Las Hepatitis (A, B, C, D y E) refieren a inflamación del hígado, órgano vital que procesa los nutrientes, filtra la sangre y combate las infecciones en el organismo. Cuando se inflama o se daña, su funcionamiento puede resultar afectado lo que podría resultar potencialmente mortal. La hepatitis C es una de las más frecuentes, se contrae al tener contacto con la sangre de una persona infectada, por vía sexual y a través del embarazo o parto. Unas 350 000 personas mueren anualmente en el mundo, como consecuencia de enfermedades hepáticas relacionadas con este virus, según una publicación de la Organización Mundial de la Salud.

Sandra Hidalgo muestra los medicamentos que toma para curarse de la hepatitis C.

La Dra. Emma Coronel, hepatóloga del Programa Nacional de Hepatitis Virales,  mencionó para Corresponsales Clave que alrededor de 400.000 personas viven con el virus de la hepatitis C en Argentina. Sin embargo, este dato “hay que mirarlo con lupa”, pues se estima que solo entre el 20 y 30 por ciento conoce su diagnóstico, lo que nos indica que la prevalencia de esta enfermedad puede ser mucho mayor. Además, vale la pena destacar, que la tasa aumenta alrededor de un 20% en personas que viven con VIH.

La Red Argentina de Mujeres que viven con VIH sida (RAMVIHS) publicó su arduo trabajo en incidencia política para incluir en el Vademecun del país la medicación -libre de interferón- para curar la hepatitis C; dicho trabajo comenzó en el año 2003, se cristalizó en el 2015-2016 cuando el Estado argentino firmó la compra y continúa en las acciones de prevención y visibilización que realiza la Red (pueden visitar el Facebook de la RED).

En este sentido Sandra Hidalgo, una de las protagonistas de esta historia nos sensibiliza e invita a formar parte de este trabajo, a través de su testimonio de lucha personal y política. Les invitamos a leerlo:

“Muchos años le llamé lucha a la búsqueda de una conquista social. La palabra lucha en algunas cuestiones siempre me hizo ruido, ahora entiendo que todos tenemos distintas luchas personales, pero en el activismo cuando lo “propio” es parte de lo social esa palabra queda incómoda porque las luchas siempre tienen sus muertos y el activismo no tiene muertos; puede tener obstáculos, diferencias, deudas y muchas cosas más pero nunca muertos, porque el activismo hace una revolución en su intento de eliminarlos. Los muertos corresponden al Estado indiferente, a gobiernos sordos y corporaciones que ponen por delante lo propio antes que lo social.

Activismo es una Revolución de Amor cuando el principal objetivo es el bien común.

Hace muchos años atrás cuando comenzamos esta revolución por la incorporación de los tratamientos de hepatitis C en el vademecum de Nación en vih/sida, la historia era muy distinta, había algunas voluntades dispersas, pero lo que abundaba era la desidia, las muertes y un total desconocimiento de la realidad que nos atravesaba sin piedad.

El trabajo era arduo, informar, unir las voluntades, comunicar en muchos ámbitos lo que sucedía, era una tierra inexplorada en VIH/sid (…).

La presencia de un competidor en el mercado local hizo posible que los precios bajaran y más personas accedieran al medicamento.

Se consiguió no solo la mediación, la información lo invadió todo y poco a poco se fue ganando terreno y sembrando para el hoy.

¡Hoy, la medicación nos cura!!!!” (Sandra Hidalgo)

Más tratamientos fueron posibles

Entre otros de los puntos que hay que resaltar en esta historia de atención y tratamiento de la hepatitis C, son la excelente gestión de la Dirección de ETS y sida de la Nación y las acciones de organizaciones de la sociedad civil que presionaron a la empresa farmacéutica a reducir el precio del medicamento sofosbuvir (Sovaldi®) a niveles menores de los que se habían visto hasta entonces en el mundo, alrededor de 6 mil dólares por el tratamiento de doce semanas. Esto también fue posible debido a la presencia de un competidor en el país, Richmond, que ofertó el mismo producto a 1400 dólares por tratamiento.

La presencia de competencia hizo posible una reducción significativa de los precios, que a la vez permitió que más personas se beneficiaran con el tratamiento y se curaran.

Sandra Hidalgo también comentó sobre este punto: “Hoy el problema es otro…cuando la ciencia trabaja para conseguir la cura de enfermedades y lo logra, todos pensamos que la ciencia logró el ideal colectivo, todos los que busquemos curarnos de la hepatitis c seremos curados…pero resulta que ese ideal colectivo pasa a manos de un ideal personal y vuelvo a lo mismo del principio: Lo “propio” puede estar incluido en lo social, pero si la necesidad social se busca para satisfacer los ideales económicos de unos pocos estamos fatalmente jodidos.

(…) Necesitamos acuerdos económicos realistas para que todos los gobiernos del mundo puedan brindar esa posibilidad a la gente.

Soy una bendecida de poder mostrar hoy mi tratamiento y contarles que hace 5 meses que voy en busca de mi cura de la hepatitis c, pero no quiero pensar solo en mí, no puedo, no debo, tengo conciencia social por más que ya no trabaje por los tratamientos.

Pensemos, ¿de qué sirve tener la cura si no podemos parar los muertos y ofrecerles tratamientos a todos y todas los que lo necesiten? sin especulaciones de ningún tipo, la salud no puede ser un negocio…

¡Si, ya sé, alimento utopías, pero eso me llena de vida!!”

Argentina ha sentado un precedente importante en la atención, tratamiento y cura de la hepatitis C, su ejemplo deberá ser seguido por el resto de países de América Latina.

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