La Junta del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria aprobó en su reunión de principios de año, en Costa de Marfil, la política de Sostenibilidad, Transición y Co-financiamiento (ver artículo). En una semana, en la ciudad Montreaux, Suiza, se volverá a reunir y discutirá la asignación de recursos financieros para los próximos años. Esto, luego de concluir el proceso de reaprovisionamiento de fondos, donde cumplió con su meta de recaudar 13 000 millones de dólares para los próximos tres años. Este resultado  es al menos la información pública, toca aún leer la letra chica de los compromisos de los donantes y ver cuándo y cómo esos compromisos serán honrados.

Así y todo, el dinero reunido es muy limitado y no alcanzará para seguir financiando la lucha contra las tres enfermedades en regiones menos prioritarias como América Latina, parte del Caribe, Europa del Este y partes de Asia. El Fondo Mundial pidió lo que los donantes lo que estaban dispuestos a dar y ellos a cambio lo direccionarlo hacia los países que han priorizado; complaciendo a los donantes, razón por la cual muchos de nuestros países serán expulsados de la cartera del Fondo en los próximos años.

Transición, la palabra de moda

El proceso ya empezó y el  abordaje elegido para  ingresar a los próximos proyectos del Fondo en nuestros países, con un Caballo de Troya, que viene disfrazado de transición y sostenibilidad; no necesariamente porque el Fondo Mundial, que es un asocio en el que los donantes tienen una fuerte influencia, se preocupen sobre lo que pasará con las respuestas a las enfermedades en nuestros países. Sino porque es una forma más elegante de irse, o como dijeran ellos “off the record” (sin micrófonos) una forma más responsable y políticamente menos costosa de irse. Esta vez sí se irán, salvo que algo dramático suceda.

Así entonces, trabajar en transición es la “palabra de moda”. Ya he perdido la cuenta, pero la última vez que hice el ejercicio, había al menos 10 organizaciones internacionales, algunas ONG y “uniones transitorias de voluntades” trabajando en lo mismo. La secretaría del Fondo Mundial contrató “expertos” en el tema y muchas organizaciones también. ¿De dónde salen esos expertos internacionales? Es difícil saberlo. ¿De cuántas experiencias exitosas de sostenibilidad y transición han sido parte?, lo desconocemos ¿Qué habrán producido dichos expertos?, también son muy buenas preguntas para formularnos. No conocemos ningún caso donde la transición una donante no haya tenido un alto costo programático y de salud pública

La Junta del Fondo Mundial se volverá a reunir en unos días para determinar la asignación de recursos.

Los MCP, Sub-receptores, ONG y redes  están siendo invitadas a reuniones y talleres, desde principios de este año, donde se intenta explicarles o enseñarles a diagnosticar su grado de preparación para transicionar (es decir, a trabajar y sobrevivir sin recursos económicos), los contratos sociales (o cómo ser empleados y proveedores de nuestros Estados/Gobiernos) y, en tercera instancia, cómo se podría presionar a los gobiernos para poner más dinero. Hay gente que este año ya ha estado en al menos 3 o más eventos de similares característica. ¿Por qué? Porque hay dinero para los “proveedores y contratistas” para realizar este tipo de trabajo trabajo y, una vez más, hay una paupérrima alineación y coordinación entre los actores “embarcados en tan noble gesta”, acompañado de un fuerte desinterés, porque hay una necesidad de captar esos dineros y hacer “como que hacemos”.

La sostenibilidad y la transición son temas políticos

A pesar que muchos tecno-burócratas podrían disentir conmigo, la Sostenibilidad y la Transición no son cuestiones técnicas y de proceso sólo, son cuestiones netamente políticas.

La comunidad de los donantes no está interesada en financiar nuestros países donde vive la mayor cantidad de personas con VIH: los países de renta media. Sólo les interesa poner sus recursos, que no son suyos sino de quienes pagan sus impuestos, en los países menos desarrollados, en los países “más pobres entre los pobres”. Desde hace 10 años, cuando se creó el primer grupo de trabajo de elegibilidad en la Junta del Fondo Mundial que están obsesionados con esta cuestión; hoy están más cerca que nunca de lograr su tan ansiado sueño.

Tampoco parecen estar interesados en la sostenibilidad futura; no porque son malos, sino porque son políticos. El dinero no es de ellos, sino que representan a un gobierno y su agenda. Por más que uno hable con ellos y argumente, créanme, no se les mueve un pelo. No hay evidencia, entre las pocas que hay, que los mueva de su dirección.

Los gobiernos de nuestros países, en vías de desarrollo, tampoco están muy interesados ni en la sostenibilidad ni la transición. Algunos de ellos, los mejores y más organizados, ya han diseñado escenarios de cuánto dinero más deben poner en el presupuesto del Programa Nacional de sida para proveer tratamiento y algunos servicios. Otros políticos ni siquiera estarán al frente del gobierno cuando esto suceda. Algunos cálculos incluyen el dinero para comprar antirretrovirales, algunos insumos y, en el mejor de los casos, algunos condones. Hasta ahí llega la voluntad política; cero prevención y mucho menos financiar el trabajo de la sociedad civil.

Y nuestros colegas y amigos de la sociedad civil están padeciendo el “síndrome del Titánic”, bailando en estado de religiosa negación. Quizás despierten cuando el agua les llegue a la cintura, mientras tanto se quejan: ¿cómo es posible que esto suceda? Desafortunadamente, la preocupación, visión y bronca todavía no nos ha movilizado lo suficiente. Muchos de los que saben que “el lobo esta vez sí vendrá al pueblo” se encierran en sus casas con un sentimiento de resignación o se distraen en un sinnúmero de talleres sobre, otra vez: sostenibilidad y transición.

