La Junta de Gobierno del Fondo Mundial para el sida, la tuberculosis y la malaria (FMSTM) se reunió la semana pasada con el propósito de entrevistar y elegir a un nuevo Director Ejecutivo de la Secretaría, que hoy cuenta con un equipo de alrededor de mil empleados y gestiona miles de millones de dólares al año.

Mark Dybul, Director Ejecutivo del Fondo Mundial hasta mayo de 2017.

Mark Dybul decidió no concursar para renovar su mandato, información que era del conocimiento de la Junta desde hace casi más de un año; sin embargo, el mecanismo de gobierno del FMSTM no pudo resolver un proceso de selección adecuado en tiempo y forma. Como resultado de esto, a fines de mayo, Dybul abandonará su cargo sin un reemplazante seleccionado.  Ante esta situación, la junta decidió que la Jefe de Equipo (Chief of Staff), Marijke Wijnroks, asuma de manera interina la Dirección Ejecutiva. En mi opinión editorial, esta ha sido una decisión acertada debido a Marijke ha sido y es un valioso recurso para el Fondo, que nos consta en los diferentes roles que ha tenido, incluso como miembro de la Junta.

El fallido proceso de selección de un nuevo director inició con la contratación de una muy costosa empresa de “caza talentos”, un opaco proceso de pre-selección y una lista de tres candidatos que aparecieron a último momento para ser considerados por la Junta.

La mayoría de los miembros de la junta no supieron a ciencia cierta -u oficialmente- quienes eran los candidatos pre-seleccionados hasta llegar al “cónclave” en Ginebra. Aún antes de llegar a esta reunión, uno de los candidatos se bajó del concurso, debido a que se había publicado un artículo en un medio influyente de los Estados Unidos, y trascendió que no contaba con la bendición de ese país, principal donante del Fondo. Esta zaga se vio teñida con algunos escándalos que incluyen filtraciones de correos. Así, quedaron en carrera un ex-ministro de un país con pobre desempeño en derechos humanos y el CEO de una empresa proveedora del Fondo.

Una vez selladas las puertas vaticanas, el ejercicio clave de gobernanza de las y los tomadores de decisión del Fondo se vio interrumpida por la presentación inmediata de dos países donantes que expresaron fervientemente su decisión de no apoyar ninguno de los candidatos. Rápidamente hubo que encender la estufa y proyectar al mundo el humo negro.

Liderazgo de la Junta

Otra parte importante del retiro de la Junta que hemos descrito arriba, fue la discusión de las mejoras en las formas de gobernanza, que incluía definir el proceso para la selección de los nuevos presidentes y vice presidentes de la Junta.

Nada nuevo bajo el sol, el proceso aparece muy similar al que ya existía, que ha resultado, en el pasado, en la selección de muy pobres presidentes y vice-presidentes. Hablado de la falta de competencias al extremo de no poder presidir eficazmente una reunión. Se han votado decisiones en este lapso que no habían sido entendidas por todos los miembros y se obviaron procesos reglamentados de presentación de discusiones y votación. Ni siquiera un poco de pasión, visión y energía.

En estas semanas y hasta la reunión de la Junta en mayo en Kigali, Ruanda, habrá mucho lobby y negociación de corredor para conseguir un presidente y vicepresidente. Esta vez, de acuerdo a un sistema de rotación, la Presidencia le corresponde al bloque de los países implementadores (receptores de los fondos). Ya se postulan nombres de gente que ha estado siempre en diferentes roles en la Junta.

El Fondo Mundial, una vez más, está a punto de perder la oportunidad de traer gente nueva, con ideas frescas, con capacidad de gobernar y liderar, que no sea susceptible a las presiones, por ejemplo, de los donantes.

En lugar de pasar el cetro a un amigo de la misma familia, las delegaciones deberían -proactivamente- proponer un buen candidato, capaz, independiente y libre de conflictos de interés. Todavía queda algo de margen, un espacio para reparar una tendencia crónica de dificultades en el liderazgo.

La Junta, y en particular el bloque o grupo implementador, tiene que pensar en alguien con las capacidades de timonear este barco en una gran tormenta que se avecina.

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