Durante la semana pasada, la Redtrasex se reunió en la Ciudad de Panamá para discutir, primero entre ellas y luego con otros aliados y aliadas, los avances, estrategias y desafíos que enfrenta la conquista de los derechos de las mujeres dedicadas al trabajo sexual.

Además de las mesas de discusión sobre temas específicos que involucran a la respuesta al sida o el derecho a la no violencia, el acceso a servicios de salud y la promoción de leyes que regulen el trabajo sexual como trabajo, hubo un espacio para rendir homenaje.

Compartimos a continuación una carta que leyera Javier Hourcade Bellocq, ex Representante para Regional América Latina y el Caribe  de la Alianza Internacional sobre sida y actual Jefe del Área de Influencia en la Alianza. La carta es más que una comunicación, es una lectura crítica del contexto que deben enfrentar las trabajadoras sexuales para lograr el respeto de cada uno de sus derechos.

Elena Reynaga, Secretaria Ejecutiva de la Redtrasex, se dirige a sus pares.

“Estimadas compañeras de la RedTraSex

A continuación quiero leerles una carta en nombre mío y de la Alianza Internacional sobre el sida, sabrán disculpar el medio, pero sea esta la forma de evitar que las emociones nublen la poca razón que uno porta sin poder terminar la primera oración.

Hoy estoy aquí también en representación de nuestra Directora Ejecutiva, Cristine Stegling, y el equipo de directores de la Alianza, que morían de ganas de estar en Panamá y no se hubieran perdido este evento si no coincidiera con la reunión de nuestra Junta de Gobierno.

Déjenme entonces transmitirles nuestro agradecimiento por sus agradecimientos, y sincera emoción por su reconocimiento, pero queremos dejar en claro que: trabajar con y junto a ustedes, es haber hecho lo que había que hacer y lo haríamos de nuevo, una y mil veces.

Y esto lo creemos todos los que hoy estamos en la Alianza, como lo creyeron quienes fueron parte de ella como Steve Lewis, Ale Trossero, Jeff O’Malley, Animaría Béjar, Álvaro Bermejo, Ruth Ayarza, Alexandra Lamb Guevara, Érika Páez, Pam Decho, Thomas Dunmore, y otros tantos que tuvieron el privilegio de trabajar desde la Alianza, con y para la RedTraSex.

Cada libra que la Alianza movilizó para invertir en programas y en el asocio con la RedTraSex, volvió 10 veces en capital social, 100 veces en justicia social, 1000 veces en aprendizaje y baños de humildad para la familia de la Alianza. Lo que nos hace pensar que somos nosotros los que estamos y estaremos en deuda.

Giorgina Orellano, Secretaria General de AMMAR.

Es muy difícil poder medir y cuantificar como la red y cada una de ustedes, mujeres trabajadoras sexuales, revolucionaron cada fibra de nuestra organización y de nuestras familias. Hoy sospechamos que somos un poco mejor gente, no sabemos por qué, pero sí sabemos por quiénes.

Pero también aprendimos juntos a no dar nada por hecho, a no bajar la guardia.

El año pasado tuvimos nuestro baño de realidad con el debate mundial en torno al tratamiento de la resolución de Amnistía Internacional sobre trabajo sexual. Una realidad dolorosa al ver cientos de miles o millones de mujeres trabajadoras sexuales tironeadas, arrastradas de un brazo hacia el pasado y la oscuridad por el movimiento abolicionista. Mientras del otro brazo siguen aún siendo tironeadas por los hombres, los hombres uniformados, que con arma reglamentaria o la cruz, les cobran peaje: para dejarlas trabajar o darles paso a la salvación.

Que soberbia franciscana la de un pastor que una semana dijo que no habría sacerdotisas católicas y apostólicas, que el sacerdocio no sería para las mujeres, y unas semanas después decretó el perdón general, genérico y express a las mujeres que habían abortado. Para aquellas que han sobrevivido, ¿no hubiera estado mucho mejor  estar junto a todas ellas cuando se jugaban la vida por su derecho a decidir? Que mentes y que discursos esquizofrénicos.

