En República Dominicana, el Ministerio de Salud Pública, a través del Programa Nacional de Control de la Tuberculosis se ha esforzado mucho los últimos tres años en abrir centros de atención a personas con tuberculosis (TB) en comunidades apartadas para garantizar que todas las personas puedan acceder al servicio, y reducir lo más posible las barreras que contribuyen a romper la adherencia al tratamiento, como la lejanía para llegar al centro y la falta de dinero para costos de transporte, así como el miedo a la discriminación cuando los establecimientos están muy próximos a sus lugares de residencia.

En algunos centros de salud se han acondicionado espacios para la atención en tuberculosis.

Para conocer mejo del funcionamiento de estos centros, Corresponsales Clave recorrió varias comunidades dentro y fuera de la ciudad de Santo Domingo.

Para  nuestra grata sorpresa, nos encontramos con algunos centros de atención primaria donde ha sido incorporado el servicio de atención a personas con TB, son centros funcionales donde se respira una atmosfera de respeto hacia los usuarios. En algunos lugares el espacio físico no es el más adecuado, pero el personal hace su mejor esfuerzo para brindar atención de a quienes asisten en busca de medicamentos o de diagnóstico.

Ese fue el caso de la pequeña comunidad de Lechería, localizada en las cercanías del río Haina, al oeste de la ciudad de Santo Domingo, donde la pobreza extrema y el hacinamiento es parte de la realidad, niños deambulando y gritando en su única callejuela polvorienta, casitas deterioradas en donde viven hasta diez personas y que cuentan solo con un par de camas que usan un montón de cartones como colchón; mujeres que cocinan los alimentos en fogones, mientras otras pasan el rato en lo que alguna vez fuera un parque de recreo, y un grupo de adolescentes juega beisbol con bates improvisados.

La comunidad no cuenta con escuelas cerca o institutos donde puedan hacer algún curso técnico, pero sí tienen un sub centro de atención primaria que, entre otras cosas, garantiza el acceso a medicamentos para la tuberculosis, además de un personal de salud que ama lo hace, y un joven de nombre Rafael Zapata, que prefiere que lo llamen “Baby”, quien se ocupa de la búsqueda y rastreo comunitario de las personas con diagnóstico de TB, en una moto que ha visto mejores tiempos.

Según el informe emitido en el 2016 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en República Dominicana se detectan 4,000 casos de tuberculosis por año; 50 casos por cada 100, 000 habitantes.

A propósito, la doctora Grisela Sánchez de Tejada, encargada de la unidad de atención del Hospital Vinicio Calventi, comentó que en este año hay menos casos que los registrados hace dos años para esta misma fecha.  Sin embargo, no se han logrado los progresos esperados. “En lo que va del año hemos detectado más de seis positivos, pienso que el fuerte y constante flujo migratorio acompañado de desplazamiento descontrolado pone en riesgo la efectividad del programa”, dijo Sánchez.

Detectar, tratar y curar es la clave que promueve Elena Marte, una educadora comunitaria.

Al contrario, la licenciada Danilda Rivera, quien presta sus servicios en otro centro de la ciudad, comentó que “en realidad la tasa sigue en aumento y que se percibe menos porque están distribuidos en más lugares”. Rivera mencionó como una de las prácticas que podrían estar contribuyendo al contagio de la tuberculosis es la expansión del uso de las hookah en República Dominicana, de manera especial en los jóvenes entre 20 y 30 años; sin embargo, no hay aún estudios que confirmen estas sospechas.

En República Dominicana el Programa de control de TB presta especial atención a la prevención a través de la educación y a la concientización ciudadana sobre la importancia de la detección temprana; asimismo, se refuerza la idea que la enfermedad se puede curar. En el recorrido por tres establecimientos de salud, se pudo observar que la campaña ha sido bastante efectiva, ya que varios de los usuarios con los que se conversó señalaron que habían llegado a hacerse el examen de baciloscopia por iniciativa propia, al presentar tos por más de quince días o algunos de los síntomas que las promotoras de salud indicaron en las charlas comunitarias que realizan educadores y educadoras comunitarias.

Félix Manuel Paulino, un usuario entrevistado, contó que tiene 16 días de haber empezado el tratamiento y que saberse positivo a TB no le impacto de manera negativa porque ya había visto un cartel donde decía que se podía curar, al tiempo que dijo estar muy satisfecho con el manejo que se  le ha dado en el centro por parte del personal de salud.

La expansión de los servicios de atención a la tuberculosis ha sido posible gracias a la inversión del Ministerio de Salud, así como el apoyo financiero del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria. El retiro de esta instancia internacional preocupa a la doctora Sánchez de Tejada, quien señaló que aunque desde 2015 varios ministerios y empresas estatales se han comprometido a apoyar la lucha contra la TB, aún hay una importante brecha en la atención, y el retiro del Fondo Mundial es una amenaza para el programa.

Aún hay un largo camino por recorrer hacia el acceso universal a diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis en República Dominicana, el país deberá adaptarse a la transición del Fondo Mundial y usar todo lo aprendido en los últimos años para eliminar esta enfermedad.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.