Aquellos que tienen el poder de tomar las decisiones financieras, los gobiernos de los Estados donantes, ya la han tomado, y es salir de los países lo antes posible y marcan sus calendarios para el día tan ansiado. Nuestros gobiernos se hacen los que no saben o ansían el día en el que el Fondo Mundial se vaya y no tengan que sentarse en un MCP a tomar decisiones y rendir cuentas con “esa gente” con la que consideran que no deben reunirse, coordinar y rendir cuentas. Al fin y al cabo, dirán, vivimos en democracias representativas, y tenemos el mandato de los votantes para gestionar por 4 o 6 años, déjenos hacer nuestro trabajo.

La sociedad civil, por su parte, no ha echado a andar un plan de contingencia para no perder esos lugares clave de colaboración y veeduría. El dinero está, créanme,  en los gobiernos del “norte” y en los del “sur”, lo que falta es voluntad política. Entonces estamos frente a un grave problema político que queremos intentar resolver y minimizar con herramientas. Pero un destornillador no es la mejor herramienta para clavar clavos.

¿Qué se puede hacer?

Me he tomado el trabajo de mirar las herramientas orientadas a medir cuán preparados estamos para el proceso de transición, y en algunos casos los resultados que estas arrojan. Y se trata de porcentajes y palabras claves que no hacen más que sobre-diagnosticar lo que todos sabemos o al menos intuimos: que ningún país está listo para transicionar y que hay pocas chances de ser sostenible.

Estamos confundiendo el termómetro o la placa de rayos como si fuera el tratamiento. Si el paciente tiene neumonía o tuberculosis, hay que tratarlos y no hacerle 100 placas y medir 100 veces la fiebre, a riesgo que este se empeore por falta de tratamiento y una fijación irracional en el diagnóstico. De qué nos sirve saber que la respuesta de la sociedad civil en un país X tiene una preparación del 65% para ser sostenible o transicionar con menos trauma. ¿Cuál es el 0% o el 100? Un patrón en común en la mayoría de las herramientas es la medición superficial, apurada, sintomática y con una bajísima participación de los actores de sociedad civil que se verán más afectados.

Nuestro gran problema es la Sostenibilidad, no la transición. La transición es irremediable y muchos actores estamos tratando de alejar el iceberg del barco, comprar más tiempo. A riesgo de ser reduccionista, cuando me han preguntado sobre sostenibilidad en una reunión o entrevista normalmente he dicho lo siguiente:

- Previo a discutir la transición, urge discutir un plan de mediano y largo plazo de sostenibilidad y dejar de poner el carro delante del caballo.

- No sirve medir preparación si uno no cuenta con los medios para resolver lo que se diagnóstica.

- Los diagnósticos deben ser serios, profundos y participativos. Deben realizarse dentro de los países.

- La Secretaría del Fondo Mundial puede promocionar la noción de Sostenibilidad y Transición, apoyando la operacionalización de la política, pero tiene un severo conflicto de interés al involucrarse directamente. Si cuenta con recursos, debe transferirlos a una organización neutral y con alta reputación, por ejemplo el Fondo Robert Carr, para que ellos armen subvenciones para la sociedad civil en los países más afectados.

- La sociedad civil “organizada” debe ponerse a trabajar en una coalición multisectorial amplia (con actores con experiencia de transparencia y trabajo en presupuesto, con organizaciones que trabajan en otros problemas de salud) para desarrollar un plan de incidencia presupuestaria para los países que incluya componentes de recursos para prevención y para la sociedad civil.

Mark Dybul, Director Ejecutivo del Fondo Mundial.

- Se debe analizar cuáles son aquellas organizaciones más expuestas políticamente por su rol de incidencia política, denuncia, veeduría y control social y movilizar recursos externos para su subsistencia (no imagino que nuestros gobiernos gusten de alimentar los mastines que ladran y muerden).

- Se debe promover la creación de un comité multisectorial nacional, un MCP (mejor y ampliado) para asegurar un espacio para la sociedad civil, incluyendo las poblaciones claves, las Personas con VIH y otras comunidades. Si esto forma parte de un decreto o una ley es probable que tenga mayores chances de sobrevivir en el tiempo.

- Apropiarse de los recursos de transición de las próximas notas conceptuales y programas del Fondo Mundial para poder hacer parte del trabajo arriba mencionado. Igual, la verdad, no se necesitan tantos recursos para implementar lo descripto, sino compromiso y sentido de urgencia. Y dejar de encantarse con el canto de las sirenas que vienen del exterior con recetas mágicas, recuerden que son contratistas, y cuanto más dure la obra, mejor; lo que no garantiza una mejor obra.

Les aseguro que algunas cosas que les comparto y otras más fueron posibles en tres países en los que hemos trabajado junto con la Alianza; pero aún después de tres años de trabajo conjunto, la conclusión es que estos procesos requieren no 3, sino 6 o más años para cambiar algo, y sobretodo de mucha generosidad política de nuestros colegas.

No creo que una parte de mis colegas, hoy devenidos en pastores misioneros de la transición y la sostenibilidad sean mala gente. Creo que harán lo posible por ayudar, pero también hay motivaciones particulares de aprovechar esta oportunidad de contratos y recursos, aunque creo que son los menos indicados para realizar esta tarea, fundamentalmente por su desconocimiento y falta de experiencia. Este trabajo no tiene que ver ni con grandes conceptualizaciones, recetas ni muchas herramientas, sino con sentido común y “calle”. No bajemos los brazos en denunciar la impunidad con la que los donantes, por medio del Fondo, escapan de nuestros países. Rompamos la inercia que esto no es más de los mismo.

Para revisar la Política de sostenibilidad, transición y co-financiamiento del Fondo Mundial, haga click en este vínculo.

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