No se preocupen que uno de estos días se despiertan inspirados y nos da absolución general, genérica y express a todos y todas.  Mientras tanto sabemos que las que se nos hará difícil de perdonar es a esa secta de académicas descarriadas fundamentalista y anacrónicas de las abolicionistas. Aquellas que poco entienden de derechos, y muchos menos de los humanos, ignoran mucho salud, más si esta es pública, que de tanto leer lo que escriben otros, se les olvidó el lenguaje del sentido común y se han quedado vociferando su analfabetismos emocional.

Agencias de cooperación y otros aliados participaron de esta trascendente reunión.

Nunca se pondrán en los zapatos de la otra, no porque sean de tacos, sino porque en la construcción de la identidad de abolir han matado lo que les quedaba de empatía y amor por la prójima.

¿Qué es más políticamente apremiante? Perseguir e intentar domesticar a las mujeres trabajadoras sexuales por la amenaza que les representan, o rescatar y empoderar a las mujeres y niñas explotadas en maquilas, campos y fábricas de América Latina, del Sud Este Asiático o en Europa del Este. ¿Quién sino cosechará lo que fuman, coserá lo que visten y ensamblará las piezas de los aparatos por donde tuitean su odio?

Compañeras no bajen los brazos, porque cada vez que quieran promover un proyecto de ley de trabajo sexual autónomo o una política saludable, saldrán de las sombras, muchos y muchas, a pegarles a canto de libro que duele tanto como el machete de un policía. Para todas ellas, “mujeres del mal abolir” nos resultará muy difícil gestionar el olvido y el perdón.

Pero ustedes cada día están más fuertes y más sabias, y mientras los que trabajamos en VIH luchamos por sobrevivir, ustedes abrieron un centro de salud amigable, o sindicato por aquí, una escuela más allá, un comedor acá nomas o una cooperativa a la vuelta. Sospechamos que ustedes andarían transitando caminos más sustentables que los nuestros. En más 30 años de lucha contra el sida, ustedes son la única población que ha descifrado la clave, logrando aplanar la curva en los gráficos, que han contenido la epidemia del VIH.

En 500 años quizás, cuando un grupo de turistas venga al museo de la respuesta del sida, ahí estarán ustedes cobrando entrada y de guías, describiendo como en el siglo 20 y el siglo 21, en tiempos del sida,  habitaban estas tierras unos grandes mamíferos, llamados las vacas sagradas.

Ustedes perdurarán porque su lucha es de múltiples batallas, más allá del relicario del sida en el que aún muchos habitamos.

Sepan ustedes que aquí hay muchos convencidos y convencidas que cuando el trabajo sexual autónomo esté legislado positivamente, ustedes serán menos vulnerables a la corrupción, al abuso y la impunidad institucional, estarán más protegidas del estigma religioso y el sadismo académico.

Sabiéndolo o sin saberlo, hace unos 20 años, compañeras, ustedes pusieron en marcha una revolución imposible de parar; ustedes encarnan un nuevo paradigma de género, de ciudadanía y de igualdad.

No podría precisarles a estas alturas en qué momento esta carta dejó de ser institucional para ser personal, ya poco importa, aquí vine a compartirles un mensaje de esta familia de la alianza, a la que ustedes pertenecen por siempre.

Un siempre es lo que tendrán de este colega, cómplice, amigo y compañero de lucha quien seguirá además siendo un alumno buscando impregnarse de su sabiduría.

Ustedes saben antes que nadie: a dónde van y a dónde quieren llegar; por favor, sigan compartiendo con nosotras y nosotros sus coordenadas porque les queremos seguir haciendo compañía.

Ayer, hoy y siempre las saludan sus entrañables y orgullosos familiares de la pequeña Bretaña, los de la Alianza.”

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