama es desolador, triste, penoso y evidencia la enorme deuda que aún se tiene con estas poblaciones. A la exclusión, marginación, racismo, pobreza, hambre, enfermedades, falta de oportunidades en el terreno laboral y educativo, ausencia de información sobre sus derechos sexuales y reproductivos, ahora hay que agregar que el VIH las está diezmando”, dice el informe.

Taller en que fueron presentados, en agosto, los resultados del estudio sobre estado del arte en VIH y primeras naciones americanas.

José Martín Yac, afirmó para Corresponsales Clave, que el documento da cuenta que las primeras naciones han vivido siempre excluidas por parte de las instituciones del estado, con políticas públicas en VIH escasas y centralizadas, que no reconocen a las poblaciones indígenas. Por lo mismo espera que sea “una herramienta que nos ayude a incidir en los programas y para que los estados cumplan con los convenios internacionales como el 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que incluye el principio de la consulta a las comunidades originarias”.

Agregó que los resultados del estudio ya fueron compartidos también en Argentina por la coordinadora general de SIPIA Amaranta Gómez; y que está previsto que Pilar Montalvo, también integrante del secretariado, haga lo mismo en Lima, Perú, en octubre próximo.

Hortencia Hidalgo, aymara de Arica, ciudad en el extremo norte de Chile, y dirigente de RENPO, dijo a Corresponsales Clave que, efectivamente, el riesgo y vulnerabilidad de su pueblo frente al VIH es real. “Es lamentable la realidad. Falta normativas y recomendaciones para el desarrollo de una respuesta nacional urgente en Chile. Así también, para el acceso a los medicamentos desde las áreas rurales, ya que aún está centralizado en la capital regional”, opinó.

Ante el aporte realizado por SIPIA es de esperar que los gobiernos de Chile, Colombia, Venezuela y Panamá acusen recibo de esta alerta e inicien, a través de sus ministerios de salud, procesos de consulta a los pueblos indígenas para, desde un diálogo intercultural, implementar estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento con pertinencia cultural.

Para el resto de los países de América Latina queda pendiente la tarea de levantar información epidemiológica en VIH de sus pueblos originarios, ya que, por el momento, más focos rojos podrían estar ocultos por falta de estos estudios.

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